Más "misas paralelas" y diálogos con mis monaguillos

Hace exactamente un año, publicábamos aquí un post titulado “Misas paralelas” y concelebración. Diálogos con monaguillos.

Se trataba de un texto donde reproducíamos una anécdota de nuestra capilla, donde celebramos, con permiso episcopal y diariamente, la Santa Misa según la forma extraordinaria del rito romano.

La cantidad de fieles que este modo de celebrar la eucaristía ha venido atrayendo, hizo que este año ampliásemos con esfuerzo el templo.

Ya casi terminada la reforma, nos decidimos celebrar la solemnidad de los fieles, el pasado 2 de noviembre, en el altar principal y en los laterales.

Dejamos aquí algunas fotos y la reproducción de aquel post que dio que hablar en su momento.

Que no te la cuenten…

P. Javier Olivera Ravasi,SE


«Misas paralelas» o concelebración. Diálogos con monaguillos

Dicen que dijo Enrique IV: “París bien vale una Misa”.

Pero la pregunta no es cuánto vale París, sino: “¿Cuánto vale una Misa?”.

El pasado 2 de noviembre, conmemoración de los fieles difuntos, como muchos sacerdotes del mundo, realicé mis tres misas en sufragio de las almas del Purgatorio.

Todas según el rito tridentino, “gregoriano”, “forma extraordinaria”, “tradicional” o como quieran llamarlo.

Era jueves y en sacristía, ante la tercer Misa del día:

- Padre: ¿para qué tres misas? –me preguntó un monaguillo que apenas ha tomado su primera comunión.

- ¡Porque hoy intentamos liberar almas del Purgatorio rezando por nuestros fieles difuntos, por eso!

- ¿Pero… no bastaría una?

- Es que el Sacrificio de la Cruz fue de una vez y para siempre, pero cada vez que celebramos el Santo Sacrificio, perpetuamos Su sacrificio, dando mayor gloria a Dios y pudiendo alcanzar más y mayores gracias de parte del Cielo. Por eso la gente encarga que se digan misas por sus difuntos.

- Ah…, respondió… Pero yo he visto que a veces varios sacerdotes hacen una sola misa.

- Sí…, claro…, eso se llama “concelebrar”; pero no se hace normalmente en este tipo de misas (me refería a las misas “tradicionales”). En la forma “ordinaria” del rito latino, veinte, treinta, mil sacerdotes si se quiere, pueden concelebrar.

- Ah…, pero cuando concelebran ¿cuántas misas hay?

- Tú ya sabes tu catecismo -le dije- ¿cuántas hay?

- Pues… ¡una sola! – me respondió.

- Exacto. ¿Y si un solo sacerdote celebra mil misas?

- ¡Pues mil, claro!

- Perfecto. ¿Y qué es mejor entonces? ¿que se celebren mil misas o un sola con mil concelebrantes?

- Pues… ¡que se celebren más misas!

El monaguillo se quedó pensando mientras me seguía revistiendo. En un momento fijo, mirándome me dijo con una lógica implacable:

- Pero entonces: ¿por qué algunos padres concelebran?

- Eh…, mmm…, bueno -le dije- quizás es para querer mostrar la unidad del presbiterio… ¡Pero vamos que empieza la Misa, que se hace tarde! –le respondí para salir del paso (si hubiese sido más grande, quizás le hubiese recomendado este librito).

Terminada la tercera misa y de nuevo en sacristía el diálogo continuó:

- Pero padre… ¿y cómo era eso de que había varias misas?

- ¡Claro! Antes podían celebrar más de dos sacerdotes a la vez.

- ¿Cómooooo? ¿Misas “paralelas”? –me dijo asombrado.

- Bueno…, más o menos. Cada sacerdote podía celebrar su propia misa, hablando bajito y asistido con un acólito. Por eso en varias iglesias hay muchos altares laterales. Esos altares eran (perdón, son) para que se celebre la Santa Misa, no para poner floreros o santos.

- ¿Y por qué acá en la capilla no lo hacemos?

- Ehhh…, ¡porque no tenemos por ahora más que un solo altar! –le respondí.

- ¡Pues preparemos uno!

Me quedé pensando y tenía razón.

*             *             *

El sábado -como todos los sábados por la tarde- una quincena de niños vienen a “monaguillado”: se reza un poco, juegan al fútbol, les damos una pequeña charla y a veces hasta cantamos las vísperas. Después, la Santa Misa con toda la solemnidad que podemos.

Aprovechando entonces este diálogo y gracias a que tengo un compañero sacerdote, preparamos un altarcito al costado del altar principal, colocamos una reliquia debajo y –previo explicarle a la gente que asistía a Misa- celebramos dos misas “en paralelo” para mostrar la importancia y la eficacia e importancia que posee el Santo Sacrificio del Altar.

Más misas, más gracias…

Terminaba el día y pensaba…: ¡Cuánto que hemos perdido!¡Cuánto que nos falta aprender!

Pero gracias a Dios, de la boca de los niños Dios a veces saca sus alabanzas…

Que no te la cuenten…

P. Javier Olivera Ravasi, SE

PD: Vale recordar algo que no pudimos conversar con nuestros monaguillos.

La Misa es una sola que se perpetúa a través de los siglos. Es lo que se dice en el n. 12-15 de Ecclesia De Eucharistia“La Iglesia vive continuamente del sacrificio redentor, y accede a él no solamente a través de un recuerdo lleno de fe, sino también en un contacto actual, puesto que este sacrificio se hace presente, perpetuándose sacramentalmente en cada comunidad que lo ofrece por manos del ministro consagrado. De este modo, la Eucaristía aplica a los hombres de hoy la reconciliación obtenida por Cristo una vez por todas para la humanidad de todos los tiempos. En efecto, «el sacrificio de Cristo y el sacrificio de la Eucaristía son, pues, un único sacrificio». Ya lo decía elocuentemente san Juan Crisóstomo: «Nosotros ofrecemos siempre el mismo Cordero, y no uno hoy y otro mañana, sino siempre el mismo. Por esta razón el sacrificio es siempre uno sólo […]. También nosotros ofrecemos ahora aquella víctima, que se ofreció entonces y que jamás se consumirá».

Por ello per se, el bien espiritual propio del sacrificio no disminuye, tanto en una Misa concelebrada como en una celebrada por un solo sacerdote. No puede disminuir por el acto: es uno solo el oferente y ofrecido: Jesucristo, el Señor, actuando por medio del sacerdote in persona Christi. Pero, el bien espiritual per accidens, es decir, en relación a nosotros, sí.

Y esto por dos cosas:

En relación con los fieles: porque el “sacrificio visible” y perpetuo es requerido por “la condición de los hombres” para que se “represente aquel sacrificio cruento que por una vez se había de hacer en la cruz…” (Concilio de Trento, Denz. 938; D.-S. 1740). No viendo ni oyendo a Cristo que padece por nosotros incruentamente en la Santa Misa; o viéndolo pocas veces, el bien espiritual disminuye quoad nos. Y esto por la condición hilemórfica del ser humano, pues no somos ángeles. 

En relación con el sacerdote, considero que también el bien espiritual se ve disminuido. Esto lo hemos visto en sacerdotes amigos y hasta en uno mismo: la concelebración –y cuanto más masiva es, más todavía– termina alejando al sacerdote de sus actos propios de sacrificador-víctima. No por nada (al menos es lo que hemos vivido) cuando sacerdotes no andan bien con su ministerio, dejan de celebrar Misa individualmente pero se animan a con-celebrar. Quizás (sólo quizás), quepa la analogía que trae el Aquinate en la III pars, q. 82, a.6, de “si vale más la misa de un cura malo que la de uno bueno”: “En lo que se refiere al sacramento, no vale menos la misa del sacerdote malo que la del bueno, porque uno y otro consagran el mismo sacramento. Ahora, en lo que se refiere a la oración que se hace en la misa se la puede considerar de dos maneras. Una, en cuanto que tiene eficacia por la devoción del sacerdote que ora. En cuyo caso no hay duda de que la misa de un sacerdote mejor es más fructuosa” (…)”.

Es una analogía; nada más.    

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03:23

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