noviembre 2015

Martes 1 Adviento C“Lleno de la alegría del Espíritu Santo, exclamó Jesús: “Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien”. “¡Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis!” (Lc 10,21-24)

Hay alegrías y alegrías.
Alegrías que nos vienen de las cosas.
Alegrías fruto de la acción del Espíritu.

De las pocas veces que el Evangelio nos habla de Jesús hablando con el Padre, nos dice que lo hacía “lleno de la alegría del Espíritu Santo”.
Alegrías fruto de la experiencia del Evangelio en el corazón de los sencillos.
Alegría fruto de cómo la gente simple abre su corazón a Dios.
Alegría fruto de la experiencia de cómo los que no tienen nada, se abren a la esperanza del anuncio del Evangelio.

Me imagino que todos han leído la Exhortación “El gozo del Evangelio” del Papa Francisco. Sin embargo no me resisto a copiar su comienzo:

“La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes de dejan salvar por El son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre renace la alegría, En Esta Exhortación quiero dirigirme a los fieles cristianos, para invitarlos a una nueva etapa de evangelizadora marcada por esa alegría, e indicar caminos para la marcha de la Iglesia en los próximos años” (1)

“Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar ola decisión de dejarse encontrar por El, de intentarlo sin descanso. No hay razón para que alguien piense que esta invitación no es para él, porque “nadie queda excluido de la alegría reportada por el Señor”. (3)

Y termina esta introducción con las palabras de San Pablo: “Alegraos siempre en el Señor. Os lo repito, ¡alegraos!” (18)

Una evangelización que invita a la alegría.
Una predicación que invita a la alegría.
Una oración hecha en la alegría de la experiencia del Espíritu.
Una Iglesia que anuncia y predica la alegría.
Una vida cristiana vivida en la alegría del Espíritu.

Esta oración de Jesús:
Es fruto de la primera experiencia del anuncio del Evangelio por los discípulos.
Es fruto de cómo la gente sencilla, que no tiene estorbos en el corazón, se abre al Evangelio.
Es fruto de cómo Dios se manifiesta a los sencillos.

La pregunta que tendríamos que hacernos es clara:
¿Anunciamos el Evangelio como Buena Noticia para la gente sencilla?
¿Sentimos el gozo de cómo los corazones sin apegos se abren a Dios?
¿Nuestra oración está llena del Espíritu Santo o es más bien nuestra manera de orar?
¿Nuestra oración es una oración llena de alegría o está marcado por el desaliento?
¿Nuestra oración es una oración gozosa de nuestra experiencia pastoral?
¿Nuestra oración es gozosa porque “vemos lo que otros no ven”?

No dudo de que nuestra oración tenga momentos en que esté marcada por el dolor de nuestras infidelidades.
Pero, aún entonces, debiera ser una oración gozosa, conscientes de que el Espíritu puede cambiar nuestros corazones.
Nuestra oración debiera estar marcada más por lo que Dios es capaz de hacer en nosotros que por lo que nosotros hemos hecho.
Nuestra oración no puede ser un simple pensar desde nosotros, sino un abrirnos a la acción del Espíritu en nosotros.

Que este tiempo del Adviento, nuestra oración sea la gozosa experiencia de Dios que viene a nosotros.

Clemente Sobrado C. P.


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Queda poco para celebrar la Navidad, una de las fiestas litúrgicas más importantes de la cristiandad. Para prepararse para esta celebración, los cristianos cuentan con un tiempo muy especial, llamado Adviento, una palabra que procede del latín «adventus» y que significa venida, llegada.

Comprende los cuatro domingos anteriores a la Navidad, es decir, comienza el domingo más próximo al 30 de noviembre y se prolonga hasta el 24 de diciembre. Junto a la Pascua, es uno de los tiempos litúrgicos más fuertes y una oportunidad para la reflexión y revisión de la propia vida ante la inminente llegada del Señor.

1. Una tradición muy antigua

No se puede determinar con ningún grado de certeza cuándo se introdujo en la Iglesia por primera vez la celebración del Adviento. La preparación para la fiesta de la Navidad no se celebraba antes que existiera la fiesta misma, y no encontramos evidencia de estoantes del final del siglo IV cuando, según Duchesne (Culto Cristiano, Londres, 1904, 260), se celebraba en toda la Iglesia, por algunos el 25 de diciembre, por otros el 6 de enero.

2. Un tiempo de espera y penitencia

Durante las cuatro semanas de Adviento, la liturgia suprime una serie de elementos festivos. De esta forma, en la misa ya no se reza el Gloria, se reduce la música con instrumentos, los adornos festivos y las vestiduras del sacerdote son de color morado, que significa penitencia.

Según explica la agencia ACI, estos signos "son una manera de hacer tangible que mientras dura la peregrinación, nos falta algo para que nuestro gozo sea completo. Y es que quien espera es porque le falta algo. Cuando el Señor se haga presente en medio de su pueblo, habrá llegado la Iglesia a su fiesta completa, significada por solemnidad de la fiesta de la Navidad".

3. Las lecturas bíblicas

La primera de las semanas de Adviento está centrada en la venida del Señor al final de los tiempos. La liturgia nos invita a estar en vela, manteniendo una especial actitud de conversión. La segunda semana nos invita, por medio del Bautista a «preparar los caminos del Señor»; esto es, a mantener una actitud de permanente conversión. Jesús sigue llamándonos, pues la conversión es un camino que se recorre durante toda la vida.

La tercera semana preanuncia ya la alegría mesiánica, pues ya está cada vez más cerca el día de la venida del Señor. Finalmente, la cuarta semana ya nos habla del advenimiento del Hijo de Dios al mundo. María es figura, central, y su espera es modelo y estímulo de nuestra espera.

4. Las tres figuras del adviento

Las lecturas bíblicas de este tiempo de Adviento están tomadas sobre todo del profeta Isaías (primera lectura), también se recogen los pasajes más proféticos del Antiguo Testamento señalando la llegada del Mesías. Isaías, Juan Bautista y María de Nazaret son los modelos de creyentes que la Iglesia ofrece a los fieles para preparar la venida del Señor Jesús.

5. La solidaridad

El tiempo de Adviento es muy apropiado también para acentuar la vivencia de la caridad y solidaridad con los más necesitados.

El Papa Francisco viene de proclamar un Año Santo Extraordinario de la Misericordia, que se inaugurará el próximo día ocho de diciembre con la apertura de la Puerta Jubilar en la Basílica de san Pedro de Roma. Él nos ha pedido a todos los cristianos que durante este año pusiésemos en práctica las obras de misericordia espirituales y materiales a través de gestos y signos concretos. ¡Qué buena oportunidad para hacerlo en este tiempo de Adviento!

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En un clima de oración y a la vez de afecto y muy amistosa convivencia, hemos despedido al que ha sido nuestro Obispo durante once años. Se lleva como recuerdo nuestro agradecimiento y cariño, simbolizado en un pectoral y un anillo episcopal, que entre todos le hemos regalado. Y nos deja el pesar por su partida y el gozo de que Barcelona recibe a un buen obispo.

Los afamados poetas de nuestro presbiterio le han dedicado, al final de la comida que hemos compartido, estas cariñosas letrillas que hemos cantado con la sonrisa en los labios y afecto en el corazón:

Once años y medio ha sido Padre y Pastor en la fe, años en los que ha querido y se ha dejado querer.

La fotografía, del gran fotógrafo el sacerdote Jesús Mª Ortega, recoge un momento de la Misa en la preciosa capilla de nuestro Seminario de Logroño. Yo soy el que está marcado con el circulito.

Casa Farnsworth
El arquitecto Fernando Martinez García-Ordóñez falleció falleció en Valencia el 21 de noviembre  a la edad de 93 años. Con frecuencia hacía alusión a uno de sus grandes maestros: Mies Van del Rohe quien solía sentenciar de que, en el ámbito de la arquitectura, “menos es más”. Pensamos que esto merece una reflexión. 

La verdad, como la belleza, son cualidades que se identifican por sí mismas. No precisan de más. Según esta filosofía, si un edificio necesita de adorno superficial para acreditar su belleza, esto indicaría una cierta falta de belleza propia. Lo que vemos sería una careta artificial.


Colegio Guadalaviar
La auténtica belleza es estructural, no pura apariencia; emana más de la armonía de su contenido interior que del aspecto superficial. Al menos así ocurre en la manifestaciones de la belleza natural. La belleza humana, por ejemplo, no se desprende de la envoltura o de los adornos, estos contribuyen a realzarla, pero no la determinan. Son los componentes volumétricos que emergen bajo la superficie quienes determinan la belleza de un rostro y no sólo la piel.


No olvidemos, porque estamos de vacaciones, todo el esfuerzo que hicimos para mejorar día con día cuando estábamos en tiempo de trabajo // Autor: Ma. Esther De Ariño | Fuente: Catholic.net

Sería interesante preguntarnos si la vida interior puede o debe tener vacaciones.

Primero partiremos de lo que significa o encierra la palabra: vacación.

Vacación es la suspensión del trabajo o del estudio durante algún tiempo y este tiempo de asueto, descanso y recreo que siempre ha sido sumamente necesario para el hombre, lo es mucho más para el hombre de nuestros días. Y al decir el hombre nos referimos también a la mujer y a los pequeños y grandes estudiantes que llevan un tiempo largo y sostenido en sus quehaceres y trabajos.


El periodo de vacaciones es muy saludable para la mente y para el cuerpo pues la rutina y el esfuerzo de la vida diaria pueden llegar a sumirnos en el estrés y por lo tanto al menor rendimiento de nuestras capacidades. Todo esto lo sabemos y está muy bien hasta ahí, pero.. ¿y la vida interior... el espíritu?

Decididamente es otra parte de la que sabemos se compone el hombre y no puede entrar en vacaciones. El enemigo acecha, siempre está alerta... él no tiene vacaciones.

Darle vacaciones a nuestra vida interior sería empezar a perder terreno en la batalla del bien contra el mal.

Nuestro espíritu se nutre de la oración, de la meditación, de la cercanía de los Sacramentos y de la presencia de Dios.

Estamos de acuerdo que el cambio en nuestro modo de vivir por vacaciones hará un poco distinto lo habitual pero hemos de procurar dar en todo momento un lugar preponderante a esta parte íntima de nuestro ser.

Hemos de acrecentar el deseo de orar, de elevar nuestra alma al Creador al contemplar una puesta de sol, quizá el mar, quizá la montaña. ¿Quién no puede encontrar, si quiere, un momento para darle gracias a Dios por el lindo día de campo, de viaje, de museos, de alegre diversión, de descanso, de encuentro con amigos o familiares distantes y pedirle nos siga bendiciendo y aumentando nuestra fe, en el siguiente día?

¿Quién no puede, si se lo propone, cumplir con el precepto de la Misa los domingos y tratar de buscar la palabra adecuada, la semilla buena, dejada caer como al azar, para que más tarde germine en el alma de quien tuvimos la ocasión de tratar en un viaje, o en una reunión?

Las vacaciones de nuestro espíritu son un mayor acercamiento a Dios. Ahí se robustece, ahí cobra mayor vigor.

No olvidemos, porque estamos de vacaciones, todo el esfuerzo que hicimos para mejorar día con día cuando estábamos en tiempo de trabajo, por el contrario, empeñemos en obtener, donde quiera que estemos, un mejoramiento y superación en nuestra vida interior y el recuerdo de, que por donde pasamos, intentamos dejar una huella de luz para los demás.

Nota seleccionada para el  blog del Padre Fabián Barrera

Tomás, encerrado, grita con todas sus fuerzas y se aferra con firmeza a la valla de madera. Otros niños juegan indiferentes a su alrededor. Llama la atención, sobre todo, porque ninguno le hace caso. Los demás lo miran como extrañados. 

El llanto de la criatura importa solo a los adultos y, en este caso, no demasiado. Las profesoras están un poco cansadas: lleva un mes de colegio y sigue inconsolable. Todos los días lo mismo: aguanta una o dos horas distraído… para sumirse en la desesperación más absoluta.

Su hermano, en el patio de los grandes, juega ufano al fútbol. Le importa muy poco que Tomás lo pase mal. Ya lo superará. Parte de razón lleva, porque la angustia del pequeño obedece a un motivo: está persuadido de que sus padres no volverán a recogerlo del colegio y se quedará toda la vida allí.

La mañana del jueves encontró un adulto que le hizo caso. El sacerdote del colegio pasaba por delante de su patio y lo vio llorando. Se acercó solícito y la profesora le explicó la situación.
–No tengas miedo, Tomás, que esta tarde vendrán a por ti, ya lo verás…

La profe le advirtió: –No le diga eso. Para él, esta tarde aún está excesivamente lejos… Si quiere consolarle, mejor tendrá que usar otras palabras, tales como que sus padres ya están aquí y que llegarán enseguida. El tiempo para Tomás se hace demasiado largo en ausencia de sus padres.

¡Menuda lección! El tiempo se hace largo cuando falta la persona en quien tenemos puesto el corazón. Así debían sentirse los cristianos de la primera Iglesia. Habían convivido día y noche con Jesús; muchos fueron testigos de la resurrección y un grupo grande de ellos contempló, con tristeza y esperanza, la ascensión.

¿Cuándo volverá el Señor? Se lo preguntaban con frecuencia. Lo deseaban de todo corazón: no porque estuvieran mal aquí, sino porque le echaban muchísimo de menos. Sabían que Cristo vive y que se ha quedado en la Eucaristía: lo tenían tan claro o más que nosotros. De eso no cabe duda. Pero… recordaban la calidez de su voz, la dulzura de su mirar, la autoridad de su palabra… ¡todo! y deseaban, como es lógico, que volviera pronto.

«Dios todopoderoso», rezamos, «aviva en tus fieles, al comenzar el Adviento, el deseo de salir al encuentro de Cristo, que viene, acompañados por las buenas obras, para que, colocados un día a su derecha, merezcan poseer el reino eterno».

Si Cristo te dijera, que viene dentro de pocas horas… ¿qué reacción tendrías? Y después, ¿qué pensarías? Los primeros cristianos se llenarían de alegría. ¿Y tú?

Comenzamos hoy el tiempo de Adviento, que nos sirve para prepararnos para las dos venidas de Cristo. Una, la primera, tuvo lugar hace algo más de dos mil años en Belén. La recordaremos el día de Navidad y volveremos a vivir el misterio del Nacimiento de Jesús. Nos separan de esa celebración cuatro semanas (el Adviento) de intensa preparación.

Pero este tiempo particular de la Iglesia también persigue en el alma del creyente un segundo objetivo: disponer su corazón para la última y definitiva venida de Cristo. Este será el tema de las oraciones de la Misa y de muchas de las lecturas durante las tres primeras semanas.

¡Ven, Señor Jesús! Desear que Cristo vuelva no es despreciar las cosas de la tierra, sino tener la persuasión de que, si lo de ahora es bueno, es mucho mejor lo que está por venir. No está de más que nos recuerden y recordemos cada uno personalmente –otra vez– que estamos de paso. Lo bueno, sin duda, aún está por llegar.

Fulgencio Espá

El próximo 8 de diciembre, la Iglesia celebra la fiesta de la Inmaculada Concepción, que este año cobra especial importancia porque la festividad coincide con la apertura del año Santo de la Misericordia que ha promulgado el Papa. Las diferentes catedrales y parroquias de España comienzan hoy la tradicional Novena a la Inmaculada. 

En la Archidiócesis de Madrid, la Basílica de la Concepción de Nuestra Señora (calle Goya 26), el rector José Aurelio Martín, junto con otros sacerdotes, predicarán todos los días a las 19.30 horas sobre los actos de caridad: dar de comer al hambriento, enseñar al que no sabe, dar posada al peregrino, etc. El 8 de diciembre, a las 13 horas, la misa solemne en esta Basílica, será presidida por José María Gil Tamayo, secretario general de la Conferencia Episcopal. 

 Además de los nueves días previos a la fiesta de la Inmaculada, se celebra con especial devoción la vigilia anterior a la festividad. Así, en la Archidiócesis de Madrid tendrán lugar especialmente tres vigilias diocesanas: en la Catedral de la Almudena, presidida por el arzobispo Carlos Osoro, en la Basílica de la Merced (c/General Moscardó, 23) y en el Santuario de María Auxiliadora (Ronda de Atocha, 25). Todas empezarán a las 9 de la noche y en ellas tendrán especial significado la juventud y la familia. 

 El lema de este año de la Inmaculada es “Haced lo que Él os diga” (Jn 2, 5). “Ante la persistente crisis de valores humanos, familiares y religiosos, la Virgen, como solución a estos problemas, nos exhorta a que se haga lo que Jesús diga”, reza un mensaje de la Archidiócesis de Madrid. Por su parte, en la diócesis de Astorga comienza hoy la novena a la Inmaculada en la capilla del Seminario diocesano. A las 20.00 se celebra cada día una Eucaristía con homilía, conmemorando una obra de misericordia: enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que lo necesita, corregir al que se equivoca, perdonar al que nos ofende, etc... 

 Asimismo, en la diócesis de San Sebastián, presidida por el arzobispo José Ignacio Munilla, la pastoral universitaria ha organizado una novena de preparación a la fiesta de la Inmaculada, en la Basílica de Santa María, todos los días a las 20:00 horas. El 7 de diciembre se celebrará una vigilia de oración, de 23:00 a 24:00 horas. Y el martes 8, el Obispo presidirá la Eucaristía en la Catedral del buen Pastor, a las 18:00 horas. También el arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo, ha escrito una carta pastoral que publica en la primera página de su Web titulada: “Bendita sea la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María’. 

Entre otras cosas, recuerda que esta “tradición inmaculista, no debe perderse entre nosotros”. Por ello, en las vísperas de esta solemnidad, “invito a todos los cristianos de la archidiócesis, y muy especialmente a los jóvenes, a la Vigilia de la Inmaculada, que tendrá lugar en la noche del día 7 en la Catedral”. También en Valladolid, se celebra la novena a la Inmaculada todos los días a las 20.00 horas en la catedral. La vigilia será presidida por el arzobispo Ricardo Blázquez, presidente de la Conferencia Episcopal. 

En la catedral de Zaragoza, todos los días, a las 20.00 se celebra una eucaristía con un tema mariano. Y en la de Santiago, diariamente, a las 20:15, se celebra una Misa con homilía y canto de la Salve. Concelebran los capellanes de los colegios mayores y residencias de la ciudad. Estos actos marianos multitudinarios se vienen realizando ininterrumpidamente desde que en 1947, fueron instaurados por el Siervo de Dios, el padre Tomás Morales, S.J., actualmente en proceso de canonización en Roma.

religionconfidencial.com



Los jóvenes necesitan ser educados en la belleza, la verdad y la bondad, algo que todo buen maestro sabe transmitir con la materia que enseña. Nos habla el Dr. Ayllon:
(I). Damos por sentado que la educación es una tarea tan importante como difícil, y que escuela y familia, padres y profesores, pueden mejorar mucho. Dicho esto, debo añadir que Educación: guía para perplejos (Inger Enkvist[1], Ediciones Encuentro, 2014), es una mina de información, experiencia y sentido común. Una lectura, por tanto, altamente recomendable a padres y profesores.
Inger Enkvist, catedrática de Español en Suecia, describe la politización de las reformas educativas en muchos países occidentales; analiza los errores de la llamada nueva pedagogía, nacida con la revolución de mayo del 68; destaca, entre esos errores, el haber confundido la igualdad de derechos con el derecho a no ser evaluado negativamente; explica que esa premisa equivocada lleva a sustituir el aprendizaje por la mera escolarización, suficiente para conseguir su triple ideal: autonomía, tecnología y facilidad.
El igualitarismo −nadie puede ser mejor ni peor− lleva consigo la devaluación de contenidos, la sustitución de los exámenes difíciles por los trabajos fáciles, y el paso de las calificaciones objetivas a la ambigüedad del “progresa adecuadamente”.

En la raíz de la nueva pedagogía encontramos también a Rousseau. Su romántico buenismo, al poner el énfasis educativo en los sentimientos y la motivación, ha desprestigiado la autoridad del profesor y el esfuerzo de la voluntad. Por eso, cada vez hay más “escuelas en donde no se lleva a cabo ningún tipo de educación, ni intelectual ni moral”. Al buenismo le cuesta digerir el aumento de vandalismo y de acoso escolar, pues en la escuela lúdica y divertida no debería existir la violencia. Pero los hechos demuestran lo contrario: que, si la familia y la escuela no exigen el cumplimiento de ciertas normas, ellas mismas pagan las consecuencias, y después la sociedad entera.
Frente a la facilidad como ideal, toda educación de calidad ofrece programas de estudio exigentes, para que los jóvenes sientan su tarea como un reto que puede ser gratificante. Esa calidad implica fijar umbrales para acceder a los diferentes cursos, pues de lo contrario se forman bolsas de fracaso escolar que tienden a colapsar el sistema y llevan a un fracaso vital más amplio. En la evaluación internacional PISA, los países con mejores resultados son los que centran la educación en el aprendizaje esforzado, no los que prefieren la autonomía del alumno. Es la diferencia, por ejemplo, entre Finlandia y Suecia. En Finlandia no ha entrado la nueva pedagogía, la selección del profesorado es exigente y su retribución económica es alta, igual que su reconocimiento social.
Además, la falta de estudio y de lectura produce ignorancia conformista y esquemas mentales muy limitados. Exigir esfuerzo a los alumnos es mostrarles respeto. “De ninguna manera los adultos, y menos los profesores, deben respetar la cultura de la incultura
Continuará, por supuesto.
(y II). Había prometido terminar la reseña de Educación. Guía para perplejos, libro de Inger Enkvist, profesora sueca que demuestra sabiduría y experiencia al analizar las causas del éxito y del fracaso escolar y educativo. Esta entrada es más larga de lo habitual, pero el libro reseñado lo merece.
La educación de un joven −nos dice− es un proyecto de colaboración entre el propio joven, la familia, la escuela y la sociedad. Si hubo un tiempo donde cada uno sabía qué papel le correspondía, actualmente todo parece confuso: los profesores ya no responden a la imagen que solíamos tener de ellos, pero tampoco los alumnos ni los padres. Ni la sociedad, por supuesto. En medio de esa desorientación, padres y profesores deben utilizar todos los recursos a su alcance: su energía física, su equilibrio psíquico, su madurez, su sentido de responsabilidad y su sentido del humor.
Los padres no deben entender la familia como una democracia, y menos aún niñocéntrica. Al colocar al hijo en el centro corren el peligro de sobredimensionar su importancia y conseguir que piense que se le debe todo. La falta de agradecimiento y el mal comportamiento son su consecuencia natural. Algo peor sucede, como es lógico, cuando los padres no encarnan el modelo que deberían y son más bien antimodelos. Entonces el fracaso educativo está servido. Solo algunos jóvenes muy fuertes logran transformar esa experiencia en la decisión de “no ser como sus padres”, convirtiéndose a veces en los “padres de sus padres”.
La escuela ha sido la casa de la verdad hasta que el relativismo ha puesto por delante los valores de la convivencia, que se reducen a no herir los sentimientos del compañero o alumno, aunque se porte mal. Pero es perverso permitir la indisciplina, así como hablar deinclusión cuando se trata de alumnos que destruyen la escuela. Resulta contradictorio parlotear sobre la convivencia y no exigir las condiciones que la hacen posible. Porque el buen comportamiento de alumnos y profesores es condición necesaria del aprendizaje, y no se ha encontrado otra manera de educar. Quizá sea difícil de conseguir en algunos centros, pero conviene saber que cualquier escuela problemática deja de serlo en cuanto se propone cumplir normas básicas de puntualidad, vestimenta decorosa y obligación de hacer las tareas. Sin ese empeño, tendríamos que reconocer que somos injustos con los alumnos que quieren aprender y pierden el tiempo por el boicot de otros alumnos, en una especie de “escuela al revés” que hace exacto el célebre título la conjura de los necios.
También resulta contradictorio que el Estado haya introducido la escolarización obligatoria y no el aprendizaje obligatorio. Es contradictorio insertar a un alumno por su edad y no por sus conocimientos, porque ese criterio manifiesta un desprecio por la educación en el seno del mundo educativo.
El informe McKinsey 2007 dice que el factor clave para el éxito educativo es la inteligencia y preparación del profesor, no la inversión en edificios y materiales. Para nuestra autora, el profesor no debe ser autoritario ni carismático, sino profesional, con una preparación que requiere ocio para leer y viajar, tiempo para las librerías, las bibliotecas, los museos, los conciertos, el teatro, el arte…
En el buen profesor se da un constante aprendizaje teórico y práctico, que produce pequeñas mejoras continuas, no cambios drásticos. La nueva pedagogía, por el contrario, tiende al pedagogismo: una fiebre innovadora que produce cambios incesantes e innecesarios. Así hemos llegado a un infantilismo educativo que “en vez de preparar al niño y al joven para las exigencias de la vida adulta, se le invita a estar siempre jugando, satisfecho de sí mismo”.
La innovación educativa no es siempre mejor que la tradición, pero la prensa ama la novedad. Un Ministerio de Educación que se concentra durante años en un buen proyecto, no genera noticias, mientras la crítica de cualquier político a ese proyecto puede aparecer en titulares. Así, el público oye constantemente que lo que propone el Gobierno está mal, y eso resulta deprimente y negativo.
Si la dirección de un colegio habla más de métodos que de contenidos, hay que tener cuidado. Los métodos son importantes, pero solo como apoyo casi invisible al contenido y al pensamiento. Un buen método de lectura es, sin duda, importante, pero el mejor de los métodos no enseñará a leer en menos de 200 horas, y nadie se convertirá en un buen lector si no invierte 5.000 horas.
Los jóvenes necesitan ser educados en la belleza, la verdad y la bondad, algo que todo buen maestro sabe transmitir con la materia que enseña. Frente a ese clima enriquecedor, la ideologización y politización de la escuela denota y produce subdesarrollo intelectual en un país. Es curioso que los neomarxistas, tan críticos, no se pregunten por qué nadie pide refugio político en Cuba, Venezuela, Corea del Norte o Zimbawe.
Reseña de José R. Ayllón


[1] Inger Enkvist es catedrática de español en la Universidad de Lund, Suecia. Experta en literatura hispánica, ha centrado su investigación en las obras de Mario Vargas Llosa y Juan Goytisolo. Es miembro del Consejo académico de la Cátedra Mario Vargas Llosa, en la Biblioteca virtual Miguel de Cervantes. Formó parte del Consejo sueco de educación superior y es miembro de la Academia argentina de ciencias políticas y morales. Su trabajo sobre educación aborda fundamentalmente las relaciones entre pensamiento y literatura, la enseñanza de idiomas así como el análisis de las políticas educativas y la comparación de sistemas educativos de diferentes países. En español ha publicado, entre otros libros, La educación en peligro (2000), Repensar la educación (2006) y La buena y la mala educación (2011).

Después de la Misa, el Papa presidió una vigilia de oración con los jóvenes de República Centroafricana en la explanada de la catedral de Bangui.

Uno de ellos explicó a Francisco cuáles son sus principales dificultades como el acceso a la educación, el desempleo, la falta de paz y la violencia. Le contó que muchos jóvenes desean marcharse para buscar un futuro mejor y le lanzó  una pregunta directa.

"Díganos, Santo Padre, ¿qué espera de los jóvenes de Centroáfrica?, ¿qué debemos hacer para que la paz y la prosperidad reinen en nuestro país?

Francisco les pidió que resistan, que no abandonen su país pese a las dificultades.
FRANCISCO 
"El camino que se os propone en este momento difícil de guerra, de odio y división es el camino de la resistencia. Decía vuestro amigo que alguno de vosotros quiere irse. Huir a los desafíos de la vida no es nunca una solución. Es necesario resistir, tener el valor de la resistencia, de la lucha por el bien”.

El Papa les explicó que la oración es fundamental para resistir cualquier adversidad. También les dijo que la paz se construye día a día, de forma artesanal.

FRANCISCO
"Alguno me puede decir, "Dígame padre, ¿cómo puedo ser yo artesano de la paz? Primero no se debe odiar nunca. Y si uno te hace algo mal, hay que intentar perdonar. Nada de odio. Mucho perdón”. 

Les explicó además que es posible perdonar a los enemigos e incluso amarlos. De ese modo, dijo el Papa, se vence.

FRANCISCO
"¿Se puede amar al enemigo? Sí, ¿se puede perdonar al que te ha hecho daño? Sí. Con el amor y el perdón seréis vencedores”. 

Les pidió que fueran valientes para perdonar, para amar y para buscar la paz. Y, sobre todo, que se fíen de Dios y recen. Por eso, les pidió que no se olviden de hacerlo por él. 

FRANCISCO
"Ahora os pido que recéis por mí. Para que pueda ser un buen obispo. Para que pueda ser un buen Papa.¿Me prometéis que rezareis por mí?”

Después el Papa confesó a algunos jóvenes en el interior de la catedral y se marchó fuertemente escoltado por vehículos de la ONU. 

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¿Por qué oramos?

¿Cuál debe ser el fin de nuestra oración?

San Agustín nos señala que hemos de orar pidiendo la perseverancia en el bien y el conocimiento del bien, no vaya a ser que por ignorancia obremos el mal u omitamos un bien posible. En definitiva, es una súplica de Gracia humilde al Señor.
Cuando pedimos a Dios la ayuda para obrar bien y alcanzar la perfección de la justicia, ¿cuál es el objeto de nuestra súplica sino que nos dé a conocer lo que ignorábamos y nos suavice la práctica de la virtud, que nos repugnaba antes? (San Agustín, Catequesis a los Principiantes 2,19,33)

Una de las claves en la teología agustiniana es la humildad. Por ella, la redención se ha realizado de manera que la soberbia ha sido desplazada por la humildad de Dios. La encarnación del Verbo y su muerte en la cruz son las grandes demostraciones del poder de la humildad frente al precipicio en que caímos por la soberbia.

Tú, siendo hombre, quisiste ser Dios, para tu perdición; él, siendo Dios, quiso ser hombre, para hallar lo que estaba perdido. Tanto te oprimía la soberbia humana, que sólo la humildad divina te podía levantar (San Agustín, Sermón 188,3)


En cualquier momento hemos de orar y pedir gracia al Señor, y hemos de pensar en lo que pedimos y cómo pedimos pero siempre con una confianza absoluta en Dios.
A veces se halla uno en medio de una tribulación o una tentación y piensa orar; con el mismo pensamiento reflexiona sobre lo que ha de decir a Dios en la oración, como hijo que por serlo, solicita la misericordia del Padre (San Agustín, Sermón 112A,5)

La ignorancia es siempre un mal, una carencia. Y posee la ignorancia raíces teológicas: o porque no se quiere conocer la Verdad o porque el pecado ha convertida en ciega a la razón, al intelecto. Sin embargo, Dios ama el conocimiento, ya que Él mismo es Logos, Sabiduría.

En aquellos que no quisieron entender, la ignorancia es, sin duda, pecado; y en aquellos que no pudieron, es pena del pecado. Y en ninguno se da una excusa justa sino una justa condenación (San Agustín. Carta 194,6.27)

Si en el Padrenuestro Cristo nos enseñó siempre una condición, "como también nosotros perdonamos...", esta condición se cumple y se realiza en toda actuación divina como una ley inexorable. Nos dará gracia si nosotros también hemos dado gracia (perdón, misericordia, ayuda, etc.) a los demás.

Tal es la ley de la divina Providencia: que ninguno reciba ayuda superior para conocer y merecer la gracia de Dios si él, a su vez, no presta socorro a los inferiores, con afecto desinteresado, para lograr el mismo fin (San Agustín, Tratado sobre la Verdadera Religión 28,51)

Dios es el Bien Absoluto, el mayor Bien. Participamos de Dios si obramos el bien y, además, todos los bienes que recibimos son una referencia a Él, el sumo Bien.

No te quedará sino Dios como sede del sumo bien del hombre. No es que no haya otros bienes, sino que se llama bien sumo aquel al que los otros dicen referencia (San Agustin, Carta 118,3.13)

La espera y la esperanza

Seguramente, tantas veces los cristianos nos hemos desesperado en nuestra espera del Señor. Cada Adviento, año tras años, escuchamos las mismas palabras: "¡no desesperéis, el Señor está cerca! ¡El Señor está cerca, no tarda, no temáis!".

Pero la realidad es que todos los años surgen en la vida personal, en la sociedad, en el mundo, ... millones de razón para dejar de esperar y para dejar de creer en las Palabras del Señor. ¿Por qué no hacerlo? ¿Por qué no dejar de esperar y tener esperanza?

Las lecturas de este primer Domingo de Adviento mostraban que esta misma realidad la vivieron las comunidades de creyentes a la que pertenecían, por un lado, el Profeta Jereas, tras la destrucción de Jerusalén (1ª lectura); por otro, la comunidad de Tesalónica, a la que escribe el apóstol san Pablo (2ª lectura); como, finalmente, la comunidad a la que escribe el Evangelista Luca a través de las palabras de esperanza del Señor Jesús (Evangelio). [ver comentario a las lecturas del I domingo Adviento].

El pastoralista Casiano Floristán nos da algunas claves para NO DESESPERAR y NO PERDER LA ESPERANZA:

¡ES LA ESPERANZA CRISTIANA LA QUE FORTALECE Y DA CONSISTENCIA A NUESTRA ESPERA!
1. No es lo mismo espera (lo que llega es debido al esfuerzo humano) que esperanza (lo que adviene nos sobrepasa humanamente). Pero tampoco hay que contraponerlas: la esperanza cristiana pasa a través de genuinas esperas humanas.

A veces nuestro pueblo tiene una gran esperanza y pocas esperas humanas. Los acomodados viven únicamente pendientes de las esperas cifradas en el dinero, el poder, la comodidad, etc. Los pobres y marginados esperan siempre una sociedad nueva, un reparto de bienes y de oportunidades, un reino de Dios con libertad y justicia. Esto entraña que se derrumben muchos «mundos» viejos, muchas esperas falsas.


2. Podemos distinguir tres niveles de espera, según necesidades y deseos: la espera pasiva de los no comprometidos; la espera interesada del burgués a su favor; y la espera creadora de los activos a favor del pueblo. La esperanza es el entramado de la vida. Según como esperemos, así somos: impacientes o tranquilos, afirmativos o escépticos, comprometidos o desganados. Algunos profetas de calamidades sólo ven la «mala noticia», no la «buena nueva». La persona que espera de verdad tiene confianza en el cumplimiento de las promesas de Dios.


3. Jesús esperó activamente la venida del reino. Y, porque esperaba, encontró lo esperado: una nueva vida de resucitado.

El cristiano debe esperar, al modo de Jesús, la plenitud del reino, a pesar de los fracasos, de los «signos» catastróficos, de «lo que se nos viene encima». Espera con firmeza quien espera la «liberación», para lo cual es necesario tener una actitud básica: la «vigilancia», con objeto de ver en el tiempo de los signos los signos de los tiempos. El Evangelio no nos garantiza que los cristianos escapemos de las desgracias, naturales o provocadas. Nuestra existencia no es fácil. El Señor nos pide que «levantemos la cabeza» y tengamos en cuenta que el fin de «un» mundo es preparación de la venida del Señor.

REFLEXIÓN CRISTIANA:

  • ¿En qué ponemos nuestras esperas y esperanzas?
  • ¿Cómo captamos los signos de esperanza en nuestro mundo?
 Casiano Floristan

1. – «Es maravilloso despertarse cada mañana con alas en el alma y dar gracias a Dios porque tienes por delante un nuevo día para amar».

Flickr: Thai Jasmine

2.- «Busqué a Dios y no lo encontré.
Me busqué a mí mismo y tampoco me encontré.
Busqué a mi prójimo y encontré a los tres».

3.- Para vivir hay que luchar muchas veces contra la corriente.
Sólo los peces muertos son arrastrados por el agua.
Los que viven nadan contra la corriente.

4.- Al comenzar el día no lamentes las cosas que tienes que hacer.
Alégrate de que tantas cosas dependan de ti en la vida.

5.- Si vives pensando en el amor que los demás te están debiendo, jamás te decidirás tú a amar.

6.- Subir a las cimas de la fama no resulta difícil.
Lo difícil es mantenerse en la cima.
Las montañas son más estrechas en las puntas que en las bases.
Por eso el equilibrio es más costoso en las cimas.

7.- Valora este día por lo que has hecho.
Pero piensa cuánto pudiste hacer y no lo hiciste.

La vida no es cuestión de contabilidades.
La contabilidad es buena para los negocios.
No para la vida ni para las generosidades con Dios y con los demás.
En todo caso, si quieres, contabiliza lo que recibes de los demás y, sobre todo, lo que recibes de Dios.
Nunca contabilices lo que das. Te haría perder la gratuidad.

Clemente Sobrado C. P.


Archivado en: Vida

San Andrés Apóstol30 de noviembre – San Andrés, Apóstol

“Pasando Jesús junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a Andrés, su hermano, que estaban echando la red en el lago, pues eran pescadores. Les dijo; “Venid conmigo y seguidme, y os haré pescadores de hombres. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron”. (Mt 4,18-22)

Celebramos hoy la fiesta de San Andrés, quien junto con su hermano Simón, son los dos primeros llamados a seguirle, como las dos primeras piedras sobre las que Jesús comienza con edificar su Reino.

Cuando nosotros ponemos la primera piedra lo celebramos y hasta brindamos.
Aquí no hubo ni celebración ni brindis.
Fue un día especial para los dos hermanos, porque sus vidas tomaron otro rumbo.
Pero todo sin espectáculo alguno.
Si testigos que aplaudiesen.
Como si fuese un simple día de semana.

Nunca faltan esos que creen que ellos no valen para nada.
Nunca faltan esos que creen que son inútiles.
Nunca faltan esos que se creen tan poca cosa que nunca piensan llegar más lejos.
Y Jesús no pide informe alguno sobre ellos.
No les pide Documento de Identidad.
Y menos todavía documento policial de penales.
No les pide su “Curriculum Vitae”.
Los llama como están y donde están, en la barca.

Jesús simplemente pasa a nuestro lado.
Jesús simplemente nos “ve” y nos “llama”.
Lo importante es que nosotros nos fiemos de él.
Lo importante es que creamos en él, incluso sin conocerle.
Lo importante es nuestra disponibilidad.
El resto corre por su cuenta.
El resto lo irá haciendo El.

Los discípulos no son calculistas.
Alguien pudiera llamarles imprudentes.
No calculan el riesgo.
No calculan las consecuencias.
Sencillamente lo dejan todo, si es que se puede decir todo, unas redes remendadas y una vieja barca.
No ponen condiciones.
No piden ir a cambiarse de ropa.
No piden ir a despedirse de los suyos.
Solo hacen una cosa: fiarse de él y seguirle.
Solo hacen una cosa: fiarse de él sin entender ni a dónde van ni a qué van.

Jesús comienza a edificar el Reino con la misma pobreza con que comenzó él mismo su encarnación.
No llamó a gente importante.
Llamó a unos pobres pescadores.
No llamó a gente sabia y con grandes títulos.
Llamó a unos pobres hombres que vivían de lo que pescaban cada día.

Cuando Jesús pasa a nuestro lado no pasa como un despistado.
Cuando Jesús pasa a nuestro lado “nos ve” y “nos llama e invita”.
Cuando Jesús pasa a nuestro lado “cuenta con nosotros”.
Nadie tiene excusas para decir que no.
Nadie tiene excusas para decir “yo no sirvo”.
Basta que ponga los ojos sobre nosotros para que nuestra vida se haga esperanza.
Basta que ponga los ojos sobre nosotros para que nuestra vida tenga un futuro.
Basta que ponga los ojos sobre nosotros para que nuestra vida sea importante.

Para Dios todos somos importantes.
Para Dios todos somos valiosos.
Por eso, a Dios no le podemos poner condiciones.
Por eso, a Dios no le podemos pedir explicaciones.
De Dios solo vale fiarnos.
De Dios solo vale confiar en él.
De Dios solo vale creer en su palabra, aun sin saber a donde nos lleva.

Así comenzaron los primeros invitados al Reino.
Así comenzaron los primeros llamados al Reino.
Así comenzaron los primeros pilares del Reino.

Señor, que cuando pases a mi lado, puedas verme.
Señor, que cuando pases a mi lado, sienta que tú me llamas.
Señor, que cuando me llames no te ponga condiciones.
Señor, que cuando me llames lo deje todo, porque tú será mi todo.

Clemente Sobrado C. P.


Archivado en: Adviento, Ciclo C, Santos



SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO

(Baruc 5:1-9; Filipenses 1:4-6.8-11; Lucas 3:1-6)

¿Te has dado cuenta cómo la temperatura parece subir antes de una tormenta?  Crea un sentido de expectativa con el viento calmándose.  Entonces vienen las lluvias para fructificar la tierra.  Podemos mirar a Juan en el evangelio hoy como el calor preparando la tierra para la lluvia renovadora.  Eso es, por supuesto, Jesús.

Juan aparece en el centro del escenario cada segundo domingo de Adviento.  Viene para preparar a la gente para la venida de Dios.  Piensa que será ocasión de llanto mientras Dios efectúe la justicia en la tierra. Por eso, exige que la gente se arrepienta para evitar el castigo.

Hay la misma dureza de corazón en tiempo de Juan que existe en el mundo hoy.  La gente anda calculando su propio bien pensando poco no en su prójimo mucho menos en Dios.  Muchos no quieren ni considerar dar amparo a los refugiados de la guerra en el medioambiente.  Algunos católicos aun regañan a los obispos por haber pedido la apertura a los sirios huyendo el terror de su país.  En la primera lectura Baruc alienta a Jerusalén para recibir a los exiliados de Babilonia.  Dice que la ciudad será glorificada por Dios como el epítome de la justicia.  Así ha sido este país por siglos.  Desgraciadamente ahora parece que algunos quieren rechazar el legado.

Y nosotros ¿hemos endurecido nuestros corazones con la preocupación por nosotros mismos?  ¿Tenemos que arrepentirnos?  Sí venimos a la misa dominical.  A lo mejor contribuimos algo a la Caridades Católicos.  Pero por la mayor parte damos de lo que sobre no de lo que cause el sentido de carencia.  La exigencia de Juan para arrepentirse significa no tanto que confesemos nuestros pecados sino que cambiemos nuestra actitud.  Nos urge que nos demos cuenta de que nuestras vidas son regalos de Dios.  Dios quiere que nos aprovechemos de ellas para servir a Él por cuidar a los demás.  En la segunda lectura San Pablo reza que los filipenses tengan “un mayor conocimiento y sensibilidad espiritual”. Se puede entender esta frase como la conciencia de que nuestras vidas no son primeramente nuestras sino de Dios.  Él quiere que las compartamos con los demás en el espíritu de servicio y de amor.

Se da cuenta esto Elena.  Es un mayor que gasta parte de un día cada semana preparando comida para los desamparados en la ciudad.  Parece extraño a algunos porque Elena es conocida como partidaria de política conservadora.  Sin embargo, Elena ha tomado al pecho la enseñanza de Jesús a dar de comer a los hambrientos.  Por eso, se presenta como modelo tanto a los izquierdistas como a los derechistas que quiere seguir a Jesús.

El sábado celebraremos la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe.  Por ella las gentes de México cambiaron.  Los indígenas se pusieron abiertos a la fe cristiana.  Y los españoles se abrieron al menos un poco a la bondad de los nativos.  Hoy Juan nos llama a una conversión semejante.  Que no pensemos solamente en el bien propio. Que no olvidemos de las gentes en necesidad.  Que pensemos más en las gentes en necesidad.

Relato de una universitaria de Navarra. Recoge la reacción de la gente ante la exposición blasfema. Como sabéis, la exposición ha sido retirada. 

Ayer llegué al final del Rosario delante de la sala de exposiciones donde están las fotos de las formas consagradas puestas en el suelo. Habia cientos de personas rezando el Rosario, de rodillas. 

Hoy he estado en la Misa que convocó el Obispo de Pamplona para pedir perdón a Jesús por la profanación de su Cuerpo. Ha sido increíble. Había más de 100 sacerdotes concelebrando la Misa. El Obispo ha hablado de la caridad y la misericordia. Ha pedido a los jóvenes que sienten la llamada de Dios en su corazón que abran las puertas a Cristo, que se entreguen a Él, los chicos al sacerdocio y las chicas en el cuidado de los mas pobres y necesitados. Ha dado las gracias por la presencia de tantísima gente en la Misa. 

Después de la homilía ha pedido que hiciéramos unos momentos de silencio. Se le veía tan tan dolido. Me ha encantado porque la gente estaba dolida de verdad, realmente le dolía que se hubiera hecho eso a Jesús. Y me ha encantado porque eso significa que muchísima gente valora muchísimo la Eucaristía y la ama. Me he quedado muy loca. No sabéis el ambiente que había; de recogimiento, de oración, de arrepentimiento, de disculpa, de silencio, de cariño. 

Las canciones se cantaban con el corazón. A algunas se les saltaban las lágrimas y otras no podian acabar de cantar las canciones porque se les quebraba la voz. Yo tenia la piel de gallina. Curas, monjas, niños, universitarios, monjes, gente del Opus Dei, padres y madres de familia... El Obispo ha pedido que comulguemos con la boca para evitar que puedan pasar cosas malas como la que ha pasado. 

Se ha leído el Evangelio creo que de San Lucas: "Quien come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él". Se ha hablado mucho de la Eucaristía. Al terminar la Comunión han dicho por el micrófono que lo sentían porque habían preparado 4000 formas consagradas para que la gente comulgara y ha habido gente que se ha quedado sin comulgar. 

Hay gente que ha esperado hasta 20 minutos de cola para comulgar y aun y así no ha habido formas consagradas para todos. Estaba a petar. La gente arrodillándose aunque no se cupiera muy bien. Ha sido impresionante, la fe de la gente y el dolor que sentían de que se haya ofendido tan gravemente a Jesús. Al terminar la Misa ha habido una procesión de Jesús Sacramentado por la Catedral. Y cuando ya se iban los sacerdotes y el Obispo todo el mundo ha empezado a aplaudir de lo bonito que ha sido."

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