Me encanta el título de este libro




















Vengo del dentista. Un viejo puente (dental) de hace quince años muestra un leve y casi imperceptible movimiento. El buen y experimentado odontólogo ha movido el puente a ver si se despegaba. El ligero movimiento claramente se evidenciaba como insuficiente para ello. Insuficiente sin el riesgo de quebrar los dientes de debajo.

Esa escena me ha recordado a varios episodios sugeridos (nunca mostrados), en las películas, en los que el gordo y vulgar comisario soviético o el gélido oficial de las SS o el sonriente miembro del Frente Nacional de Liberación de Vietnam amenazaban con hacer algo del tenor de lo que yo estaba viviendo en ese momento. Al menos, los interrogadores amenazaban con hacer el trabajo pieza dental por pieza dental, no de ese modo todavía más impresionante que del que yo estaba siendo testigo en primera persona.

Lo de las películas nunca pasaba de las amenazas, pero yo allí estaba, aguantando mecha. Ni siquiera podía gritar que parara, que confesaría todo.

Tal vez todo esto me pase por haber criticado el artículo del obispo ese auxiliar de Kazajastán. Quizá por ser benévolo con otros ahora yo padezco un justo castigo. O tal vez esto me pasa por no haberme suscrito a la revista Piisimus X editado por el tradicionalismo de la estricta observancia. Aquella viejecita me amenazó con la ira divina si no me suscribía a su revista y ahora veo que tenía razón.

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10:31

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