Es poco jugar a dos barajas

Hay expertos en jugar con dos, tres, cuatro… n elevado a infinito barajas.

Son muchos los amigos que me dan su más sincera enhorabuena por lo que voy publicando. En privado, por supuesto. Alguno hay que se atreve, incluso, a mandar un “guasap". Alguno, solo alguno, porque un guasap se puede guardar y reenviar, y eso significa la posiblidad de airear el trasero. 

También los hay que, eso sí, muy tímidamente, dejan algún comentario en el blog, evidentemente con nick, no sea que se sepa lo que piensan. 

Otros me llaman, bastantes, por cierto, me cuentan, me dicen, me informan y hasta sugieren cosas para publicar, mientras se muestran horrorizados ante todo lo que está sucediendo. Dar la cara, nadie. Es más, llegas a una reunión y los mismos que en privado te han dicho A sobre un asunto, no es que callen, es que admiten en público B y hasta lo apoyan… 

Al final uno acaba llegando a una serie de conclusiones:

Primera. Que aquí el personal, los curas para entendernos, andan cambiando sus pantalones grises negros por un color que disimule mejor su incontinencia trasera. Vamos, que se lo hacen. No sé si por que las circunstancias sean de miedos y terrores ante la superioridad, cosa que me extrañaría en esta Iglesia que se presenta ante el mundo como madre de misericordia, o tal vez por tratar de quedar bien por si las moscas, cosa que me resulta comprensible en un sacerdote joven, pero no en un jubilado, y sigue pasando. 

Segunda, Que somos más complicados que misa de pontifical por el modo extraordinario, con más variedades de color que camaleón psicótico y un vestuario que ya quisiera para sí Celia Gámez, que nos lleva de la clásica sotana,  con filectata si fuera posible, clergyman común, tirilla con vaquero o camisa de cuadros, en dependiendo. 

Tercera. Que se apliquen el cuento los obispos y demás superiores. Los mismos que les pasan la mano por el lomo ya se la pasaron con idéntico frenesí al anterior, y al anterior del anterior… y eso que eran tan distintos. Los mismos que en público aplauden cada iniciativa u ocurrencia episcopal, en privado echan pestes. O peor, dependiendo de quein sea el interlocutor, cambian de opinión más que de chaqueta un antiguo falangista ahora diputado de Podemos. No se fíen.

Cuarta. Que todo cura que pudiera verse reflejado en estas previas condiciones, al ser descubierto, o al ponerle alguien de manifiesto su condición camaleónica, siempre tiene la misma respuesta: obediencia, fidelidad a la Iglesia y espíritu de colaboración con el obispo. 

No sé si me explico… Y no sé si creen que pasa. En laicos, en curas, en obispos… ¿También en obispos? 

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06:50

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