Dormir con el móvil



En las viejas novelas policiacas el móvil era siempre un dato fundamental de la investigación.
—Tenemos un sospechoso, Mr. Poirot, ¿pero cuál es el móvil?
El Inspector Macpherson, como es obvio, no se pregunta por el teléfono del criminal, sino por el motivo que le llevó a delinquir. Todavía hoy, cuando oigo pronunciar ese sustantivo, pienso en Hércules Poirot y en Miss Marple, que fueron los detectives favoritos de mi niñez.
Ahora el móvil ha cambiado de significado, aunque no mucho.
Según las encuestas el 56 por ciento de los adolescentes entre 15 y 18 años duermen habitualmente con su asesino, quiero decir con el móvil.
—¿Es cierto ese dato?
—No tengo ni idea; me lo acabo de inventar, pero por ahí deben de andar las cosas, a juzgar por lo que me cuentan mis amigos de esa edad, que por cierto son legión, como los diablos que llevaba dentro el endemoniado de Gerasa.
—¿Y qué hacen con el móvil por la noche?
—Sobre todo chatean.
—¿Toman chatos?
—No, querido amigo. Ya se ve que no estás al loro. En nuestros tiempos, en efecto, chatear era ir de bares para consumir chatos, potes o chiquitos, que de las tres formas puede decirse. Ahora, aunque la Academia no lo contemple todavía, significa cambiar mensajes guachapeando con amigos, colegas o desconocidos.
—¿Y de qué chatean a las tres de la mañana?
—Sospecho que no hablan de metafísica ni de las próximas elecciones generales. La noche y la cama no son una buena combinación para especular sobre cuestiones elevadas. Mi experiencia me dice que esas conversaciones nocturnas, en el mejor de los casos, son banales y prescindibles. Otras veces son pegajosas y guarrománticas. Y, desde luego, no contribuyen en nada al descanso ni a la paz del espíritu.
—Feo asunto. ¿Qué podemos hacer?
—De momento, que los padres tomen nota. Hay que promover una campaña para que los móviles se conviertan en inmóviles a partir de cierta hora.
—¿Y si los padres duermen con el móvil?
—Entonces estamos perdidos.
—¿Y tú no duermes con el móvil?
—Al contrario. El móvil me despierta cada mañana. Suena una melodía, y una voz metálica susurra: "Son las seis y cuarto".

03:11

Publicar un comentario

[facebook][blogger]

SacerdotesCatolicos

{facebook#https://www.facebook.com/pg/sacerdotes.catolicos.evangelizando} {twitter#https://twitter.com/ofsmexico} {google-plus#https://plus.google.com/+SacerdotesCatolicos} {pinterest#} {youtube#https://www.youtube.com/channel/UCfnrkUkpqrCpGFluxeM6-LA} {instagram#}

Formulario de contacto

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *

Con tecnología de Blogger.
Javascript DesactivadoPor favor, active Javascript para ver todos los Widgets