mayo 2016

san justino

SAN JUSTINO

(†  166)

San Justino, hombre de su tiempo, fue filósofo, santo y mártir. Tres dimensiones de la vida humana, cada una de las cuales es suficiente para dignificarla si se realiza con plenitud, conciencia y autenticidad. San Justino cumplió con las tres. Como filósofo, amó la verdad y se entregó a su estudio; como santo, respondió con virtudes a la gracia suficiente, difundiendo la verdad con el ejemplo de su vida tanto o más pulcramente que con sus escritos, con ser éstos, en la opinión de algunos críticos, muy bellos. Su estilo literario es, a decir verdad, harto discutible; su estilo de vida es, sin lugar a dudas, admirable. Como mártir, confesó con valentía y serenidad, pero sin jactancia, su fe en Jesucristo, negándose a sacrificar a los ídolos.

 Había nacido en Flavia Neápolis, en los primeros años del siglo II. Flavia Neápolis es la moderna Naplusa, Nabulus o Nablus. El nombre se lo dio a la ciudad Flavio Vespasiano al apoderarse de ella el año 72. El nombre samaritano primitivo fue Siquem; estaba considerada corno uno de los puntos más fértiles y hermosos de la Palestina central. Ciudad ancha y fecunda, centro de heredades bíblicas, granero y fortaleza. Veinticinco mil habitantes cuenta. En el siglo II, cuando San Justino nace, se mezclan judíos de origen, resentidos y torvos, con colonos paganos, orgullosos, privilegiados y en expectativa.

 El nombre Justino, aunque de clara ascendencia samaritana, no engaña a los naturales. Denuncia el origen de la tierra, pero no supone ascendencia judía del linaje. Abuelo y padre de Justino fueron, a buen seguro, gentiles. Nuestro Santo parece tenerlo a gala, fundándose en la mejor disposición que muestran los paganos en abrazar la fe de Cristo y en la más firme voluntad para defenderla que la que demostraban los judíos.

 San Justino parece como un primer anuncio de San Agustín. Su itinerario intelectual es muy semejante, y representa entre los apologetas lo que San Agustín significará, con majestad, entre los Padres de la Iglesia.

 De la corteza de la lengua griega pasa, afilándola, al corazón de las ideas, sin que las bellezas literarias, que le cantan al oído, le encanten o detengan en la penetración de la verdad,

 Sigue en el estudio y en la persecución de la verdad el camino que le señala la sinceridad de la búsqueda. Lee y escucha a los estoicos, porque es el sosiego del alma lo que busca, y en ellos parece que podrá encontrarlo; pero no alcanza la paz consigo mismo porque algo más hondo le grita. Es el primer destello de Dios en el alma de Justino. Un Dios presentido y querido, que los estoicos no aciertan a escuchar. Después asistirá a las lecciones de los peripatéticos, pitagóricos y platónicos, sin que la inteligencia de sus textos ofrezcan al corazón de Justino el fervor que el corazón le pide, y sin que el corazón entregue a la inteligencia la claridad y el amor que solicita.

 Lo que no consigue la ciencia de los sabios lo logrará el ejemplo, la constancia y la fortaleza de los humildes. Justino advierte en los mártires cristianos cómo la ciencia vana se transforma en sabiduría plena. Al profundizar en las razones misteriosas que ordenan la formación de ejércitos de mártires y la sucesión de los tiranos en los primeros siglos del cristianismo convendrá no echar nunca en olvido la gracia santificadora de los tormentos, derramándose por todos los miembros de los que buscan la verdad por caminos de buena voluntad. La persecución de Adriano y la divinización de Antinoo pudieron abrir, en invitación sobrenatural, los portones del alma de Justino a la recepción de la gracia de la fe. “Cuanto más se nos persigue —dice en el Diálogo con Trifón— tanto mas crece el número de los que se convierten a la fe por el nombre de Jesús. Nos sucede como con la cepa, a la que se podan los sarmientos que han dado ya fruto para que broten otros más vigorosos y lozanos. La viña plantada por Dios y por nuestro Salvador Jesucristo es su pueblo. No hay quien amedrente o reduzca a servidumbre a los que por todo el ámbito de la tierra creemos en Jesucristo.”

 El fenómeno de la conversión del hijo de Presco a la gracia sobrenatural del cristianismo, algunos años antes de cumplir los cuarenta, la edad de la gracia natural del filósofo, que diría Platón, sólo se explica suficientemente por la virtud y eficacia misteriosa de la gracia divina, es cierto; pero en las galerías del alma de Justino oímos cómo discurren los pasos de la sinceridad, de la inteligencia, del ejemplo de los mártires en vida y en muerte, de la meditación silenciosa, de la vigilancia de las pasiones y, finalmente, de la lectura de los profetas. Estos pasos andados con humildad ensanchan su mirada y ahondan sus ecos hasta llegar a la fuente divina de la voz primera y esencial. En efecto, Justino abraza el cristianismo sin tener por ello que abandonar la filosofía, sin apagar sus fervores didascálicos, sin renunciar su pujante vitalidad, sin contradecir a la fe con la razón ni humillar a la razón con la fe.

 Justino, convertido al cristianismo, no desfallece en la búsqueda iniciada de la verdad —conviene repetirlo— ni abandona la filosofía. Este es el alcance que hay que dar a muchas de sus frases entusiásticas y que, lejos de racionalizar la fe, lo que señalan es la posibilidad racional de alcanzarla y la injusticia que supone atacarla. La filosofía no depone contra la fe, sino que el vivir en la fe delata una excelsitud sobre el mero pensar filosófico. En San Justino la fe es siempre un don de Dios, original y sobrenatural. Se opera en Justino una transformación. Es como una elevación del sentido, como un ahondamiento por profundidades, como una transverberación de luces inéditas y sobrenaturales en la constelación intelectual de sus conocimientos anteriores. La conversión al cristianismo le ha enseñado para qué sirve la vida, le ha descubierto una nueva faz de la verdad, le ha iluminado y enfervorizado el anhelo. Lejos de despreciar lo sabido, lo tiene en más, como si el cristianismo fuera la coronación de todos los saberes, por su superación sobrenatural. “He procurado —dice al prefecto Rústico– adquirir conocimiento de todo linaje de doctrinas, pero sólo me he adherido a las doctrinas de los cristianos, que son las verdaderas, aunque no sean gratas a quienes siguen falsas opiniones.”

 Antes de convertirse su alma era como un desierto, ahora es como una antorcha; y abre escuela en Roma para mostrar y demostrar que la filosofía o conduce a la fe en Jesucristo, Verdad verdadera, voz entre los ecos, plenitud de tiempo y verdades, o se convierte en retórica vana. Para nuestro Santo la verdad que persigue la filosofía es una fuerza luminosa y penetrante. Pero no por ello le entregará las llaves de la fe. Grande es, ciertamente, Sócrates —nos dice—; pero a Sócrates nadie le ha creído hasta el punto de dar su vida por mantener esta doctrina. Por la de Cristo, sí; dan su vida los filósofos, los sabios, los artesanos y los humildes. Y ésta es la doctrina a que aspiran los hombres: una verdad por la que valga la pena morir, si llega el caso.

 San Justino sabe muy bien que no ha sido la filosofía la que le ha abierto el cielo de su alma, pero no ignora tampoco que la filosofía no es obstáculo para abrazar la fe, y defiende que una filosofía con fe es una filosofía auténticamente humana. San Justino se percató de que cabe hablar de una filosofía cristiana, pues la razón sólo engendra monstruos cuando con ella se comete la monstruosidad de oponerla a la fe en Cristo. Tan fuerte es esta convicción en San Justino que llega a considerar como un deber de filósofo cristiano el predicar la fe con los medios de expresión de que cada uno dispone y que resulten inteligibles y comprensibles. El se vale de expresiones platónicas. Sólo si algún filósofo arremete contra la fe en nombre de la filosofía impugnará al filósofo y a su filosofía. Justino es antes que nada el filósofo de la sinceridad en la búsqueda, de la autenticidad en la conducta, de la humildad en el hallazgo, del fervor en la predicación de su fe, del heroísmo en el testimonio de su creencia.

 La vida de San Justino es un testimonio palpitante de cómo ha de vivir su fe un filósofo cristiano. Cierto que su tiempo no es el nuestro, ni su circunstancia la que hoy nos rodea, ni su estadio es como nuestro anfiteatro; pero no es menos cierto que la situación radical es y seguirá siendo análoga o muy semejante hasta el final de los tiempos. Más aún: San Justino conserva un no sé qué de modernidad palpitante para esta Europa lacerada.

 San Justino despliega sus actividades con una sencillez, entusiasmo y sinceridad que sorprende. Como la bondad y la verdad son difusivas, y el consejo evangélico señala que la luz de la inteligencia ha de manifestarse en público y en privado, San Justino escribe, habla, predica y peregrina. Suena un filósofo cínico, enemigo del cristianismo, y Justino entabla polémica pública en términos filosóficos. Surge un judío recalcitrante, y Justino abre diálogo en términos de milagros y profecías cumplidas por Cristo. Arrecian las persecuciones, y Justino alza solemne su voz, proclamando directa y audazmente la verdad y la seguridad de su fe en un Dios vivo y viviente, creador, conservador, redentor y juez. No hay en San Justino impertinencia, no hay tampoco imprudencia, pero jamás cederá en la defensa de la verdad ni celará su fervor. Su presencia intelectual, moral y religiosa se multiplica oportuna e importunamente, porque los tiempos exigían esta presencia en la importunidad. Resuena en él San Pablo como un eco potente.

 San Justino está todo él, de cuerpo entero, en las llamadas Apologías y en el Diálogo con Trifón. Es de lamentar que otros escritos suyos se hayan perdido, pero sólo con lo que nos resta San Justino queda retratado maravillosamente. Dedica sus Apologías a Antonino Pío y a Marco Aurelio. Les imputa error, debilidad, cobardía e injusticia, basando la acusación en pruebas morales y en el influjo maléfico de los demonios. Las Apologías están esmaltadas de pensamientos luminosos y eficaces, relieves de sus lecturas platónicas, purificadas por la sinceridad de su fe cristiana. Conservan hoy su validez intacta. Son los hechos —alega San Justino— los que reflejan la piedad o la iniquidad, el amor o el odio que se esconde en los pensamientos y en el corazón de los hombres. El que acusa al cristianismo de iniquidad bastante castigo tiene con el delito que comete con la acusación. El que castiga a un cristiano quebranta la paz, porque el cristiano, por serlo, la busca y la defiende para él y para los demás. El que, conocida la verdad, la persigue comete iniquidad. Vosotros —dirá en los comienzos de la Apología— os oís llamar por doquiera piadosos y filósofos, guardianes de la justicia y amantes de la instrucción; pero que realmente lo seáis es cosa que tendrá que demostrarse. Vosotros —añadirá— matarnos sí podéis; pero dañarnos, no. Instruidos como estáis, no tendréis excusa delante de Dios si no obráis según la justicia.

 En San Justino adquieren relieve expositivo los puntos fundamentales de la teología dogmática, de la moral y de la liturgia. Alcanzan un valor superior al meramente apologético. En él se lee con claridad la divinidad de Jesucristo Y su misión redentora. Cristo ha muerto para librarnos de la esclavitud de los demonios que rondan por el mundo desde el pecado del Paraíso. La madre virginal de Cristo aparece vinculada a la obra redentora. En la unidad de todos los cristianos se aprecia la comunión de los santos, mantenida por la fe. El valor de la tradición es claramente expuesto y defendido. La Eucaristía es el misterio en el que “no tomamos el pan consagrado como un pan común, ni el cáliz consagrado como bebida común, sino que sabemos que son el cuerpo y la sangre del mismo Jesucristo, que se encarnó por nosotros”. Es quizá el testimonio más expresivo y terminante si se advierte que una confesión tan explícita no podía resultar grata a los paganos ni a los judíos. El testimonio de San Justino sobre la Eucaristía, como transustanciación del pan y del vino en cuerpo y sangre de Cristo, revela la doctrina creída y defendida por todos los cristianos a los que nuestro Santo sirve y expresa. Aunque sus Apologías sólo nos hubieran legado las reuniones de los cristianos y la liturgia del sacramento, serían un documento maravilloso. Y aunque el Diálogo con Trifón se hubiera reducido a los pasajes en los que desarrolla el sacrificio de la misa, ya merecería la honra de todos los cristianos.

 San Justino presiente el martirio, porque sabe que los demonios acechan, y ha podido comprobar cómo los enemigos de la fe son por naturaleza calumniadores. Una descripción de las reuniones cristianas como la que San Justino había escrito, y la exposición de la verdad eucarística, no podían menos que armar el brazo de los amigos y confidentes del emperador Marco Aurelio. Ante la doctrina expuesta por San Justino sobraban los testigos. El discípulo era tratado como el maestro, una vez confesada la divinidad. La fecunda semilla del Verbo Divino fecundó en sangre, que es una de las ramas en que maduran sus frutos cuando la persecución arrecia.

 No hubo en la gracia del martirio de San Justino necesidad de purificación de errores doctrinales, pues los que pueden atribuírsele se desvanecen si se atiende bien al siglo en que vivió o se leen las páginas con benevolencia crítica. Que los filósofos griegos bebieran o no aguas de inspiración en lecturas y tradiciones del Antiguo Testamento no es asunto que inquiete demasiado al que lo asegure con denuedo, sobre todo si la convicción esconde una toma de posición subjetiva. Este convencimiento es el que permite al filósofo cristiano asegurar que en Platón o en los estoicos se descubren resplandores anunciadores de verdades más altas y sublimes. La concordia de verdades cristianas con sentencias estoicas no supone una dependencia de los dogmas cristianos, sino una proclamación, por diversos caminos, de la verdad divina. Es a las sentencias estoicas a las que San Justino obliga a descubrir sentidos que no pueden tener, no es a los dogmas cristianos a los que arrodillará ante la adivinación estoica o platónica. El panteísmo de los estoicos es algo que no cabe en la doctrina de San Justino. Todo aparece claro cuando leemos en San Justino que la fe es un don de Dios que se conquista con la plegaria humilde, y que es la oración la que nos descubre el significado y la inteligencia de las Sagradas Escrituras.

 El apostolado seglar —seglar fue nuestro Santo— tiene en San Justino un buen maestro. El santo patrono de los filósofos se presenta a su vez, y con los mismos títulos, como el santo abogado de los creyentes humildes y sencillos. Todo un símbolo para nuestra época.




Reproducimos a continuación un texto del teólogo suizo Hans Urs von Balthasar, donde comenta las palabras del Evangelio “he venido a traer fuego a la tierra, y ¡qué he de querer sino que arda!
(El corazón del mundo, cap.VII)


Si tienes fuego en casa, cuídalo bien en un hogar incombustible, cúbrelo, pues si una sola chispa de él sale fuera y tú no lo adviertes, serás tú con todas tus cosas pasto de las llamas. Si tienes al Señor del mundo en ti, en tu incombustible corazón, cuídalo bien, vete cuidadosamente con El, que no empiece a exigirte y ya no sepas a donde te lleva. Ten las riendas fuertemente de la mano. Dios es peligroso. Dios es un fuego devastador.

Dios ha puesto sus miras en ti. Escucha su advertencia: “Quien pone la mano en el arado, y vuelve la vista atrás, no es digno de mí. El que no me ama a mí más que a su padre y a su madre, más que a sus parientes y a su patria, sí, más que a sí mismo, no es digno de mí”. Presta atención, El disimula, empieza por un pequeño amor, por una pequeña llama, y antes de que te des perfecta cuenta, te coge por entero y ya estás preso. Si te dejas coger, estás perdido, pues no hay fronteras hacia arriba. El es Dios, y está acostumbrado a la infinitud. Te succiona como un ciclón, te mete en el remolino zarandeándote como una tromba de agua. Sé previsor: el hombre ha sido creado para la medida y el límite, y sólo en lo limitado encuentra descanso y felicidad; pero El no conoce la medida. Es un seductor de corazones.

En los tiempos de mi primera juventud, leyendo la Biblia, descubrí un texto de San Pablo que me hizo mucho bien. Me ayudó a entender lo que me pasaba, porque yo tenía buenas intenciones… pero… malas obras. Un texto “profético” Es de la Carta a los Romanos. Dice textualmente: “Porque sabemos que la Ley es espiritual, pero yo soy carnal, y estoy vendido como esclavo al pecado. Y ni siquiera entiendo lo que hago, porque no hago lo que quiero (Siga leyendo en el blog haciendo click en el título... )

Sobre cómo comunicar en los medios el mayor desafío de la Historia de la humanidad: el Cristianismo
El padre Jorge Oesterheld, director deVida Nueva Cono Sur, reflexiona en su nuevo libro No basta con un click, sobre los desafíos de la Iglesia en materia de medios de comunicación. Este sacerdote argentino, fue durante más de diez años el portavoz de la Conferencia Episcopal Argentina y, por tanto, trabajó muy de cerca con Bergoglio. “Francisco se arriesga, dice lo que piensa y escucha, vuelve sobre sus pasos cuando se da cuenta que no es comprendido y aclara lo que quiso decir. No elude los temas complejos y los trata con palabras comunes”, observa el padre Jorge en su libro.
Publicamos a continuación la entrevista que realizó ZENIT después de la presentación en Roma de su libro, en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz.

¿Cómo surgió la idea de escribir este libro?
El libro es fruto de mi experiencia como portavoz de la Conferencia Episcopal de Argentina durante dieciséis años, diez de los cuáles estuve al lado del cardenal Bergoglio. El libro es sobre comunicación e Iglesia y sobre cómo comunicar la Iglesia.
El objetivo era reflexionar y poner por escrito el fruto de muchos años de trabajo de la relación con la prensa, con los medios de comunicación y con la problemática de la Iglesia en materia de comunicación.
El papa Francisco es un gran comunicador, pero en su época de cardenal no era especialmente cercano a la prensa. Usted que le conoció, ¿qué cree que ha cambiado?
También es algo que me ha llamado la atención. Yo creo que él lo considera su deber así como la necesidad que tiene de establecer una comunicación directa con la gente a través de la prensa.
En realidad el Papa no le habla a los periodistas, le habla a la gente. Valora la función del periodista como mediador, como aquel que le permite llegar a millones de personas. A él lo que le interesa es esa difusión de su palabra, y por eso lo hace en ese lenguaje simple que él utiliza y a veces es malinterpretado. Él prefiere arriesgarse a ser malinterpretado por quienes están atentos a cualquier detalle de la doctrina, que arriesgarse a que no le entiendan. Él prefiere que la gente común lo entienda. Y en eso creo que él lo vive como parte de su servicio.
Además, logra que su mensaje llegue a un público muy variado
Una vez, hace muchos años, en una situación muy crítica que había que hacer una información, yo le pregunté cómo quería que la escribiera. Él me dijo, “fácil, escríbelo de forma que lo entienda una persona que no sabe leer”. Detrás de esa frase, que en ese momento no me ayudó nada, hay una sabiduría enorme. Y me doy cuenta ahora, después de muchos años, de lo que él hace en realidad; no hace falta saber ni leer ni escribir para entenderlo. Lo que él hace lo entiende absolutamente todo el mundo y eso es lo que él quiere: ser entendido por la gente común, no le habla a los teólogos, ni a los canonistas, ni a los obispos, les habla a las personas. Incluso cuando habla con los teólogos, los canonistas y los obispos, les habla a las personas que son esos teólogos o esos obispos.
Aprender a comunicar bien es un gran desafío. Desde su experiencia, ¿qué consejos le da a las personas que se dedican a la comunicación en la Iglesia?
Es un desafío que tiene la Iglesia, pero también los empresarios, los políticos, los periodistas y todo el mundo. A todos nos cuesta mucho comunicar en un mundo en el que no es nada fácil la comunicación. Dentro de la Iglesia siempre digo que este es un problema no solo de la Iglesia sino de todos, como decía, y por eso no debemos vivir con complejo de culpa como si fuéramos los únicos que no sabemos comunicar.
Lo que hay que hacer para aprender a comunicar es aprender a escuchar. Uno aprende a comunicar, en tanto en cuanto es realmente capaz de escuchar. El Papa habla bien, y habla con un lenguaje que se entiende porque él durante toda su vida ha escuchado mucho y ha escuchado a gente común. Habla el idioma que hablan las personas comunes y escucha los problemas que tienen las personas comunes. El Papa nunca habla de los problemas que tiene el Papa, ni de los problemas que tienen los obispos. Habla de los problemas que tienen las personas y entonces como habla de algo que a ellos les interesa, le escuchan.
La Iglesia tiene que comunicar un mensaje “antiguo” con un lenguaje nuevo, nuevos medios y nuevas técnicas. ¿Cuál es la mejor forma de combinar estos dos factores?
Creo que la Iglesia no tiene un lenguaje de hace 2000 años, la Iglesia hace 2000 años que tiene un lenguaje. Hace 2000 años que comunica el Evangelio de Jesús de las formas que cada época exige, pero que el desafío no es adecuarse solamente al lenguaje de la gente, sino adecuarse al lenguaje del Evangelio. Lo que hace el Papa es hablar el lenguaje de las personas comunes y hablar el lenguaje del Evangelio. No solo con palabras, también usa imágenes, parábolas, utiliza relatos breves. Tiene el mismo estilo de comunicación que hay en los Evangelios y curiosamente, por eso esta es una etapa extraordinaria para la Iglesia, es el estilo de comunicación valorado en las redes sociales y en los medios de comunicación hoy en día.
En otro tiempo el lenguaje valorado era el discurso largo, con muchas citas, erudito… Y en ese contexto era muy difícil predicar el Evangelio. Ahora lo que valora la sociedad es un lenguaje simple, llano, rápido, con imágenes y ese es un lenguaje que a nosotros nos viene maravillosamente bien porque es nuestro lenguaje.
¿Cómo cree que la reforma de los medios de comunicación del Vaticano puede ayudar a una comunicación más eficaz?
No sé qué es exactamente lo que se está haciendo en los medios de comunicación del Vaticano. Pero creo que el problema no está tanto en lo organizativo ni en lo tecnológico, el problema está en el lenguaje y en las personas que comunican. Cuanto más importante es la tecnología más importante es todavía la calidad y humanidad del comunicador. Las personas se quedan viendo y escuchan al periodista o comunicador que es capaz de generar empatía y una aproximación afectiva. Y eso también es muy bueno para Iglesia porque la Iglesia sobre eso tiene mucho.
¿Ha tenido oportunidad de enseñarle el libro al Santo Padre?
Estuve con él este martes, lo vi a la salida de la misa en Santa Marta. El año pasado también estuve con él, y aquella vez sí conversamos más. Me impresionó mucho la paz que tenía, la paz que transmite con su presencia y mirada. Realmente es muy raro para mí conocer mucho a quien ahora es Papa. Me resultaba raro que me preguntara sobre cosas de mi familia, amigos. Uno no se imagina hablando con el Papa de esas cosas. Pero fue muy normal y muy lindo.
Entrevista de Rocío Lancho García



Décimo domingo del tiempo ordinario

(I Reyes 17:17-24; Gálatas 1:11-19; Lucas 7:11-17)

Era el hijo menor de la familia con cinco hermanos.  Su muerte inesperada causó mucha angustia.  Pues no iba a misa; aun dijo que no estaba cierto que Dios exista.  Su madre estaba particularmente desconsolada.  “¿Qué va a pasar con él?” se preguntó.  Encontramos a Jesús enfrentando una situación semejante en el evangelio hoy.

Caminando con sus discípulos, Jesús topa con una procesión funeral.  Le informan que el fallecido era el único hijo de una viuda.  Jesús mira a la madre con la misericordia.  Hace poco él dijo a los multitudes en el llano, “’Dichosos los que lloran, pues después reirán’”.  Para esta mujer apenada, el después ha llegado.  Jesús va a volver su luto en alegría.

Tocando el ataúd, Jesús detiene la procesión.  Entonces dice al joven: “’…levántate’”.  Sus palabras despierta al hombre como si fuera tomando una siesta.  Entonces Jesús le devuelve a su madre.  Se puede preguntar: “¿Habría Jesús resucitado al muerto si fuera la viuda en la ataúd y el hijo sintiendo la angustia?”  Si el enemigo número uno siempre es la muerte, ¿por qué no lo hubiera hecho? 

Sin embargo, el propósito de Jesús es patentemente aliviar el dolor de la viuda.  No sólo ella queda desconsolada por no ver a su hijo llegar al culmen de la vida sino también presuntamente no tiene sostén para vivir.  Jesús, el rostro de la misericordia de Dios, actúa siempre para aliviar la miseria.  No obstante, Jesús no siente la renuencia a llamar a los jóvenes de sus padres para ser sus discípulos.  Lo hace a la vez que les promete la persecución hasta la muerte. Hay que ser un mayor motivo moviendo a Jesús en este caso que el deseo de ver familias reunidas.  ¿Qué será?

En el pasaje próximo de este evangelio según san Lucas los discípulos de Juan vienen a Jesús con una pregunta.  Quieren saber si él es “el que ha de venir” o es necesario que esperen a otro.  Es decir, si él es el mesías, el que va a salvar a Israel de sus enemigos para establecer un reino para siempre.  Jesús les ofrece testimonio de quien es.  Dice: “’…los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios…, lo sordos oyen, los muertos vuelven a la vida, y a los pobres se les anuncia el mensaje de salvación’”. Vemos que Jesús no está diciendo que es el mesías.  Está retándoles que cambien su perspectiva del mesías para aceptar a él como el mismo.  No es un guerrero que vaya a tumbar el dominio del imperio romano.  Más bien, él viene para aliviar los sufrimientos de la gente e invitar a los demás a seguirlo.  Lo seguirán a su resurrección de la muerte por el camino del amor.

Nosotros como los judíos en el tiempo de Jesús queremos a un mesías que va a entregarnos de todos nuestros problemas.  Queremos a un Dios que curará nuestras enfermedades tan pronto como le recemos.  Queremos a un Cristo que nos salve de apuros financieros  sin que suframos necesidad.  Queremos a un Señor que nos entregará  una familia amorosa, una casa cómoda, y una carrera que nos realiza.  En el evangelio hoy Jesús nos ofrece el testimonio que no somos desorientados por desear estos bienes pero tampoco van a llevarnos al nuestro destino.  Nos intima que nuestra salvación queda siempre en confiar en él.  Es decir, que lo sigamos por hacer obras de misericordia hasta que nosotros también lleguemos a la vida eterna.

Se habla del don de lágrimas.  Es la capacidad de llorar con los que lloren.  Jesús bendice esta capacidad cuando dice, “’Dichosos lo que lloren’”.  Nosotros no podemos levantar a los muertos, pero sí podemos buscar este don de lágrimas.  Constituirá una obra de misericordia hacia las personas en luto.  Llorar con los que lloren constituye obra de misericordia.

En la Iglesia hay festividades que tuvieron un origen concreto y que luego fueron extendidas al conjunto de la cristiandad. Es lo que sucedió con la fiesta del Corpus Christi, instituida por primera vez en la diócesis belga de Lieja y extendida por el papa Urbano IV en 1264 a la Iglesia universal.

   La Eucaristía era ya el centro de atención del Jueves Santo, que es cuando rememoramos su institución por Jesucristo en la Última Cena. Pero se sentía la necesidad de otra festividad que recordara la presencia real de Cristo bajo las especies de pan y vino. Convenía que se rindiera adoración al "Jesús escondido", guardado en los sagrarios y dispuesto para servir de alimento espiritual para los fieles.

Es costumbre, en muchos lugares, que la fiesta incluya una procesión de la Eucaristía en su custodia por las calles de las poblaciones. Y en este aspecto desearía fijarme hoy. Es una costumbre muy bonita, antigua entre nosotros. Quizá muchos recuerden aquella vieja fotografía de Antoni Gaudí, con un cirio en la mano, durante una procesión de Corpus por Barcelona. Como él son muchos los cristianos que han participado y que acuden también hoy a este acompañamiento del Señor sacramentado por nuestras calles y plazas.



Son más aún quienes contemplan el paso del Señor, algunos con profunda reverencia interior, otros quizá como una ceremonia más o menos curiosa solamente. Para todos Jesús se hace el encontradizo, como cuando recorría los caminos de Palestina.

En el evangelio de San Lucas se relata la curación del ciego de Jericó del siguiente modo: "Cuando se acercaban a Jericó, un ciego estaba sentado al lado del camino mendigando. Al oír que pasaba mucha gente, preguntó qué era aquello. Le contestaron: "Es Jesús de Nazaret que pasa".

También hoy es posible que para algunos, por un defecto de visión sobrenatural, Jesús sea una incógnita. Los cristianos estamos llamados a dar testimonio diciendo a la gente: es Jesús Nazareno el que pasa por vuestro lado, el que nos enseñó que hay que amar a los demás como a uno mismo, el que premia al humilde y rechaza al presuntuoso, el que bendice a los pobres y alerta a los ricos, el que es capaz de dar su vida por todos y pide a su Padre celestial: "Perdónalos", en el momento supremo de su sacrificio.

Que en esta fiesta de Corpus Christi estemos atentos al paso de Jesús para reconocer su paso cada día por nuestra vida. La Iglesia lo celebra un día, pero en el corazón de los cristianos, cada día es motivo de acción de gracias por esta cercanía de un Dios que es amor.

+ Jaume Pujol
Arzobispo de Tarragona

La Custodia Franciscana de Tierra Santa cuenta con un nuevo responsable: fray Francesco Patton, italiano de la diócesis de Trento, sucede al padre Pierbattista Pizzaballa, que llevaba 12 años en el cargo. 

La Custodia en Tierra Santa se responsabiliza de: 

- 49 lugares considerados bíblicos: 19 en Galilea, 27 en Judea, 2 en Siria (Damasco) y 1 en Jordania (Monte Nebo);

- el ejercicio pastoral en 29 parroquias y 79 iglesias y capillas;

- la dirección de 16 escuelas con unos 10 000 alumnos, de los que el 40% son no cristianos, con 400 profesores, 4 casas de hospedaje para peregrinos, 3 residencias de tercera edad y 2 orfanatos;

- la acción ecuménica, cultural y científica en Tierra Santa, promovida desde el Instituto Bíblico Franciscano, el Estudio Teológico Jerosolimitano, la casa editorial Franciscan Printing Press, el Centro de Estudios Orientales Cristianos, etc...

Como detalla AsiaNews, el Custodio de Tierra Santa reviste un rol significativo en el contexto de la Iglesia en Medio oriente. Además de ser guía de la primera misión de los Frailes Menores (franciscanos) y responsable de muchos lugares de culto donde vivió Jesús, es uno de los principales interlocutores de la Iglesia católica con otras comunidades cristianas. Además, atiende los eventos socio-políticos de Israel, Palestina, Líbano, Siria, Jordania, Chipre, Rodas y El Cairo y vigila las obras sociales, educativas y culturales de la Custodia, que acoge a los peregrinos y turistas. 

A nivel mediático, es una fuente importante para la prensa occidental. Quizá sea adecuado que el nuevo Custodia tenga un título en Ciencias de la Comunicación.

Francesco Patton llega al cargo desde fuera de Tierra Santa, cosa que no sucedía desde hacía muchos años. 

El nuevo Custodio explica que intenta conocer “en primer lugar a los frailes y de sus vidas” y después las problemáticas “que los frailes mismos me identificarán”. 

Declara ser "un hombre de diálogo, de construir puentes”.

Fray Francesco Patton nació en Vigo Meano, en la diócesis de Trento, el 23 de diciembre de 1963 y pertenece a la Provincia de los Frailes Menores, en Italia. Además de italiano, habla inglés y español. Recibió la ordenación presbiteral el 26 de mayo de 1989.

En el año 1993, se doctoró en Ciencias de la Comunicación en la Universidad Pontificia salesiana de Roma. El nuevo Custodio fue dos veces secretario general del Capítulo general OFM (2003 y 2009), Visitador general (2003), Ministro provincial del Trentino (2008-2016). Presidente de la Conferencia de los Ministros provinciales de Italia y Albania (COMPI).

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Homilía para la Solemnidad de Corpus Christi.

En el centro de la historia de la humanidad se encuentra el misterio pascual, el hecho que Jesús amó a su Padre y nos amó a nosotros, hasta morir por nosotros. Este don de su vida por nosotros, Jesús ya lo había expresado simbólicamente antes de su muerte, cuando en la última cena con sus discípulos, al ofrecerles el pan y el vino, había dicho: “Esto es mi cuerpo ofrecido por ustedes” y “esta es mi sangre”. Simbolo sacramental, por lo tanto real. Este mismo misterio fue expresado proféticamente, muchas generaciones antes, por le rey Melquisedec, el cual, aunque no pertenecía al pueblo hebreo, había ofrecido al verdadero Dios un sacrificio de pan y vino (primera lectura). En fin, desde la muerte y resurrección de Jesús nosotros hacemos memoria de Él, cada vez que celebramos la Eucaristía, como nos recuerada san Pablo en su carta a los Corintios (segunda lectura) No memoria como recuerdo, sino memoria como actualización, en el sentido que nos hacemos presente en ese su único sacrificio.

Lo que celebramos hoy, en la fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo, es el misterio de la vida, del triunfo de la vida sobre la muerte. Y es bueno recordarlo cada vez de una manera o de otra, el misterio de la muerte nos toca de cerca, sea cuando una persona que es cercana falta, sea cuando hacemos experiencia de nuestros porpios límites.

 En los primeros capítulos de su Evangelio, san Lucas nos mostraba simbólicamente a María ofrecernos a su hijo como comida, poniéndolo en un pesebre, el lugar donde comen los animales, envuelto en pañales, fajado, como en una sepultura. Y en el Evangelio de hoy, el mismo Evangelista Lucas, nos muestra a Jesús en plena actividad misionera: habla al pueblo del Reino de Dios, cura a los enfermos y da de comer a la muchedumbre. Para san Lucas este relato no es primero de todo la descripción de una multiplicación milagrosa de pan; no negamos esto, sino sobre todo la descripción del misterio de Jesús al que hace participar a sus discípulos. Jesús responde a todas las necesidades de la gente. Primero habla a la gente del Reino, después cura los enfermos, en fin nutre a los hambrientos, invitando a aquellos que tienen algo a compartirlo con los otros. El multiplica pero el milagro se expande cuando nosotros osamos compartir con los otros aquello que tenemos, siempre hay de más para nosotros y los demás. Y, como señalaba el Papa Francisco el jueves, en Roma, fiesta del Corpus: le pide a los discípulos que ellos les den de comer a las gentes.

 Todo esto nos enseña que, cuando Jesús dice “Haced esto en menoria mía”, no nos invita simplemente a imitar un gesto ritual complido en al última Cena. Jesús nos llama a compartir con nuestros hermanos, a poner en común la Palabra recibida de Él, a contribuir trabajando como Él en curar todas las heridas, y en fin a repartir nuestro pan con los hambrientos, sea en el plano espiritual como material.

 No podemos entender la Eucaristía como rito aislado. No nos acercamos a ella como se fuésemos a una estación de servicio a cargar combustible al coche para continuar el viaje. No se trata solo de un rito con el cual queremos tomar fuerza, conseguir energía y coraje para hacer tadavía un poco de camino. Es participar de la comunión con Jesús, si nos dejamos amar por Él, con el Padre en el Espíritu vendrán y harán morada en nosotros, de alguna manera esta comunón nos hace cumplir los mandamientos de verdad, en Él, solos no podemos, nos hace participar de su ministerio, enseñando, curando, alimentando. Como dice el Concilio Vaticano II: “no hay nada verdaderamente humano, ajeno al Verbo Encarnado”.

 Cuando celebramos la Eucaristía, no hacemos simplemente conmemoración de la Última Cena. Sino que de verdad, nos hacemos presente en el sacrificio de Jesús, único, para recibir el don de la vida, para poder compartirla, esta vida, de la misma manera en que Jesús se dio a sí mismo, a través de su predicación, a través de las curaciones que obraba, y en fin con su muerte y resurrección aceptadas con amor. Porque la Eucaristía es real comunión con Dios, ayuda a transformar el mundo, y por eso es ya participación en la vida futura: pignus futurae gloriae, anticipo de la vida futura.

Terminemos nuestra meditación, como el Papa emérito finalizaba su homilía para este día en 2010: “Volvamos a nuestra meditación, a la Eucaristía, que dentro de poco ocupará el centro de nuestra asamblea litúrgica. En ella Jesús anticipó su sacrificio, un sacrificio no ritual, sino personal. En la última Cena actúa movido por el «Espíritu eterno» con el que se ofrecerá en la cruz (cf. Hb 9, 14). Dando gracias y bendiciendo, Jesús transforma el pan y el vino. El amor divino es lo que transforma: el amor con que Jesús acepta con anticipación entregarse totalmente por nosotros. Este amor no es sino el Espíritu Santo, el Espíritu del Padre y del Hijo, que consagra el pan y el vino y cambia su sustancia en el Cuerpo y la Sangre del Señor, haciendo presente en el Sacramento el mismo sacrificio que se realiza luego de modo cruento en la cruz. Así pues, podemos concluir que Cristo es sacerdote verdadero y eficaz porque estaba lleno de la fuerza del Espíritu Santo, estaba colmado de toda la plenitud del amor de Dios, y esto precisamente «en la noche en que fue entregado», precisamente en la «hora de las tinieblas» (cf. Lc 22, 53). Esta fuerza divina, la misma que realizó la encarnación del Verbo, es la que transforma la violencia extrema y la injusticia extrema en un acto supremo de amor y de justicia. Esta es la obra del sacerdocio de Cristo, que la Iglesia ha heredado y prolonga en la historia, en la doble forma del sacerdocio común de los bautizados y el ordenado de los ministros, para transformar el mundo con el amor de Dios. Todos, sacerdotes y fieles, nos alimentamos de la misma Eucaristía; todos nos postramos para adorarla, porque en ella está presente nuestro Maestro y Señor, está presente el verdadero Cuerpo de Jesús, Víctima y Sacerdote, salvación del mundo. Venid, exultemos con cantos de alegría. Venid, adoremos. Amén.”

¡Alabado sea el santísimo sacramento del altar y la Virgen concebida sin pecado original!

Acerca de estos anuncios

En ocasiones, algun




Tras de un amoroso lance,
y no de esperanza falto,
volé tan alto, tan alto,
que le di a la caza alcance.

1. Para que yo alcance diese
a aqueste lance divino,
tanto volar me convino
que de vista me perdiese;
y, con todo, en este trance
en el vuelo quedé falto;
mas el amor fue tan alto,
que le di a la caza alcance.

2. Cuanto más alto subía
deslumbróseme la vista,
y la más fuerte conquista
en oscuro se hacía;
mas, por ser de amor el lance
di un ciego y oscuro salto,
y fui tan alto, tan alto,
que le di a la caza alcance.

3. Cuanto más alto llegaba
de este lance tan subido,
tanto más bajo y rendido
y abatido me hallaba;
dije: ¡No habrá quien alcance!
y abatíme tanto, tanto,
que fui tan alto, tan alto,
que le di a la caza alcance.

4. Por una extraña manera
mil vuelos pasé de un vuelo,
porque esperanza del cielo
tanto alcanza cuanto espera;
esperé solo este lance,
y en esperar no fui falto,
pues fui tan alto, tan alto,
que le di a la caza alcance.


San Juan de la Cruz

Si la administración Obama, que baila al apresurado compás de la marcha LGTB, pretende condicionar las decisiones de los colegios a la inestable voluntad de niños y adolescentes; si aspira a ir de paladín de una no bien definida minoría, bien podría prestarle atención a otro grupo algo más amplio: el del 22% de estudiantes de entre 12 y 18 años que, sin distinción de sexo, sufren acoso escolar. ¿Concebirá Washington baños aparte para ellos, donde puedan mantenerse a salvo de los matones? ¿Y sectores separados de taquillas en las que estos no los encierren? ¿Y comedores donde no les arrojen la sopa a la cara?
No lo creo. Puestos a salvaguardar los intereses de las minorías, unas interesan más que otras. Aunque las que se lleven el premio no puedan aportar números fiables.
La Administración Obama ha emitido una directiva para todos los colegios públicos del país, en la cual les insta a permitir el acceso de los menores al servicio sanitario del “género” con el que estos se sientan identificados. La iniciativa no es ley, pero coloca a la escuela en la disyuntiva de aplicarla forzosamente o arriesgarse a perder fondos federales por “discriminar” en razón del sexo. Por ello, 11 estados acaban de demandarla ante un tribunal de Texas.

La “guía” de la Casa Blanca llega precisamente cuando en el gobernador de Carolina del Norte, Pat McCrory, esquiva como puede los dardos que le lanzan lo mismo Bruce Springteen que grandes empresas como el Deutsche Bank, Starbucks, Yahoo, etc., y hasta el Departamento de Justicia. Su “falta grave”, que le ha merecido varios boicots al estado, es haber firmado una ley para que los menores, en sus colegios, usen exclusivamente el baño que les corresponde según su sexo biológico. No el “género sentido”, el “supuesto”, el “deseado”, etc., sino… ¡el que tienen!
Aceprensa
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Los indecisos son personas que nunca sabe bien qué hacer, que están siempre dudando sobre sus actuaciones futuras, y que cuando por fin se deciden pasan a dudar de sus actuaciones pasadas. Son complicados, problemáticos, atormentados, están siempre perdiendo oportunidades. Jamás se sienten seguros y conformes con lo que han elegido.
Hay que empezar por decir que sentirse indeciso no es en sí mismo nada malo. Y que la rapidez en las decisiones no siempre es buena, pues cabe el error contrario, el de ser precipitados. Y también puede añadirse que muchas veces la duda es el gran motor del cambio personal, lo que nos hace repensar las cosas, corregir errores, mejorar nuestros planteamientos o nuestras actitudes.
Lo que no conviene es que la indecisión se convierta en el eje de nuestra conducta. Tenemos que ver si el hecho de prolongar el tiempo de análisis nos aportan un mejor conocimiento o si, por el contrario, lo único que hace es prolongar patológicamente nuestro miedo a equivocarnos. Cada uno tenemos que conocernos, y considerar si tendemos a ser demasiado decididos o más bien tendemos a ser demasiado indecisos, para así, en función de eso, autoestimularnos en la dirección que necesitemos.
A veces, para combatir la indecisión, es útil buscar feedback de otras personas: verbalizar las razones, a favor o en contra, en presencia de alguien que nos ayude a objetivarlas, a centrarlas, a ver si verdaderamente están alineadas con lo que buscamos. Todos tenemos experiencia de cómo una maraña de ideas en la cabeza puede desenredarse en cuanto esas ideas salen de su encierro y se contrastan con las de otros.

"¿Por qué digo colonización ideológica? Porque toman, toman la necesidad de un pueblo o la oportunidad de entrar y hacerse fuertes, (con libros de texto) para niños. Pero esto no es una novedad. Lo mismo hicieron las dictaduras del siglo pasado. Entraron con su doctrina. Pensad en los Balilla, pensad en la Juventud Hitleriana” (Francisco, 19 de enero de 2015).


La primera vez que el Santo Padre denunció la "colonización ideológica” fue en Filipinas, en enero de 2015.
"Existen colonizaciones ideológicas” (Francisco).
Más tarde, durante el vuelo de regreso a Roma, explicó que consiste en imponer a los pueblos ideologías que son ajenas a sus principios.
"¿Por qué digo colonización ideológica? Porque toman, toman la necesidad de un pueblo o la oportunidad de entrar y hacerse fuertes, (con libros de texto) para niños. Pero esto no es una novedad. Lo mismo hicieron las dictaduras del siglo pasado. Entraron con su doctrina. Pensad en los Balilla, pensad en la Juventud Hitleriana” (Francisco, 19 de enero de 2015).
Allí recordó que durante el Sínodo los obispos africanos denunciaron una "colonización ideológica” de su continente. Dijeron que algunos organismos internacionales condicionaban ayudas a cambio de cambios en legislaciones sobre el control de la población o matrimonio entre personas homosexuales.
"Me refiero a que hay países que reciben este mensaje: sólo te daré ayudas si cambias legislación. Obama lo dijo explícitamente en Kenia” (Card. Wilfrid Fox Napier, Arzobispo de Durban, Sudáfrica).
En Roma, el Papa también criticó otras manifestaciones de colonización ideológica como la eutanasia o el aborto.
"El pensamiento dominante propone a veces una falsa compasión: la que presenta como una ayuda a la mujer el favorecer el aborto” (Francisco).
Aunque su mayor denuncia fue en México. Allí criticó con especial dureza las ideologías que atacan a la familia.
"Hoy en día vemos y vivimos por distintos frentes cómo la familia está siendo debilitada, cómo está siendo cuestionada. Cómo se cree que es un modelo que ya pasó. Y terminamos siendo colonias de ideologías destructoras de la familia, del núcleo de la familia, que es la base de toda sana sociedad” (Francisco, 15 de marzo de 2016, en México).
También alertó de este tipo de ataques durante su aplaudida intervención en la ONU ante decenas de Jefes de Estado. Allí dijo que si no se reconoce ni se defiende una ética común, el ideal de un mundo sin guerras será un espejismo.
"O, peor aún, en palabras vacías que sirven de excusa para cualquier abuso y corrupción, o para promover una colonización ideológica a través de la imposición de modelos y estilos de vida anómalos, extraños a la identidad de los pueblos y, en último término, irresponsables” (Francisco, 25 de septiembre de 2015).
Si uno de los puntos claves del pontificado de Francisco es la familia, la colonización ideológica es uno de sus principales enemigos. Eso explica que haya dedicado tantas catequesis y un largo Sínodo para afrontar las dificultades de acción y compartir experiencias que ayuden a fortalecer a las familias.
Para Francisco la familia es el pilar más básico que sostiene una sociedad porque sus ciudadanos encuentran allí el primer hospital y la primera escuela, el ámbito donde aprender a sacrificarse por los demás y a convivir.
Fuente: romereports.com.


Cuando se habla de opinión pública con respecto a la Iglesia católica, se suele pensar en la imagen que esta tiene en la sociedad. Pero hay además una opinión pública en el seno mismo de la Iglesia, consecuencia natural de que en ella los fieles tienen libertad de expresión con respecto a los temas que afectan a la comunidad cristiana.

La opinión pública en la Iglesia existe, aunque nunca se la ha llamado así, pues la Iglesia no es una comunidad política ni democrática. Pero como es una comunión, supone necesariamente la comunicación. Toda comunicación conlleva un cierto debate, que en el caso de la Iglesia lleva a una singular “opinión pública”.
Esta se manifiesta o se expresa en modos diversos según la materia sobre la que versa: cuando se trata de las exigencias de la fe, se llama sensus fidelium y se comporta –o se debería comportar– como cabe esperar respecto al dogma y sus exigencias para la comunión en la fe; cuando se trata de cuestiones de gobierno que afectan al bien de la comunión, rige –o debería regir– el principio jerárquico, es decir, el de las exigencias de la comunión; y, en tercer lugar, cuando se ocupa de cuestiones contingentes, estamos –deberíamos estar– en el ámbito del debate y de la opinión libre, en el ámbito de la disputa, que conlleva las exigencias de la libertad y la pluralidad.

Aceprensa
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El Padre Leandro Bonnin escribe mucho y muy bien a través del Facebook. Y él no hace catarsis como yo sino que ve la realidad desde la mirada de Dios. En sus escritos es profundamente teológico. Por eso, con su permiso, es que quiero compartirles este artículo que subiera el lunes. Creo que echa mucha luz sobre la actual realidad “clerical” de nuestra Arquidiócesis. Como escribe para el Face, el que no tiene negrillas, utiliza las mayúsculas para subrayar. Yo (Siga leyendo en el blog haciendo click en el título... )



Es gracioso el vídeo, pero me pregunto qué pasaría si cambiáramos los papeles: si fuese un chico quien riñera a una chica utilizando un lenguaje supuestamente femenino, por ejemplo el de las revistas de cotilleo. Dirían, con razón, que se trata de un vídeo intolerable y machista. 
¿Deducimos entonces que éste es un vídeo "hembrista"? Sin duda, aunque personalmente me traiga sin cuidado.
Enrique Monasterio

En la línea de conocer y dar a conocer iniciativas de apoyo a la familia, concretamente las referidas a los niños y las personas mayores y dependientes, The Family Watch ha realizado una Jornada de Buenas prácticas en Cuidados Familiares.

Al acto han asistido representantes de Familia de la Xunta de Galicia, el Ayuntamiento de Madrid, Avilés, Fuenlabrada, Valdemoro, Guadalajara, y entidades asistenciales como la el Hospital Laguna, Vitalia, (Método Hoffmann), o Académicas como la Universidad de Zaragoza y Siposo.

“Las escuelas infantiles son una alternativa para la crianza de los niños, pero las políticas de apoyo a la familia deben de ir en la línea de fomentar que los padres puedan pasar más tiempo con sus hijos”, esta es una de las primeras conclusiones en las que han coincidido los expertos invitados.


La implicación de todos los vecinos es clave para ciudades como la de Avilés, cuyo representante, Marco Antonio Luengo, Director del Área de Promoción Social del Ayuntamiento de Avilés, explicó sus iniciativas en materia de dependencia. El denominado “voluntariado de proximidad”, es una iniciativa que fomenta que los propios vecinos cuiden de sus mayores. “Un empoderamiento con la persona dependiente, con su familia, con los profesionales y las instituciones, en el que han creado sus propias redes de apoyo mutuo, mejorando la calidad de vida, el tiempo, su salud y el bienestar emocional”.

Begoña Cortés, Concejal de AASS e Igualdad del Ayuntamiento de Valdemoro, explicó su plan para fomentar la autonomía personal de las personas dependientes. Tal y como indicó durante su ponencia, “el concepto de familia cuidadora sostenible pretende dotar de las capacidades necesarias a la familia para poder afrontar la situación de dependencia de tal forma que no renuncien a su proyecto vital. Este modelo supone trabajar con las fortalezas de la familia y con recursos externos. 

Es aquí donde entra en juego las administraciones, con programas de respiro familiar en residencias, terapias familiares, formación de los cuidadores, y un largo etc.” Como novedad, en esta localidad madrileña se va a crear una exposición de “Casa adaptada”, en el que las familias podrán ver, como sería su casa con los elementos necesarios para que los mayores tengan su casa adecuada a sus necesidades.

Así, la Directora General de Familia de la Xunta de Galicia, Amparo González, presentó el proyecto estrella de sus políticas de fomento de la conciliación, las “Casas Nido”: en aquellas localidades gallegas con menos de 5000 habitantes, se establecerá unas casas nido, para que las personas con hijos menores de 3 años que trabajan, puedan dejar de forma gratuito a sus hijos. Esta iniciativa, pionera en España, está dentro del plan de dinamización demográfica de la Xunta de Galicia.

larazon.es



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