agosto 2018


Lo pongo como muestra para que cunda el ejemplo. Se nota cuando uno ha sido pensado por un profesional y cuando solo ha habido buena voluntad.

Bueno, hoy unos vídeos graciosos para que os lo paséis bien.


Cada vez que haya un día eclesiásticamente plano en cuanto a las noticias, voy a tener que poner vídeos.

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Parece ser que algunas prostitutas quieren sindicarse y reivindicar el oficio, que resulta tópico calificarlo como el más antiguo del mundo, como un “trabajo sexual”, equiparable a cualquier otro trabajo. Incluso, el proyectado sindicato, o algunos de quienes lo apoyan, ofrecería cursos de iniciación y perfeccionamiento en la profesión: “Marketing para trabajadoras sexuales”, “Introducción al estigma Puta”, “Fondos y Planes de Ahorro”. Supongo que el proyecto incluiría también a los varones que trabajan en el mismo gremio. Que todo sea por la igualdad.

Hace años Gracita Morales interpretaba un tema, “Para llegar a vampiresa”, en la película “Operación cabaretera”, que podría entenderse irónicamente como una reivindicación de la necesidad de cultivar y formar, en beneficio de quien tiene cualidades, la capacidad de ejercer como mujer fatal y hasta mundana o pública. Frente a la vampiresa profesional, estaría la de la de calle, tal vez una buena mujer dispuesta a dejarse chulear por “su hombre” (“Si me pega me da igual, es natural”…), que cantaba Sara Montiel en “Es mi hombre”.

Estas dos referencias constituyen un botón de muestra. No se puede negar la inserción en nuestra cultura – hasta en la más popular - de todo lo que concierne a la prostitución. Pero que algo esté cultural e históricamente arraigado no dice nada a favor de su bondad o de su maldad, de su justicia o de su injusticia. El argumento de la “antigüedad” solo prueba que algo existe desde hace mucho tiempo. Pero ese “algo” puede ser bueno o malo. Puede ser una virtud o un vicio. Un comportamiento digno de aprecio o un crimen.

La prostitución, de mujeres o de hombres, no es algo bueno. La persona tiene dignidad y no precio. Ni se compra ni se vende. Y comprar o vender un cuerpo, o alquilarlo, es comprar o vender a una persona. Es algo que no resulta aceptable. No es igual, pero se asemeja un poco, a la venta de órganos.  La prostitución es una lacra social, un indicio de un mal muy serio.

La postura más tradicional ante esta lacra consiste en tolerarla. Los lugares donde se ejercía la prostitución se llamaban “casas de tolerancia”. Tolerar es, siempre, soportar un mal. Un bien no se tolera, un bien se promueve. Solo se tolera un mal; se aguanta cuando no se sabe cómo erradicarlo o cuando se cree que la erradicación de ese mal sería peor que el mal en sí mismo, porque traería consigo más graves consecuencias,  algo así como cuando se juzga que un remedio sería peor que la enfermedad.

Muchas legislaciones sobre la prostitución son tolerantes, en este sentido. La prostitución no está permitida legalmente, pero tampoco prohibida. Se prohíbe, si acaso, el proxenetismo. Se busca que al “chulo”, que ya no es una persona, sino una organización delictiva, no le salga del todo gratis. Pero ni la persona que se prostituye ni sus clientes serían, en principio, molestados.

Otras legislaciones, y otros modos de pensar, entre ellos los de quienes proponen el sindicato de trabajadoras sexuales, creen que eso de la tolerancia es lo mismo que la hipocresía. No hay nada que tolerar, nos cuentan. La prostitución, si es un oficio elegido libremente, en plan “vampiresa (-o) profesional”, ha de poder desempeñarse con total libertad y con todas las garantías: legales, sanitarias, sindicales, etc. Un trabajo más, una profesión más.

Aquí la lógica puede entrar y “argumentar” hasta el infinito. Todo, si se quiere, puede justificarse. Pero, si nos atenemos a la realidad de las cosas, y a la más extendida percepción de las mismas, no parece tan fácil esa justificación. No se puede fácilmente convertir en universal la siguiente afirmación: “La prostitución es un trabajo como otro cualquiera”. No lo es. Ni siquiera aunque fuese aceptado de modo voluntario.

Tiene, a mi modo de ver, toda la razón la filósofa Amelia Valcárcel cuando escribe: “El consentimiento no convierte en trabajos a una gran variedad de actividades. La prostitución no es ningún buen modelo de relación laboral, ni de relación entre hombres y mujeres. Si incluso lo tomáramos, por un instante, en serio ¿qué modelo de relación laboral sería? Uno que colisionaría frontalmente con nuestra normativa en materia de derechos laborales. ¿Habría que aceptar este trabajo cuando no apareciera uno preferido en primer lugar? ¿Tendría cursos de formación y reciclaje? Estas preguntas pueden provocar hasta una sonrisa, sin embargo, son severas y pertinentes. Los trabajos son así” (El País, 21-Mayo-2007).

Nadie, subjetivamente, querría que su madre o su hermana o su hija optasen por ser prostitutas. Ni tampoco su padre, su hermano o su hijo. Aunque los que promoviesen esa opción ofrecieran, como ofrecen, cursos de formación - parece que han leído (mal) a la profesora Valcárcel - .

La tercera opción legal, frente a la prostitución, es combatirla. También con prohibiciones. Si algo es un mal, se le combate si se cree que combatiéndolo, y no meramente soportándolo, se puede llegar más lejos en la erradicación de esa lacra.

Creo que toca pasar al combate. Ayudando a perseguir y erradicar un negocio muy rentable, que gira en torno a la prostitución, y que no trae nada bueno consigo. Sin olvidar que la pornografía y la prostitución son, esencialmente, lo mismo. Dos caras de la misma moneda. Eso sí, ambas muy lucrativas. Los únicos cursos a ofrecer serán, coherentemente, los de reciclaje: Nuevas oportunidades más conformes con la dignidad de la persona y con una sociedad que desea ser justa.

Guillermo Juan Morado.

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Sábado 01 de Septiembre de 2018
De la feria. Verde.
Santa María en sábado. Blanco.

Comienza el Mes de la Biblia.

Martirologio Romano: En la región de Nimes, de la Galia Narbonense (hoy Francia), san Egidio o Gil, cuyo nombre adopta la población que después se formó en la región de la Camargue y donde se dice que el santo había erigido un monasterio y acabado el curso de su vida mortal (s. VI/VII).

Antífona de entrada          Sal 85, 1. 3
Inclina tu oído, Señor, respóndeme; salva a tu servidor que en ti confía. Ten piedad de mí, Señor, que te invoco todo el día.

Oración colecta   
Señor Dios, que unes a tus fieles en una sola voluntad; concédenos amar lo que mandas y esperar lo que prometes, para que, en la inestabilidad del mundo presente, nuestros corazones estén firmes donde se encuentra la alegría verdadera. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

O bien:           de santa María en sábado
Dios nuestro, que entre los pobres y humildes elegiste a la Virgen María para ser la Madre del Salvador; concédenos que, como ella, podamos ofrecerte una fe sincera y pongamos sólo en ti la esperanza de nuestra salvación. Por nuestro Señor Jesucristo...

Oración sobre las ofrendas       
Señor, que en el sacrificio único de Cristo, te has adquirido un pueblo de hijos, sé bondadoso con nosotros y concede a tu Iglesia los dones de la unidad y de la paz. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión        Cf. Sal 103, 13-15
Señor, la tierra se sacia con el fruto de tus obras: el pan que sale de la tierra y el vino que alegra el corazón del hombre.

Oración después de la comunión
Padre nuestro, realiza plenamente en nosotros la obra de tu misericordia, y concédenos tu gracia para que podamos agradarte en todo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Lectura        1Cor 1, 26-31
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto.
Hermanos: Tengan en cuenta quiénes son los que han sido llamados: no hay entre ustedes muchos sabios, hablando humanamente, ni son muchos los poderosos ni los nobles. Al contrario, Dios eligió lo que el mundo tiene por necio, para confundir a los sabios; lo que el mundo tiene por débil, para confundir a los fuertes; lo que es vil y despreciable y lo que no vale nada, para aniquilar a lo que vale. Así, nadie podrá gloriarse delante de Dios. Por él, ustedes están unidos a Cristo Jesús, que por disposición de Dios, se convirtió para nosotros en sabiduría y justicia, en santificación y redención, a fin de que, como está escrito: “El que se gloría, que se gloríe en el Señor”.
Palabra de Dios.

Comentario
¿Pablo quiere hacernos creer con estas palabras que no necesitamos capacitarnos para trabajar por el Reino, o que no debemos buscar crecer como personas? Definitivamente, no; Pablo mismo da testimonio de que él es una persona formada y que, para la tarea, es preciso aprovechar el intelecto. Aún así, todos participamos de la pobreza ante la maravilla del Reino, de la gloria de Dios y del mismo Dios. Todo es nada frente a él.

Sal 32, 12-13. 18-21
R. ¡Feliz el pueblo que el Señor se eligió como herencia!

¡Feliz la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que él se eligió como herencia! El Señor observa desde el cielo y contempla a todos los hombres. R.

Los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles, sobre los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y sustentarlos en el tiempo de indigencia. R.

Nuestra alma espera en el Señor: Él es nuestra ayuda y nuestro escudo. Nuestro corazón se regocija en él: nosotros confiamos en su santo Nombre. R.

Aleluya        Jn 13, 34
Aleluya. “Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros, como yo los he amado”, dice el Señor. Aleluya.

Evangelio     Mt 25, 14-30
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.
Jesús dijo a sus discípulos esta parábola:
El Reino de los Cielos es como un hombre que, al salir de viaje, llamó a sus servidores y les confió sus bienes. A uno le dio cinco talentos, a otro dos, y uno solo a un tercero, a cada uno según su capacidad; y después partió.

En seguida, el que había recibido cinco talentos fue a negociar con ellos y ganó otros cinco. De la misma manera, el que recibió dos ganó otros dos; pero el que recibió uno solo hizo un pozo y enterró el dinero de su señor.

Después de un largo tiempo, llegó el señor y arregló las cuentas con sus servidores. El que había recibido los cinco talentos se adelantó y le presento otros cinco. «Señor, le dijo, me has confiado cinco talentos: aquí están los otros cinco que he ganado». «Está bien, servidor bueno y fiel, le dijo su señor; ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor».

Llegó luego el que había recibido dos talentos y le dijo: «Señor, me has confiado dos talentos: aquí están los otros dos que he ganado». «Está bien, servidor bueno y fiel; y  que respondiste fielmente en lo poco, te encargare de mucho mas: entra a participar del gozo de tu señor».

Llegó luego el que había recibido un solo talento. «Señor, le dijo, sé que eres un hombre exigente: cosechas donde no has sembrado y recoges donde no has esparcido. Por eso tuve miedo y fui a enterrar tu talento: ¡aquí tienes lo tuyo!» Pero el señor le respondió: «Servidor malo y perezoso, si sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido, tendrías que haber colocado el dinero en el banco, y así, a mi regreso, lo hubiera recuperado con intereses. Quítenle el talento para dárselo al que tiene diez, porque a quien tiene, se le dará y tendrá de más, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. Echen afuera, a las tinieblas, a este servidor inútil; allí habrá llanto y rechinar de dientes». 

Oración introductoria
Señor, gracias por los talentos que me has dado. No permitas que la apatía o el desánimo me lleven a enterrarlos o a utilizarlos para mi beneficio personal. Ilumina mi oración, permite que me acerque a Ti con confianza y con un corazón sincero, para desprenderme de mi voluntad y unirme más a la tuya.

Petición
Padre, ayúdanos a comprender que lo que se nos ha dado se multiplica dándolo. Es un tesoro que hemos recibido para gastarlo, invertirlo y compartirlo con todos.

Meditación

1.- Actitud productiva. En el evangelio de Mateo esta parábola de los talentos (o las minas) está situada después de la del criado fiel y de las diez vírgenes. A partir del versículo 31 del capítulo 25 se describe la parábola del juicio final que leeremos el próximo domingo, fiesta de Cristo Rey. Todas ellas tienen un carácter escatológico, pues describen lo que sucederá al final de los tiempos. Se nos pide una actitud de vela, de estar preparados. La parábola de los talentos nos enseña que además de la actitud de espera vigilante, es necesaria la actitud productiva, es decir dar frutos de buenas obras.

2.- Nos juzgarán sobre el modo en que hemos empleado los talentos recibidos. Por la fe nos fiamos de Jesucristo, le seguimos y dejamos que El transforme nuestra vida. Creer en Jesucristo es comprometerse en la construcción del Reino. No se trata, por tanto, de quedarse con los brazos cruzados o de cumplir una serie de normas cultuales o devocionales. El cristiano se distingue por lo que cree, por lo que celebra y por lo que vive. ¡Cuántas veces hemos esquivado el bulto, abandonando nuestro compromiso cristiano! ¡Que alguien actúe!, pero si todos decimos los mismo… Es más fácil contentarse con rezar, con no meterse con nadie, con cumplir el precepto dominical. Yo creo que al final de nuestra vida nos juzgarán sobre el modo en que hemos empleado los talentos que Dios nos ha dado. Es más fácil decir "yo no valgo", o "no tengo tiempo", o "no me atrevo", o "me da miedo". El evangelio de Mateo es duro con los temerosos, con aquellos que prefieren enterrar su talento.

3.- Lo primero que tenemos que hacer es descubrir nuestros talentos. Y lo digo en plural porque todos tenemos más de un don o carisma: inteligencia, palabra, espíritu de servicio, amabilidad, habilidad manual. ¿Cuáles son tus talentos? Después de reconocerlos hay que ponerlos en juego para bien de la comunidad. ¿Dónde soy necesario, qué servicio puedo prestar? Ahí está la llamada del Señor, Él cuenta contigo. Pero cuidado, no actúes por vanagloria, para que te vea la gente, por autocomplacencia. Muchas veces hay intenciones ocultas en nuestros actos. En nuestras comunidades cada cual está llamado a una misión según el carisma recibido. En ocasiones pretendemos desempeñar funciones para las que no estamos llamados, causando con ello más daño que beneficio. Si Dios no te ha dado el carisma del buen oído no te empeñes en cantar en el coro.

4.- Los dejó encargados de sus bienes; a cada cual según su capacidad. La parábola de los talentos es bastante clara y fácil de entender; lo importante es que cada uno de nosotros sepamos aplicarla a nuestra propia vida. Todos hemos nacido con unas cualidades y unas capacidades determinadas, después la vida nos ha dado a cada uno unas posibilidades distintas para realizar nuestras cualidades y nuestras capacidades. El Señor nos va a juzgar a cada uno según nuestras obras, pero teniendo siempre en cuenta nuestra capacidad real, las posibilidades reales que hemos tenido para hacer unas cosas u otras. Lo que no quiere el Señor es que seamos negligentes y holgazanes, como el siervo que recibió un solo talento, y que renunciemos, por cobardía o por miedo, a poner nuestras cualidades y capacidades al servicio del evangelio. Los talentos que tenemos son regalo de Dios, y Dios quiere que cada uno de nosotros pongamos a trabajar con dedicación y esfuerzo los talentos que Dios nos ha dado a cada uno. Si podemos llegar al diez, trabajemos para conseguir el diez y si sólo podemos llegar al cinco trabajemos para llegar al cinco, pero nunca renunciemos a dar todo lo que realmente podemos dar. Somos empleados de Dios, trabajemos para Dios, es decir, intentemos con todas nuestras fuerzas que el reino de Dios pueda realizarse en el mundo en el que Dios nos ha puesto a cada uno. Cada uno según nuestra capacidad.

Analiza tu jornada. ¿Qué has hecho hoy? ¿Qué cualidades han dado su fruto? ¿Cuántas veces has dejado sin hacer lo que debías?

Propósito
Señor, qué fácilmente olvido lo fugaz y lo temporal de esta vida. En vez de buscar multiplicar, en clave al amor a los demás, los numerosos talentos con los que has enriquecido mi vida, frecuentemente me dejo atrapar por el camino fácil de la comodidad o la ley del menor esfuerzo. Concédeme la gracia de saber reconocer y multiplicar los dones recibidos.

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Martirologio Romano: En la región de Nimes, de la Galia Narbonense (hoy Francia), san Egidio o Gil, cuyo nombre adopta la población que después se formó en la región de la Camargue y donde se dice que el santo había erigido un monasterio y acabado el curso de su vida mortal (s. VI/VII). 

La leyenda de san Gil (Aegidius), una de las más famosas en la Edad Media, procede de una biografía escrita en el siglo X. De acuerdo con aquel escrito, Gil era ateniense por nacimiento. Durante los primeros años de su juventud, devolvió la salud a un mendigo enfermo, en virtud de haberle cedido su capa, tal como había sucedido con san Martín. Gil despreciaba los bienes temporales y detestaba el aplauso y las alabanzas de los hombres, que llovieron sobre él, tras la muerte de sus padres, debido a la prodigalidad con que daba limosnas y los milagros que se le atribuían. Para escapar, se embarcó hacia el Occidente, llegó a Marsella y, luego de pasar dos años en Arles, junto a san Cesareo, se construyó una ermita en mitad de un bosque, cerca de la desembocadura del Ródano. En aquella soledad se alimentaba con la leche de una cierva que acudía con frecuencia y se dejaba ordeñar mansamente por el ermitaño. Cierto día, Flavio, el rey de los godos, que andaba de cacería, persiguió a la cierva y le azuzó a los perros, hasta que el animal fue a refugiarse junto a Gil, quien la ocultó en una cueva, y la partida de caza pasó de largo frente a ella, incluso los perros, que parecían haber perdido el olfato. Al día siguiente, se reanudó la cacería y la cierva fue nuevamente descubierta y perseguida hasta la cueva donde la ocultó el ermitaño y donde se volvía invulnerable. Al tercer día, el rey Flavio llevó consigo a un obispo para que presenciara el suceso y tratase de explicarle el extraño proceder de sus perros. En aquella tercera ocasión, uno de los arqueros del rey disparó una flecha al azar, a través de la maleza que cubría la entrada de la cueva. Cuando los cazadores se abrieron paso hasta la caverna, encontraron a Gil herido por la flecha y a la cierva echada a sus pies. Flavio y el obispo instaron al ermitaño para que diera cuenta de su presencia en aquellos parajes. Gil les relató su historia y, al escucharla, tanto el monarca como el prelado le pidieron perdón por haber alterado la paz de su soledad y el rey impartió órdenes para que fuesen en busca de un médico que le curase la herida de la flecha, pero san Gil rehusó aceptar la visita del doctor, no quiso tomar ninguno de los regalos que le presentaron los de la partida real y rogó a todos que le dejasen tranquilo en su solitario retiro.

El rey Flavio hizo frecuentes visitas a san Gil, y éste acabó por solicitar al monarca que dedicase todas las limosnas y beneficios que le ofrecía, a la fundación de un monasterio. Flavio se comprometió a hacerlo, a condición de que Gil fuese el primer abad. A su debido tiempo, el monasterio se levantó cerca de la cueva del ermitaño, se agrupó una comunidad en torno a Gil, y muy pronto la reputación de los nuevos monjes y de su abad llegó al oído de Carlos, rey de Francia (a quien los trovadores medievales identificaron con Carlomangno, aunque resulta anacrónico). La corte mandó traer a san Gil a Orléans, donde se entretuvo largamente con el rey en profunda charla sobre asuntos espirituales. Sin embargo, en el curso de aquellas conversaciones, el monarca calló una gravísima culpa que había cometido y le pesaba sobre la conciencia... «el domingo siguiente, cuando el ermitaño oficiaba la misa y, según la costumbre oraba especialmente por el rey durante el canon, apareció un ángel del Señor que depositó sobre el altar un rollo de pergamino donde estaba escrito el pecado que el monarca había cometido. En el pergamino se advertía también que aquella culpa sería perdonada por la intercesión de Gil, siempre y cuando el rey hiciese penitencia y se comprometiese a no volver a cometerla ... Al terminar la misa, Gil entregó el rollo de pergamino al monarca, quien, al leerlo, cayó de rodillas ante el santo y le suplicó que intercediera por él ante Dios. A continuación, el buen ermitaño se puso en oración para encomendar al Señor el alma del monarca y a éste le recomendó, con dulzura, que se abstuviese de cometer la misma culpa en el futuro». Después de aquella temporada en la corte, san Gil regresó a su monasterio y, al poco tiempo, partió a Roma para encomendar sus monjes a la Santa Sede. El Papa concedió innumerables privilegios a la comunidad, y al monasterio le hizo el donativo de dos portones de cedro tallados con primor. A fin de poner a prueba su confianza en Dios, san Gil mandó arrojar aquellas dos puertas a las aguas del Tiber, se embarcó en ellas y, con viento propicio, navegaron por el Mediterráneo hasta las costas de Francia. Recibió una advertencia celestial sobre la proximidad de su muerte y en la fecha vaticinada, un domingo l de septiembre, «dejó este mundo, que se entristeció por la ausencia corporal de Gil, pero en cambio, llenó de alegría los Cielos por su feliz arribo».

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OFICIO DE LECTURA - SABADO DE LA SEMANA XXI - TIEMPO ORDINARIO
De la Feria. Salterio I. 30 de agosto



SEGUNDA LECTURA

De las Homilías de san Juan Crisóstomo, obispo, sobre el evangelio de san Mateo

(Homilía 50, 3-4: PG 58, 508-509)

AL ADORNAR EL TEMPLO, NO DESPRECIES AL HERMANO NECESITADO</span>

    ¿Deseas honrar el cuerpo de Cristo? No lo desprecies, pues, cuando lo contemples desnudo en los pobres, ni lo honres aquí, en el templo, con lienzos de seda, si al salir lo abandonas en su frío y desnudez. Porque el mismo que dijo: Esto es mi cuerpo, y con su palabra llevó a realidad lo que decía, afirmó también: Tuve hambre y no me disteis de comer, y más adelante: Siempre que dejasteis de hacerlo a uno de estos pequeñuelos, a mí en persona lo dejasteis de hacer. El templo no necesita vestidos y lienzos, sino pureza de alma; los pobres, en cambio, necesitan que con sumo cuidado nos preocupemos de ellos.
    Reflexionemos, pues, y honremos a Cristo con aquel mismo honor con que él desea ser honrado; pues, cuando se quiere honrar a alguien, debemos pensar en el honor que a él le agrada, no en el que a nosotros nos place. También Pedro pretendió honrar al Señor cuando no quería dejarse lavar los pies, pero lo que él quería impedir no era el honor que el Señor deseaba, sino todo lo contrario. Así tú debes tributar al Señor el honor que él mismo te indicó, distribuyendo tus riquezas a los pobres. Pues Dios no tiene ciertamente necesidad de vasos de oro, pero sí, en cambio, desea almas semejantes al oro.
    No digo esto con objeto de prohibir la entrega de dones preciosos para los templos, pero sí que quiero afirmar que, junto con estos dones y aun por encima de ellos, debe pensarse en la caridad para con los pobres. Porque si Dios acepta los dones para su templo, le agradan, con todo, mucho más las ofrendas que se dan a los pobres. En efecto, de la ofrenda hecha al templo sólo saca provecho quien la hizo; en cambio, de la limosna saca provecho tanto quien la hace como quien la recibe. El don dado para el templo puede ser motivo de vanagloria, la limosna, en cambio, sólo es signo de amor y de caridad.
    ¿De qué serviría adornar la mesa de Cristo con vasos de oro, si el mismo Cristo muere de hambre? Da primero de comer al hambriento y luego, con lo que te sobre, adornarás la mesa de Cristo. ¿Quieres hacer ofrenda de vasos de oro y no eres capaz de dar un vaso de agua? Y, ¿de qué serviría recubrir el altar con lienzos bordados de oro, cuando niegas al mismo Señor el vestido necesario para cubrir su desnudez? ¿Qué ganas con ello? Dime si no: Si ves a un hambriento falto del alimento indispensable y, sin preocuparte de su hambre, lo llevas a contemplar una mesa adornada con vajilla de oro, ¿te dará las gracias de ello? ¿No se indignará más bien contigo? O si, viéndolo vestido de andrajos y muerto de frío, sin acordarte de su desnudez, levantas en su honor monumentos de oro, afirmando que con esto pretendes honrarlo, ¿no pensará él que quieres burlarte de su indigencia con la más sarcástica de tus ironías?
    Piensa, pues, que es esto lo que haces con Cristo, cuando lo contemplas errante, peregrino y sin techo y, sin recibirlo, te dedicas a adornar el pavimento, las paredes y las columnas del templo. Con cadenas de plata sujetas lámparas, y te niegas a visitarlo cuando él está encadenado en la cárcel. Con esto que estoy diciendo, no pretendo prohibir el uso de tales adornos, pero sí que quiero afirmar que es del todo necesario hacer lo uno sin descuidar lo otro; es más: os exhorto a que sintáis mayor preocupación por el hermano necesitado que por el adorno del templo. Nadie, en efecto, resultará condenado por omitir esto segundo, en cambio, los castigos del infierno, el fuego inextinguible y la compañía de los demonios están destinados para quienes descuiden lo primero. Por tanto, al adornar el templo, procurad no despreciar al hermano necesitado, porque este templo es mucho más precioso que aquel otro.

Responsorio     Mt 25, 35. 40; Pr 19, 17

R.</span> Tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis. * Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.
V. Quien se apiada del pobre presta al Señor.
R. Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.

Oración

Señor Dios, que unes en un mismo sentir los corazones de los que te aman, impulsa a tu pueblo a amar lo que pides y a desear lo que prometes, para que, en medio de, la inestabilidad de las cosas humanas, estén firmemente anclados nuestros corazones en el deseo de la verdadera felicidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.</span>

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Reproducimos aquí, en parte, un interesante artículo de Christopher Fleming (converso del ateísmo/protestantismo) que nos puede servir como reflexión para quienes intentamos mantener viva la llama de la tradición.

Que no te la cuenten…

P. Javier Olivera Ravasi

 

 

La Tradición que nunca se perdió

 

Este verano, como todos los años, he ido con mi familia a la casa de mi madre en Francia (…).

En España una de las características de los grupos de la Misa tradicional es una actitud beligerante frente a todos los que piensan de otro modo. Es comprensible que esto sea así, porque cuando la gente vive en minoría, rodeada por la incomprensión y a menudo se convierte en el blanco del escarnio de los demás, es difícil mantener una disposición amable. Es comprensible pero lamentable, porque cuando una persona de buena voluntad se acerca a la Misa tradicional y recibe un rebufo de algún exaltado tradi, es muy posible que nunca vuelva. Si tuviéramos en cuenta que lo importante es salvar almas, no ganar discusiones, seríamos mucho más pacientes y amables. Conozco a católicos que sienten repulsión hacía la Tradición por culpa del recibimiento de algunos tradicionalistas. Deberíamos estar más abiertos a gente nueva, más hospitalarios en nuestros lugares de culto. Por prudencia no deberíamos hablar de temas polémicos a la salida de Misa. ¿Por qué no podemos ser “normales”, y hablar de lo que todo el mundo habla: el trabajo, la familia, la salud, el tiempo, etc? Dejemos los debates sobre las conspiraciones judeo-masónicas para reuniones privadas en casa de amigos (…).

Otra característica desagradable de algunos grupos tradicionales es la falta de sentido de comunidad. Deberíamos cultivar más los lazos de caridad entre nuestros hermanos en la fe, ayudar a los que tienen dificultades, acompañarles cuando se les muere un ser querido, estar pendientes de ellos. Así, tal y como escribe San Juan, viendo el amor que nos tenemos, las almas que buscan la Verdad se quedarían entre nosotros y la Tradición tendría cada día más seguidores. Incluso recuerdo a una familia que me dijo que iban a la Misa tradicional A PESAR de los fieles tradicionalistas, que en cuatro años nunca se dignaron a aceptarles en su círculo, ni invitarles a sus eventos. Eso no es caritativo; eso no es católico.

Naturalmente los grupos tradicionalistas en España tienen cosas buenas, no todo es negativo. Lo que escribo va dirigido a mí mismo también; todos tenemos que esforzarnos por ser mejores. Pero las veces que he hablado de este tema con los españoles, lo suelen achacar a diferencias culturales y temperamentales entre los países. “Los españoles somos así”, dicen. No lo creo. La razón por la que en España la Tradición se vive con poca naturalidad, por la que las capillas tradicionalistas a menudo parecen cuevas de friquis, es porque hubo una interrupción. Algo murió. Es como si un hermoso bosque de robles centenarios se taló de un día para otro, y ahora en ese páramo sólo hay tocones y unos pocos retoños. Precisamente son estos retoños que nos permiten albergar la esperanza de que un día volveremos a ver un bosque, pero nos toca sufrir durante muchos años las consecuencias de tan catastrófica tala.

En Francia nunca se perdió la Tradición. Miles de familias, siguiendo a Monseñor Lefebvre, se aliaron durante y después del Concilio para preservar la liturgia y la doctrina católicas. Al separarse de la iglesia modernista, también lograron preservar un modo de vida que en otros lugares ha muerto. Allí he visto como familias enteras, abuelos, hijos y nietos, viven con perfecta naturalidad la Tradición Católica, porque NO HAN CONOCIDO OTRA COSA. Para ellos es tan natural como respirar. Parecen hobbits que continúan viviendo en sus aldeas idílicas, como si Sauron no existiera, protegidos de los orcos (…).

Para que el lector entienda de lo que hablo, pintaré un par de escenas. Una familia de la Fraternidad que vive en el mismo pueblo que mi madre nos invita a merendar en su casa. Su jardín nos indica que se alimentan en gran parte de lo que cultivan; tienen árboles frutales y un huerto amplio y se oyen gallinas. Nos recibe el padre que está fuera cortando leña para el invierno. Al entrar en su casa vemos que no hay lugar para lujos ni ostentación. Es un hogar muy humilde, decorado con cuadros y estatuas religiosas. La gran mesa del salón está cubierta de libros abiertos; la madre nos explica que estaba preparando las clases del curso siguiente. Todos los niños son educados en casa, porque el colegio de la Fraternidad está lejos y no tienen dinero para pagar gastos de transporte y alojamiento. Nos ofrecen una deliciosa tarta hecha con las frambuesas de su huerto y nos regalan un tarro de miel hecha con sus abejas. La madre nos dice que el domingo no nos verán en Misa porque se van de vacaciones a visitar a sus dos hijas. Preguntamos donde viven y la respuesta nos sorprende gratamente: son monjas que viven en una casa de retiros espirituales. Las niñas van vestidas de una forma muy simple pero modesta. Una de ellas está estudiando costura y hace su propia ropa y la de sus hermanas y sobrinas pequeñas.

La segunda escena es del día de la Asunción. Tras la Misa los fieles nos trasladamos a una capilla perdida en el campo, propiedad de la Fraternidad. Allí, en los jardines aledaños, se ponen mesas para un picnic, pero antes de sentarse a comer se ofrece a los adultos un aperitivo, el Pineau, una bebida derivada de la uva del Cognac. Tras el picnic todos entramos a la capilla para cantar vísperas y luego tiene lugar una procesión solemne por los campos de trigo en honor de la Virgen. Al volver a la capilla, para finalizar los actos, el sacerdote hace la bendición con el Santísimo. Todos, niños, padres y ancianos, cantan, procesan, se arrodillan y a pesar del calor sofocante no se oye una sola queja. Al ser un país laico tienen que hacer la procesión en medio de ninguna parte, porque saben que las autoridades nunca les darían permiso. Sin embargo, la enemistad del estado ha podido incluso beneficiar a la Tradición, si comparamos su situación con la de España. Aquí todos los políticos salen en procesión en Semana Santa y ninguno quiere perderse las fiestas patronales en honor del santo de turno. La experiencia nos ha enseñado que tener un estado que finge neutralidad, que “colabora” con la Iglesia, cuando legisla en contra de Dios con cada oportunidad, adormece a muchos católicos.

El peligro de los tradicionalistas franceses es la complacencia. Los hobbits que viven a gusto en su aldea pueden pensar que su bosque está eternamente a salvo de los orcos. De hecho, algunos me hablaron de una cierta relajación entre las familias tradicionalistas en Francia. Al menos en España, al ser tan pocos, es muy difícil relajarse. ¡Desesperarse sí, pero relajarse no! Personalmente, lo más valioso de mis vivencias en Francia es ver como se debería vivir la Tradición. Nosotros estamos intentando resucitar una lengua muerta para utilizarla en nuestro día a día. Es una tarea ardua y estamos aún aprendiendo a dominarla, como el que se apunta a una academia de idiomas con 30 años. Los tradicionalistas franceses nunca dejaron de hablar la lengua de la Tradición, y la hablan como un niño habla su lengua materna.

Christopher Fleming

Fuente: Adelante la Fe

 


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Los viajes en avión dan para mucho. O para poco. Depende siempre de cómo se lo tome uno. Si se va dispuesto a no abrir la boca, todo es sencillo: se sienta uno al llegar a su sitio, y se levanta al aterrizar. Simple.

Pero si va dispuesto a hablar con todo el que se le cruce, con los que tiene más cerca, con los que le parecen más raros o exóticos, después de saludar cortesmente al personal que atiende al pasaje, como es natural y educado, pues no va a parar en todo el trayecto, por largo que sea. Y es cierto que, a veces, se hacen amistades que duran incluso años. O han dado pie para confesiones y hasta para conversiones (en sus inicios, al menos).

Personalmente, los viajes en avión me producen repelús; y me dan para ir rezando todo el rato, por largo que sea el trayecto. Y mi método no me cansa para nada. Incluso a veces ha dado para que algún que otro viajero me pregunten cosas personales mías o me hablen de las de ellos, al verme tan ” centradamente piadoso".

Al Papa los viajes en avión le pone parlanchín: se anima, y no hay trayecto en el que no salga a la palestra para dialogar, a micrófono abierto, con el personal que le ha acompañado, especialmente los periodistas que cubren el evento. Lógicamente, los diálogos son más jugosos en el avión de vuelta que en el de ida. Y este Papa nos tiene acostumbrados a no defraudar nunca.

En el de vuelta de Dublín, como ya es habitual, le preguntan muchas cosas: desde el mismo encuentro de las familias, hasta la declaración pública en su contra de mons. Viganó, pasando por el tema del aborto y otros más. A unos temas entró más que a otros…; lo cual es lógico y esperable.

Personalmente, lo que más me ha “chocado” del Santo Padre al contestar una pregunta sobre el aborto, han sido dos cosas.

Una, que el aborto es “matar” a “un ser vivo”; la segunda, que “el aborto no es un tema religioso, sino antropológico”: o sea, que no hay que entrarle desde el lado religioso, sino desde el lado “humano", por decirlo de algún modo. Y las dos cosas, repito, me han chocado sobremanera. Y me explico.

Obviamente, el aborto es “matar"; y solo se puede matar a “algo” -"un ser vivo", animal o planta como mínimo; además de a una persona, claro- que está “vivo": si el “ser vivo” o el “algo” está muerto no se le puede ni matar; como tampoco se puede matar una “cosa": a un botijo, por ejemplo.

Pero claro, en el tema del aborto “olvidarse” que estamos hablando en el contexto del EMF en el que claramente se refiere uno al aborto de un modo específico y unívoco: cuando una mujer está embarazada y, decidiendo no seguir adelante con el embarazo, se va a una “clínica” para que se lo maten. Y se lo matan: así están las “leyes". Y la mujer automáticamente deja de estar embarazada.

Eso sí, al precio de haberse cargado con otras cosas mucho peores. Que lo ha hecho: tanto si es consciente de ello como si no, lo admita o no, le remuerda la conciencia o no. Ella, la madre, con todos los que la han jaleado y ayudado para hacer tal cosa; que, si son católicos y sabían de la pena canónica correspondiente, quedan todos excomulgados, y no pueden acercarse a recibir ningún Sacramento, salvo en peligro de muerte, mientras no se les levante la excomunión.

En este contexto, “reducir” el aborto a “matar a un ser vivo"…, pues ¡qué quieren! Vamos, que es como decir que es matar un pollo o un conejo. Y no: para qué nos vamos a engañar.

Me ha traido el recuedo de aquella celebérrima ministra del simpar Zapatero -bueno, eso creía yo, pero el amigo Sánchez lo está dejando ridiculamente pequeñito-, que hablando de una señora que embarazada, afirmó que lleva en su seno “un ser vivo, sí", pero -añadió, y esto es lo que la ha hecho mundialmente famosa- “no es humano". ¡Toma ya nísperos! El Santo Padre no ha llegado a esto, pero da la impresión de que ha querido ser lo más políticamente correcto posible; y quizá lo haya conseguido… O no. Por cierto, este “lenguaje” o esta “semántica” es propia de todo el personal que está a favor del aborto por razones ideológicas. O de las personas que les han dejado a ellos el uso y abuso de la tal “semántica": “¡que inventen ellos!", o así.

Exquisitez que se le debió pasar por alto -desconozco el motivo-, con el tema de los niños inducidos a ser homosexs desde pequeñitos, que es como parece que todo es más fácil que arraigue -incluido el cambio de sexo, pues se está en ello también-; dado lo fácil que aceptan lo que se les dice sin discernir -vease el caso de los abusos homosexs obrados por eclesiásticos de pelaje arcoiris y/ asimilados-, y tuvo el “desliz” de nombrar con total naturalidad la palabra “psiquiatra": y se la han montado buena… no solo los del “mundillo” sino también los propios de su entorno; o él mismo.

Tan buena -y tal parece- que sus propios “portavoces” -si de común acuerdo con el Papa, o por imposición de éste, o por iniciativa personal de ellos o por qué- en la transcripción del texto oficial de su encuentro con los periodistas en el avión, han cortado por lo sano y le han quitado al Papa la “palabrita". Vamos: que le han cortado el micro y lo han dejado mudo. ¡Que ya hay que tener…!, o ser muy humilde y obediente. Pero la chapuza, por decirlo suavemente, es de órdago.

¡Lo que hay que hacer -y tragar- para ganarse el pan! ¡O lo que hay que mandar para deshacer un entuerto monumental, más falso que Judas, por otra parte, o clasificado intencionalmente como tal, porque no lo hay: a toda la gente de a pié -la gente normal y corriente no comprometida, claro, con la ideología multicolor-, le pareció tan acertada como necesaria la referencia.

Sigamos con la exposicón.

Lo segundo es mucho más grave, en mi opinión: ¡que no es un tema “religioso” en primer lugar, sino “antropológico"! Y aquí he de reconocer que me he perdido, y no lo he pillado ni a la de tres: ¡se me hace incomprensible que la Iglesia no pueda entrarle al tema como primera concernida por ser un tema ¡antropológico! Y como tal hay que tratarlo. Y punto. 

Y, ¿entonces? 

Entonces, las preguntas son muchas porque las incógnitas levantadas tan gratuitamente con tal afrimación son enormes.

En primer lugar: ¿el tema del calentamiento global, de la economía, de la inmigración, de la pobreza, del agua y otros tales sí son, en primer lugar y por lo directo, un problema “religioso” que sobrepasa con mucho cualquier connotación antropológica?

Si el aborto es un pecado gravísimo, tan grave que la misma Iglesia, que es Madre, impone la pena de excomunión a quien procura directamente un aborto, ¿lo hace primero para “defender la antropología” y ya luego entre desde lo religioso?

¿El mandato de Dios, “no matarás", hay que verlo después -y solo después- y en el horizonte de lo que dice “antes” la antropología? Mas parece que los Mandamientos de la Ley de Dios son más de veinte siglos anteriores al nacimiento de la antropología, por poner un poner; entonces, ¿cómo la Iglesia ha osado entrerle al tema del aborto sin esperar 2000 años a la antropología? ¡Y con pena de excomunión y todo! ¡Qué disparatón", ¿o no?

Así podría seguir, pero, ¿para qué? Creo que con esto hay más que suficiente, y el tema -que no la persona del Papa y sus intenciones- está bien servido..

Si en esas palabras faltó exqusitez verbal -o intencional- en el primer caso, en el segundo sobró por mucho. Pero lo dicho, dicho está, aunque se pueda borrar en las transcripciones; acto que demuestra que, como mínimo, algo se ha hecho muy mal, agrandado por la pretensión de taparlo con tan malas mañas y artimañas.

Pero, vamos: todo normal. Y ya nos vamos hasta “acostumbrarnos” o parecido. O no..

Rezad por mí.

Amén.

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Si la libertad es posibilidad de amar y el amor es el ejercicio correcto de la libertad, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que “el Cielo son los otros”
En un lugar de esta tierra de cuyo nombre no quiero acordarme, una persona cuyo rostro he olvidado me describió el otro día un programa de televisión cuyo título sí retuve aunque intentaré no recordar: First Dates
Lo vino a definir como una feria de los egoísmos más burdos, en que se ponen en contacto dos personas que se dedican a buscar un apéndice para sus vidas, un títere que les acepte sin pretender de ellos ningún esfuerzo, mucho menos algo que lejanamente se parezca al amor.

Este comentario divertido en una comida de amigos me trajo a la memoria una frase que se ha convertido en un lugar común aceptado acríticamente en la concepción actual de la libertad: “mi libertad termina donde la de los demás empieza”. 
Se trata de una visión individualista de la libertad humana que, como afirma Bellamy, considera la sociedad como una yuxtaposición de libertades en la que las libertades de los demás se presentan como una amenaza constante a la mía. 
Ciertamente, si mi libertad termina donde comienza la de los otros, la convivencia en sociedad es un juego de suma cero (cuando uno gana, otro pierde) en el que, cuanta más libertad tienen los que me rodean, menos tengo yo y viceversa, de modo que he de estar siempre atento a defender mi propia parcela de libertad, no vaya a ser menoscabada por la libertad ajena.
Con esta percepción, no extrañará a nadie la conocida locución latina “homo homini lupus” (el hombre es un lobo para el hombre), que acuñó Plauto y popularizó Hobbes en su conocida obra De Cive. Esta visión egoísta, escéptica y desconfiada de la libertad humana llegaría a su paroxismo con la célebre y durísima acusación de Jean-Paul Sartre: “el infierno son los otros”, pues “los otros” son, en efecto, para el filósofo, quienes me desplazan a “mí” del centro del universo que yo pensaba había sido creado para mí y solo para mí.
A Plauto le contestó Séneca, cuando, en sus Cartas a Lucilo, afirmó que “el hombre es sagrado para el hombre”, y a Hobbes y Sartre les ha contestado mucha gente, pero la profecía existencialista de este último ha seguido ejerciendo una nefasta influencia en las relaciones interpersonales. El programa First Dates es un buen ejemplo: la felicidad consiste en encontrar a alguien que se convierta en algo, es decir, que no amenace con sus personales pretensiones de felicidad mi pequeño mundo personal ni coarte un ápice mis propios anhelos y deseos.
Como contrapunto a la frase de Sartre, leí hace un tiempo en un librito titulado El poder de la belleza, escrito por Magdalena Bosch, una bellísima definición de libertad: “la libertad es posibilidad de amar, y el amor es la realización de la libertad”. Es más sencillo de explicar de lo que parece: la razón última por la que tenemos libertad es poder amar. Sin libertad no hay amor. Los autómatas no pueden amar. Solo aman los seres libres. 
Pero, claro, al ser libres podemos amar u odiar. Sin embargo, solo el amor es el fin, el destino de la libertad y solo en él puede ser realizada. La tenemos para eso, para amar, aunque podamos utilizarla para lo otro, para odiar. Lo mismo sucede con un hacha: es posibilidad de leña cortada (y esa fue la finalidad del que lo hizo), pero también puede matar a una persona.
Por lo tanto, si la libertad es posibilidad de amar y el amor es el ejercicio correcto de la libertad, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que “el Cielo son los otros”. Cuanto más ejerzamos nuestra libertad amándolos a ellos y no a nosotros mismos, más libres seremos. Solo así se puede amar para siempre y pase lo que pase. Solo así las First Dates se pueden transformar en Lifetime Dates. Pero, claro, sucede que amar a mi mujer, a mis hijos, a mis amigos exige un cierto olvido de mí mismo, y eso ya cuesta más.
A lo que iba: no es cierto que mi libertad termine donde comienza la de los otros. ¡Los otros son mi libertad! Y es amándolos como mejor la ejerzo. Si se contempla la libertad de esta manera, la convivencia se transforma en un juego de suma positiva y mi libertad comienza, en realidad, donde también empieza la de los otros. Cuanto más la ejerzo (amando) más la procuro a los demás; y cuanto más libres son los otros (amando) más libre me hacen a mí porque, como es sabido, el amor alimenta al amor.
Y acabo ya, que me voy a mi Date, que sigue siendo First después de… ¡34 años!
Javier Vidal-Quadras, en javiervidalquadras.com. / almudi.org
Juan Ramón Domínguez Palacios
http://enlacumbre2028.blogspot.com.es

“Este pueblo me honra con los labios pero su corazón...” He aquí un severo llamamiento a la honestidad con Dios, a no tranquilizar la conciencia con el cumplimiento de unas prácticas cuyo contenido se ha olvidado. 
Es como si Jesús dijera: este pueblo me miente. Toda acción humana arranca del corazón, pero -si está manchado- el hombre entero y su actuación quedan manchados.
¡Cuántas fiestas que celebramos y que tienen un origen cristiano se han convertido para algunos en una fiesta en la que Dios está ausente! La Navidad, la Semana Santa y la Pascua, los Domingos... ¿no son con frecuencia un tiempo para disfrutar de unas vacaciones en la nieve o la playa, de diversiones en las que el sentido religioso se ha diluido? 

¡En cuántas ocasiones también la actuación diaria en la familia y el lugar de trabajo está manchada por la envidia, la ambición, la impaciencia, los malos modos, la egolatría! Las obras externas quedan marcadas por la intención con que se hacen. Jesús recuerda que hay que comenzar por purificar el corazón, pues de él proceden “los malos propósitos, las fornicaciones, robos..., esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro”.
¿Dónde está mi corazón habitualmente? ¿Qué es lo que de verdad me mueve y busco con empeño en mi actuación? ¿Voy exclusivamente a lo mío o procuro orientar todo mi quehacer a Dios como el verdadero bien mío? Hay quien piensa que esta rectitud es imposible de vivir en una sociedad tan competitiva y tan poco escrupulosa con los principios morales. ¡La vida obliga a tantas cosas que no se desean pero que hay que asumir si quieres que te acepten, por no dar un disgusto o, incluso, en aras de un mal menor! ¡Si vas de bueno por la vida te comen; o no te comes una rosca, suele decirse!
La tentación más fuerte contra la sinceridad de vida suele tomar ocasión de los cambios o de los choques que se producen a diario. Crisis afectivas, desengaños, fracasos profesionales... Detrás de una de estas cosas que suelen tener un fundamento objetivo, podría resultar difícil reconocerse a sí mismo como el de antes y concluir que nuestra vida está fundada sobre presupuestos falsos o, al menos, que no son prácticos en nuestro mundo. La tentación entonces de abandonar “todo escrúpulo moral” es grande.
No hay que perder la sensatez y, menos aún, la fe en Dios y en sus indicaciones. La veracidad que Dios nos pide se va logrando con una lucha constante y esperanzada y mediante la purificación del corazón en el Sacramento de la Reconciliación, porque una cosa es la sinceridad y otra la pecabilidad propia de la debilidad humana. “Dejarlo todo porque se dejó una cosa, enseña S. Josemaría Escrivá, es absurdo, no conduce a nada. Es la lógica de un loco”.
Lectura del santo Evangelio según san Marcos (Mc 7, 1-8.14-15.21-23)

En aquel tiempo, se reunieron junto a Jesús los fariseos y algunos escribas venidos de Jerusalén; y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos. (Pues los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos, restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y al volver de la plaza no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas).
Y los fariseos y los escribas le preguntaron:
«¿Por qué no caminan tus discípulos según las tradiciones de los mayores y comen el pan con manos impuras?».
Él les contestó:
«Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito:
"Este pueblo me honra con los labios,
pero su corazón está lejos de mí.
El culto que me dan está vacío,
porque la doctrina que enseñan
son preceptos humanos".
Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres».
Llamó Jesús de nuevo a la gente y les dijo:
«Escuchad y entended todos:
nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre.
Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los pensamientos perversos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, malicias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro».

Juan Ramón Dominguez Palacios
http://lacrestadelaola2028.blogspot.com/</span>


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Ambas transmisiones comenzarán en torno a las 9,45 horas (UTC/GMT +2 horas).
La Misa de la Jornada Mariana de la Familia y la ordenación presbiteral podrán seguirse en directo desde:
La transmisión del sábado comenzará en torno a las 10,00 y la del domingo a las 9,45 horas (UTC/GMT +2 horas).


Sábado. Jornada Mariana de las Familias

El sábado 1 de septiembre se celebrará en el Santuario de Torreciudad la 28ª edición de la Jornada Mariana de la Familia, un evento de tono festivo dirigido a familias de toda España y centrado en la devoción a la Virgen María. Este año la presidirá el prelado del Opus Dei, Mons. Fernando Ocáriz.
El sitio web de Torreciudad ha publicado el programa y la información práctica.

Domingo. Ordenación sacerdotal

El obispo de Cuenca, Mons. José María Yanguas Sanz, conferirá la ordenación sacerdotal a tres diáconos de la Prelatura en el Santuario de Torreciudad (Huesca).
A las 10:00 h. de la mañana comenzará la ceremonia en la que serán ordenados Gabriel Robledillo Amezcua, Francisco Javier Pérez León y Emanuel de Jesús Estrada Canizales.
El Prelado del Opus Dei, Monseñor Fernando Ocáriz, participará en la ceremonia desde el presbiterio. Los nuevos presbíteros también estarán acompañados por numerosos familiares, amigos y colegas.
Fuente: opusdei.org. / almudi.org
Juan Ramón Domínguez Palacios
http://lacrestadelaola2028.blogspot.com

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En esta vida no todo son malas noticias. Lo primero y más importante es que mi sinusitis ha evolucionado de forma satisfactoria. Ahora ya solo es una leve nube de verano. Una nube de verano en mis senos paranasales. Es cierto que fue una tormenta de verano y que me tuve que refugiar en Urgencias un día hasta que escampó. Pero después todo quedó en un pequeño susto nasal.

La otra alegría que me he llevado estos días ha sido ver por segunda vez la película La isla mínima. La primera vez que la vi ya la puse por las nubes. Pero esta segunda vez la he visto no en un avión, sino en mi casa con calma. Y es ahora cuando he podido valorar más la grandeza de esta película impresionante. Es cine de verdad.

Su director Alberto Rodríguez Librero ha filmado una obra tremendamente difícil y compleja a nivel cinematográfico. Los matices de la historia son magistrales. Las interpretaciones que logra sacar el director a los actores son muy difíciles de superar. La perspectiva aérea de la historia se conjuga maravillosamente bien con la España profunda que se refleja en esa cinta. Todo en esa película es perfecto. La obra en conjunto es una de las mejores películas españolas del último cuarto de siglo.

Aquí, en el sur de Europa, el verano nos ha atrapado bien con sus garras y no nos deja escapar. Pero la tercera buena noticia es que dentro de una semana las temperaturas parece que bajarán.

La cuarta buena noticia, ¡menudo día hoy!, es que mañana, Dios mediante, acabo la novela sobre el faraón de Moisés. He decidido ofrecerla a alguna editorial para su impresión. La próxima semana me pongo manos a la obra ya.

Post Data: Cierto sujeto dedicado a las previsiones cristianas pseudoproféticas aseguró el fin del mundo para ya hace unos meses. ¡Se equivocó y he podido acabar mi novela! Ninguna ola ha arrasado el levante español. Yo estaba tan seguro de la fiabilidad de sus predicciones que por eso empecé a escribir mi novela. Hubiera sido una muy mala noticia, pésima, que el fin del mundo me pillara con la novela a medio hacer. Algo así sería muy frustrante.

Hoy es un día feliz. Hasta Trump y Putin me caen mejor. 

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Al ser los sacramentos los medios de salvación, deben ser comprendidos como instrumentos de unidad. Realizando, restableciendo o reforzando la unión del hombre  con Cristo, realizan, restablecen o refuerzan, a su vez, la unión con la comunidad cristiana. Y este segundo aspecto del sacramento, aspecto social, está tan íntimamente unido al primero, que se puede a veces muy bien decir que el cristiano se une a Cristo por su unión a la comunidad.
Tal es la enseñanza constante de la Iglesia, en la práctica poco conocida, y así debemos reconocerlo. Por lo mismo que la Redención y la Revelación, a pesar de alcanzar directamente a cada alma, no son en su principio individuales sino sociales. Así la gracia que producen y que mantienen los sacramentos no establece una relación puramente individualista entre el alma y Dios, sino que cada cual recibe en la medida en que se agrega al único organismo por el que corre la savia fecundante.
Así se ha podido decir que el misterio de la causalidad de los sacramentos no reside tanto en la eficacia paradójica, en el orden sobrenatural de un rito o de un gesto sensible, cuanto en la existencia de una sociedad que, bajo las apariencias de una institución humana, oculta una realidad divina. Todos los sacramentos son por esencia “sacramentos de la Iglesia”, solo en ella producen su pleno efecto, pues solo en ella se participa normalmente del Don del Espíritu.


Henri de Lubac en “Catolicismo”

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Enviamos la tercera parte del ciclo de conferencias dictado para el grupo Cruz del Sur, esta vez, acerca de la Revolución y la contra-revolución. Las conferencias anteriores pueden encontrarse aquí y aquí.

Que no te la cuenten…

P. Javier Olivera Ravasi

Clase 1) Las ideas de Lutero y el Renacimiento: AQUÍ

Clase 2) Las ideas de la Revolución Francesa: AQUÍ

Clase 3) Revolución y contra-revolución: AQUÍ

 

 


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“Obispos y sacerdotes, abusando de su autoridad, han cometido crímenes horrendos en detrimento de sus víctimas, menores de edad y fieles inocentes, y jóvenes deseosos de ofrecer sus vidas a la Iglesia, o bien por medio de su silencio no han evitado que esos crímenes continuaran perpetrándose.”

El que escribe estas palabras es un arzobispo, antiguo Nuncio Apostólico en los Estados Unidos de 2011 a 2016. Ahora retirado, ha decidido abrir su corazón y contar todo lo que llegó a saber sobre la secuencia de los hechos en relación con los abusos sexuales en la Iglesia. Un testimonio que concluye con una dura y perentoria “invitación”: el Papa Francisco debe ceder su puesto. Porque él también lo sabía pero lo encubrió.

El autor de esta declaración, como informa La Verità hoy, es Moseñor Carlo Maria Viganò, de 77 años, que, antes de ser enviado como Nuncio a los Estados Unidos, era el encargado de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano, y anteriormente Nuncio en Nigeria, Delegado de los Representantes Pontificios de la Secretaría de Estado de la Santa Sede y miembro de la Comisión Disciplinar de la Curia Romana.

“Restaurar la belleza de la santidad del rostro de la Esposa de Cristo, que ha sido terriblemente desfigurado por tantos crímenes abominables”. Este es el motivo de la decisión de hablar de monseñor. “Si de verdad queremos liberar a la Iglesia de la ciénaga fétida en que ha caído, debemos tener el valor de rasgar la cultura del secreto y confesar públicamente las verdades que hemos guardado escondidas. Debemos rasgar la conspiración de silencio con la que obispos y sacerdotes se han protegido a expensas de sus fieles, una conspiración de silencio que, a los ojos del mundo, amenaza hacer a la Iglesia parecer una secta, una conspiración de silencio no tan diferente de la que impera en la mafia”.

Y a las palabras siguen los hechos, esa es la noticia. Documentados, descritos en detalle. El tono está cargado de dolor, pero el estilo es seco.

La gota que colmó el vaso fue el caso del Cardenal McCarrick. Cuando vio que la jerarquía entera de la Iglesia fue pillada por sorpresa cuando hubo de enfrentarse a las malvadas andanzas del “tío Ted”, que han emergido en clara evidencia en los últimos meses, y tanto así que hubo una inundación de “Yo no lo sabía”, Monseñor Viganò empezó a escribir. Una acusación que empieza muy atrás, antes del pontificado de Francisco, y que llega al momento presente.

“Pero ahora que la corrupción ha alcanzado la misma cumbre de la jerarquía de la Iglesia, mi conciencia me dicta que revele esas verdades sobre el descorazonador caso del Arzobispo Emérito de Washington D.C, Theodore McCarrick, a quien llegué a conocer en el desarrollo de los deberes que me confió San Juan Pablo II, como Delegado de las Representaciones Pontificias, de 1998 a 2009, y por el Papa Benedicto XVI, como Nuncio Apostólico en los Estados  Unidos de América, del 19 de octubre de 2011 hasta finales de mayo de 2016.”

Viganò informa de que dos antiguos Nuncios en los Estados Unidos, ambos muertos prematuramente, Gabriel Montalvo (de servicio de 1998 a 2005) y Pietro Sambi (que estuvo en el oficio de 2005 a 2011), “no dejaron de informar inmediatamente a la Santa Sede, tan pronto como supieron del comportamiento gravemente inmoral del arzobispo McCarrick con seminaristas y sacerdotes.” Pero nadie hizo nada.

En particular, Viganó revela que “el Nuncio Sambi transmitió al Cardenal Secretario de Estado, Tarsicio Bertone, un Memorando de acusación contra McCarrick del sacerdote Gregory Littleton, de la diócesis de Charlotte, que fue reducido al estado laico por violación de menores, junto con dos documentos del mismo Littleton, en el que contaba su trágica historia de abusos sexuales cometidos por el entonces arzobispo de Newark y varios otros sacerdotes y seminaristas. El Nuncio añadió que Littleton ya había enviado su Memorando a unas veinte personas, incluidas autoridades judiciales civiles y eclesiásticas, policías y abogados, en junio de 2006, y que era por tanto muy probable que se hiciera pronto pública la noticia. Por ello reclamó una pronta intervención de la Santa Sede.”

Como Delegado de las Representaciones Pontificias, en 2006, Viganò escribe un memorando sobre el caso Littleton y se lo envía al Cardenal Tarsicio Bertone y al sustituto Leonardo Sandri. Afirma que el comportamiento atribuido a McCarrick es de tal gravedad y maldad como para provocar desconcierto, pero que las acusaciones son precisas y hay mención también de celebraciones de la Eucaristía sacrílegas con los mismos sacerdotes envueltos en las depravaciones.

En consecuencia, Viganò pide en su memorando vigorosamente, por una vez, que las autoridades eclesiásticas intervengan antes que las autoridades civiles y antes de que el caso llegue a la prensa. Sería saludable. Pero no hay reacción de sus superiores. Y el memorando nunca le fue devuelto.

Viganò no se rinde y vuelve al cargo en 2008. Richard Sipe, psicoterapeuta y experto en el comportamiento sexual de sacerdotes y sus superiores, escribe una carta ese mismo año a Benedicto XVI cuyo título lo dice todo: “Su Santidad, tengo la prueba. El Cardenal McCarrick es un homosexual. Por favor, actúe.” El Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el Cardenal William Levada, y el Cardenal Secretario de Estado, Tarsicio Bertone, son informados inmediatamente. Es más. Viganò entrega un memorando en este sentido al nuevo sustituto Fernando Filoni. Y, ya puestos, adjunta el memorando de dos años antes, subrayando otra vez la gravedad de la situación. Pero la reacción de la jerarquía es siempre la misma: no hay respuesta.

Gracias al Cardenal Giovanni Battista Re, entonces Prefecto de la Congragación de los Obispos, Viganò llegó a saber que el Papa Benedicto XVI, al conocer la denuncia de Sipe, había ordenado a McCarrick que abandonara el seminario en el que residía y le había prohibido celebrar misa en público, su participación en reuniones, dar conferencias y viajar, con la obligación de dedicarse a una vida de oración y penitencia.

Es el Nuncio Sambi quien comunica estas medidas a McCarrick durante una tormentosa reunión. Después, cuando Viganò se convierte en el Nuncio en los Estados Unidos, es precisamente él quien recuerda a McCarrick las órdenes del Papa, y aquél masculla una respuesta confusa, intentando torpemente minimizarlo [todo].

¿Pero cómo se las apañó McCarrick para llegar a ser lo que llegó a ser (Arzobispo de Washington, y cardenal, después de ser Arzobispo de Newark), visto que su comportamiento fue el que fue?

Si le preguntamos a Monseñor Viganò, él coloca la responsabilidad de la carrera de McCarrick en el Cardenal Angelo Sodano, Secretario de Estado de 1991 a 2006 y en el Cardenal Tarsicio Bertone, su sucesor. Pero Viganò implica también al actual Secretario de Estado, Pietro Parolin. Cuando de hecho es claro para todo el mundo que McCarrick no obedece las órdenes de Benedicto XVI y, al contrario, viaja por todo el mundo, Viganò también escribe a Parolin preguntando si las sanciones son todavía válidas, pero su pregunta se queda -como de costumbre- sin respuesta.

Otros que sin duda sabían pero guardaron silencio eran, escribe Viganò, el Cardenal Levada, el Cardenal Sandri, Monseñor Becciu (ahora cardenal) y los Cardenales Lejolo y Mamberti. En otras palabras: todos los de la cumbre.

No menos devastadora, según las revelaciones de Viganò, es la foto de los Estados Unidos. También ahí todo el mundo lo sabía, empezando por el Cardenal Wuerl, sucesor de McCarrick en Washington, pero nadie hizo lo más mínimo. Y hoy las declaraciones de Wuerl, en las que no dice nada, “son absolutamente risibles.”

En cuanto al Cardenal Kevin Farrell, actual Prefecto del Ministerio Vaticano para los Laicos, la Familia y la Vida, que a su vez dijo que nunca había oído nada sobre los abusos del Cardenal Mc Carrick, Viganò escribe: “Dadas sus residencias en Washington, Dallas y ahora Roma, creo que nadie puede creerle sinceramente.”

En último lugar, del Cardenal Sean O’Malley, Arzobispo de Boston y Cabeza de la Comisión Vaticana para la Protección de Menores, Viganò afirma: “Diría simplemente que sus últimas declaraciones sobre el caso McCarrick son desconcertantes y han oscurecido totalmente su transparencia y credibilidad.”

En este punto, sin embargo, el drama de la declaración de Monseñor Viganò sube de tono al implicar al Papa Francisco directamente.

Es en 2013, en el mes de junio. Hay una reunión en Roma de los nuncios de todo el mundo y también está presente Monseñor Viganò. Inquieto por la perspectiva de su primer encuentro con el nuevo pontífice, el arzobispo va a la Casa Santa Marta, la residencia elegida por Bergoglio en lugar del Palacio Apostólico, ¿y a quién se encuentra allí? A nada menos que a un relajado y sonriente Cardenal McCarrick, que lleva la sotana ribeteada de rojo y recibe a Viganò haciéndole saber en un tono burlón: “El Papa me recibió ayer, mañana me voy a China.”

Viganò anota: “En ese momento yo no sabía nada de su larga amistad con el Cardenal Bergoglio y de la parte importante que había tenido en su reciente elección, como revelaría el mismo McCarrick en una conferencia en la Universidad de Villanova y en una entrevista con el National Catholic Reporter. Ni había pensado yo nunca en el hecho de que había participado en las reuniones preliminares del reciente cónclave, ni en el papel que había podido tener como cardenal elector en el cónclave de 2005. Por lo tanto no me di cuenta inmediatamente del significado del críptico mensaje que McCarrick me había comunicado, pero que se me haría claro en los días que inmediatamente siguieron.”

La primera y ansiada reunión de Viganò con el Papa tiene algo de surrealista y deja al pobre nuncio sin palabras. Pero lo peor está aún por venir.

Es domingo, 23 de junio de 2013. El Papa recibe a Viganò antes del Angelus. Hace algunas afirmaciones que suenan algo enigmáticas al arzobispo; luego, a bocajarro le pregunta: “¿Cómo es el Cardenal McCarrick?” A lo que el nuncio responde: “Santo Padre, no sé si conoce al Cardenal McCarrick, pero si pregunta a la Congregación de Obispos, hay un informe así de gordo sobre él. Ha corrompido a generaciones de seminaristas y sacerdotes y el Papa Benedicto le ordenó que se retirara a una vida de oración y penitencia.” ¿La reacción del Papa? Ninguna en absoluto. De hecho Bergoglio cambia de tema inmediatamente. Bueno, se pregunta entonces un confuso Viganò, ¿por qué me hizo esa pregunta?

Lo entendió a su regreso a Washington. Se entera de que entre el Papa y McCarrick hay una estrecha relación. La pregunta que el Papa hizo al nuncio era por lo tanto una trampa. El hecho es que, según el informe de Monseñor Viganò, desde el 23 de junio de 2013 por lo menos, el Papa Francisco ha sabido del caso de McCarrick.

En este punto Viganò comenta: “El Papa Francisco ha pedido repetidamente una total transparencia en la Iglesia y que los obispos y los fieles actúen con parresia. Los fieles de todo el mundo también lo exigen de él de un modo ejemplar. Debe sinceramente declarar cuándo supo por primera vez de los crímenes cometidos por McCarrick, que abusó de su autoridad con seminaristas y sacerdotes.

En cualquier caso, el Papa se enteró por mí el 23 de junio de 2013 y siguió encubriéndole. No tuvo en cuenta las sanciones que el Papa Benedicto le había impuesto y le hizo su consejero de confianza junto al Cardenal Maradiaga. El último [Maradiaga] está tan seguro de la protección del Papa que puede descartar como “cotilleos” las sentidas apelaciones de docenas de sus seminaristas, que encontraron el valor de escribirle después de que uno de ellos intentara suicidarse por los abusos homosexuales en el seminario.”

Así que Francisco lo sabía. Lo ha sabido por un tiempo, al menos cinco años. “Ha sabido desde el 23 de junio de 2013 que McCarrick era un depredador en serie. Pero “a pesar de saber que era un hombre corrupto, le encubrió hasta el extremo más amargo; en efecto, hizo suyo el consejo de McCarrick, que ciertamente no estaba inspirado por sanas intenciones ni amor a la Iglesia. Fue sólo cuando fue forzado por el informe del abuso a un menor, otra vez basado en la atención de los medios de comunicación, que tomó medidas [en cuanto a McCarrick] para salvar su imagen en los medios.”

“Ahora -continúa Viganò- en los Estados Unidos se levanta un coro de voces, especialmente de entre los fieles laicos, y recientemente se le han unido varios obispos y sacerdotes pidiendo que dimitan todos los que, por su silencio encubrieron el comportamiento criminal de McCarrick, o le utilizaron para avanzar en sus carreras o promover sus intenciones, ambiciones y poder en la Iglesia.

El Cardenal Di Nardo, presidente de la Conferencia Episcopal de EEUU, Monseñor Vigneron, Monseñor Lantheaume, Monseñor Konderla, Monseñor Olmsted y Monseñor Stika se unen a Monseñor Schneider, Monseñor Strickland y el Cardenal Burke en su apoyo a Viganó.

Monseñor Vigneron, Arzobispo de Detroit, ha escrito una carta a sus fieles, en la que asegura que la carta de Mons. Viganó sobre el encubrimiento del depredador sexual McCarrick puede ser una oportunidad para la purificación y la reforma de la Iglesia. 


Por otra parte, Monseñor Lantheaume, que fue consejero en la nunciatura apostólica en Washington, ha manifestado que el ex nuncio Viganó, dijo «la verdad» en su memorandum sobre el encubrimiento del ex-cardenal McCarrick. Ha sido tajante y ha manifestado a los medios que “Monseñor Viganó dice la verdad. Eso es todo“. 

Por su lado, Monseñor Konderla, Obispo de Tulsa, ha manifestado en sus redes sociales que considera que “Las acusaciones que detalla Viganó son un buen lugar de inicio para las investigaciones que tienen que darse para restaurar la santidad y la responsabilidad al liderazgo de la Iglesia. 

En cuanto a Monseñor Olmsted, Obispo de Phoenix, ha manifestado que conoce a Viganó desde 1979 y que “siempre lo he visto y respetado como un hombre de verdad, fe e integridad”. A renglón seguido ha pedido que su informe sea “tomado seriamente en cuenta por todos y que cada acusación sea investigada exhaustivamente. Muchos inocentes han sido seriamente afectados por clérigos como el arzobispo McCarrick. 


Más significativo es si cabe el apoyo al Arzobispo Viganó del Cardenal Di Nardo, presidente de la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos, por el cargo que ostenta en relación a aquel país.  En un comunicado ha sido tajante al manifestar que las preguntas de Mons. Viganó «merecen respuestas que sean concluyentes». El actual arzobispo de Galveston-Houston reclama que se aclare todo lo relacionado con el encubrimiento al ex-cardenal McCarrick. 


En las últimas horas se ha unido a este cada vez mayor número de Obispos y Cardenales que apoyan a Viganó y que piden la investigación de todo el asunto y la asunción de responsabilidades al más alto nivel, el Obispo de Knoxville (Tennessee), Mons. Rick Stika, manifestando en sus redes sociales que todos hemos de leer el informe Viganó, y que no hemos de dejar que nadie nos diga lo que tenemos que pensar. Ha sido además muy tajante al afirmar que el pueblo merece oír algún comentario del Papa sobre la carta de Viganó. 





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