agosto 2014


Del Vatican Insider


“Santo Padre, evite que nos roben el gran tesoro del celibato”. Es el clamor que un grupo de madres biológicas y madres espirituales de sacerdotes hizo llegar al Papa. En su carta, las mujeres pidieron a Francisco declarar que no existe “puerta abierta” a modificaciones en la norma de la soltería para quienes siguen la vocación al presbiterio y reaccionaron así a otra misiva enviada al pontífice por 26 novias o amantes de curas.


Papa Francesco durante la messa per l'ordinazione di dieci nuovi sacerdoti della diocesi El documento, del cual Vatican Insider tiene copia, lleva la firma de 332 personas que forman parte de un colectivo denominado “Maternidad Espiritual de Sacerdotes”, con presencia en España y otros países del mundo. Uno de los firmantes es Raúl Berzosa, obispo de la diócesis española de Ciudad Rodrigo. Aunque salió a la luz ahora, el texto está fechado el 19 de junio.


“Santo Padre: si tuviéramos noticia de la aventura de un hijo o un hermano casado con una mujer distinta de su esposa nunca podríamos aceptar los argumentos de la nueva novia como una causa lícita para romper el matrimonio canónico. Igualmente, tampoco podemos admitir los argumentos –erróneos- de las 26 novias de sacerdotes que le han escrito solicitando el celibato opcional”, indicó.



La carta se refirió así al mensaje difundido en mayo y en el cual las amantes secretas de sacerdotes católicos solicitaron a Jorge Mario Bergoglio que ponga fin al celibato. “Nosotras tenemos, hemos tenido o quisiéramos tener una aventura amorosa con un sacerdote del que nos hemos enamorado”, señalaron entonces y agregaron: “algo podría cambiar, no sólo para nosotras, sino también por el bien de toda la Iglesia”.


En su respuesta, las madres advirtieron tener la responsabilidad que sus hijos y la Iglesia “no se mundanicen”. “Le suplicamos, Santo Padre, que cuide nuestra casa y evite que el gran don y tesoro que es el celibato pueda sernos hurtado, le suplicamos que declare a la mayor brevedad –es muy importante el daño que la campaña mediática de esa carta ha hecho- que para la Iglesia latina ni existe una puerta abierta al celibato opcional de los presbíteros, ni va a existir para la ordenación de los varones casados. Y le suplicamos, también, que rechace públicamente, con la decisión con la que ha de rechazarse toda tentación, las peticiones de las 26 novias de sacerdotes y todas las que haya recibido en el mismo sentido”, solicitaron.


Esta última petición no resulta casual. Desde la llegada de Bergoglio al pontificado y la expectativa que su elección ha despertado, en la Santa Sede se han recibido muchas solicitudes de sacerdotes casados que piden recuperar formalmente sus funciones ministeriales o dan por hecho una inminente abolición del celibato. Este fenómeno lo reveló el mismo Papa, durante un encuentro con obispos del Consejo Episcopal Latinoamericano que tuvo lugar el 28 de julio de 2013.


Ese día, improvisando en su discurso exclamó: “Con el inicio del pontificado uno recibe cartas, propuestas, le hacen llegar inquietudes, propuestas y deseos relacionados con los nuevos aires que puede haber (y piden): ¡Qué se casen los curas! ¡Qué se ordenen las monjas! ¡Qué se de la comunión a los divorciados!”.


Más adelante en su misiva, las madres espirituales recordaron que la Virgen, a pesar de haber experimentado el mayor de los sufrimientos, “no se rebeló contra Dios padre”, ni animó a Jesucristo a que “dejara la cruz a mitad de la Vía dolorosa”.


“Conservamos en nuestro corazón su petición ‘orad por mí’, le prometemos que intensificaremos nuestra oración por usted, y solicitamos finalmente su bendición paternal para todos los firmantes de esta carta, con nuestras familias y comunidades”, apuntaron.


Junto con la carta le enviaron al Papa un ejemplar del Decenario al Espíritu Santo, escrito por “una sencilla costurera española”, y su inscripción en la Obra de las Misas Perpetuas en honor a la Santísima Trinidad.




La comunidad cristiana está formada por hombres y mujeres que en todo buscan la salvación y el progreso espiritual, no únicamente personal, sino también de los hermanos, superando las barreras del invidualismo.



En la comunidad cristiana -parroquia, asociación, Instituto religioso- la vida en común es un reto, no exento de dificultades y roces, pues somos distintos y el pecado sigue vivo en nosotros. Pero ello no es obstáculo para superarlo y buscar el crecimiento personal y el de todos y cada uno. Así se comprende la corrección fraterna, evitando que sea un medio por el cual se disfrace el rencor o la prepotencia hacia la persona corregida, sino el sencillo medio de que se progrese en la salvación.


La comunidad cristiana, así mismo, está edificada sobre los apóstoles, el ministerio ordenado, con capacidad para atar y desatar, sabiendo que Cristo mismo refrenda la acción del ministerio ordenado: "quedará atado (o desatado) en el cielo".



Esta comunidad cristiana se constituye en el nombre del Señor y tiene garantizada su Presencia, por lo que la vida de cualquier comunidad cristiana excluye la mera simpatía/antipatía, los intereses humanos o cualquier otro interés espúreo. Estamos juntos, convocados en la Iglesia, no por las afinidades y camaradería entre sus miembros sino por la presencia misma de Cristo donde dos o tres están reunidos en su nombre.


Estos son rasgos y aspectos del capítulo 18 de san Mateo, un capítulo que se suele llamar "eclesiástico" porque se dirige a ordenar la vida interna de la comunidad cristiana.


Las palabras del papa Benedicto XVI permiten profundizar en ese texto evangélico:



"Queridos hermanos y hermanas:


Las lecturas bíblicas de la misa de este domingo convergen en el tema de la caridad fraterna en la comunidad de los creyentes, que tiene su manantial en la comunión de la Trinidad. El apóstol Pablo afirma que toda la Ley de Dios encuentra su plenitud en el amor, de modo que, en nuestras relaciones con los demás, los diez mandamientos y cualquier otro precepto se resumen en: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Cf. Romanos 13, 8-10). El texto del Evangelio, tomado del capítulo XVIII de Mateo, dedicado a la vida de la comunidad cristiana, nos dice que el amor fraterno comporta también un sentido de responsabilidad recíproca, por lo que, si mi hermano comete una culpa contra mí, yo debo ser caritativo con él y, ante todo, hablarle personalmente, haciéndole presente que lo que ha dicho o hecho no es bueno. Este modo de actuar se llama corrección fraterna: no es una reacción a la ofensa sufrida, sino que surge del amor por el hermano. Comenta dan Agustín: “Aquel que te ha ofendido, ofendiéndote, se ha inferido a sí mismo una grave herida, y tú ¿no te preocupas por la herida de un hermano tuyo? ... Tú debes olvidar la ofensa que has recibido, no la herida de tu hermano” (Sermones 82, 7).




¿Y si el hermano no me escucha? Jesús en el Evangelio de hoy indica unos pasos: primero hay que volver a hablarle con otras dos o tres personas, para ayudarle a darse cuenta de lo que ha hecho; si a pesar de esto rechaza aún la observación, es necesario decirlo a la comunidad; y si no escucha ni siquiera a la comunidad, hay que hacerle percibir la separación que él mismo ha provocado, separándose de la comunión de la Iglesia. Todo esto indica que hay una corresponsabilidad en el camino de la vida cristiana: cada uno, consciente de sus propios límites y defectos, está llamado a recibir la corrección fraterna y a ayudar a los demás con este servicio particular.




Otro fruto de la caridad en la comunidad es la oración concorde. Dice Jesús: “Os aseguro que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18,19-20). La oración personal ciertamente es importante, es más, indispensable, pero el Señor asegura su presencia a la comunidad que --aunque sea muy pequeña-- está unida y unánime, porque refleja la realidad misma de Dios Uno y Trino, perfecta comunión de amor. Dice Orígenes que “debemos ejercitarnos en esta sinfonía” (Comentario al Evangelio de Mateo 14, 1), es decir en esta concordia en la comunidad cristiana. Debemos ejercitarnos tanto en la corrección fraterna, que requiere mucha humildad y sencillez de corazón, como en la oración, para que se eleve a Dios a partir de una comunidad verdaderamente unida en Cristo" (Benedicto XVI, Ángelus, 4-septiembre-2011).






Hace mucho tiempo que deseaba tener online un índice completo de mi obra integral. La razón es que hay lectores que como yo los llamo en broma se han convertido en unos verdaderos forteólogos, leyendo todas mis obras y, a veces, varias veces algunos títulos. Esos lectores apasionados bien se merecían ese índice completo que aquí lo podrán encontrar:



Esto incluye también un lugar en Internet para los lectores puedan comentar entre ellos mis libros:



Y, por último, un link para descargar mis obras completas en su versión más actualizada, pues algunas de ellas sufren cambios y correcciones:



Hoy leeré los comentarios de este post, porque tengo una curiosidad: Los lectores de este blog, ¿cuántos de mis libros habéis leído? Podéis poner las respuestas en los comentarios en este link:



El índice completo de mis obras se lo podéis agradecer a una noche de insomnio. Sin esa noche en la que el sueño no venía a mí, seguiríamos sin el índice actualizado.



Domingo 21 del Tiempo Ordinario – A


Recuerdo una tienda de confecciones de ropa para caballeros. Un letrero decía: “Sólo confeccionamos ternos sobre medida”. Allí nada de ir y probarse uno u otro o del más allá. Allí sólo se hacía el terno sobre pedido y medidas concretas. Nada de ternos en serie.


Se me quedó el título en la memoria. Y, en más de una ocasión se me ocurrió pensar:

¿qué sucedería si en cada puerta de la Iglesia hubiese un letrero que dijese: “se confeccionan cruces sobre medida”?

Luego, yo mismo me río de mis tontas ideas.

Porque a decir verdad: ¿Alguien se imagina que habría clientes tomándose la medida de sus propias cruces?

Además, ¿estaría la gente más contenta con su propia cruz a medida?

¿No habría luego demasiada gente haciendo reclamos, diciendo que la cruz que encargó no le cae bien y quiere que se la haga otra nueva o se la cambien por otra?



Felizmente que no existen esos letreros.

Y felizmente no es la Iglesia ninguna carpintería de hacer cruces.

Porque las cruces no se encargan, vienen solitas ellas.

Porque las cruces no las hace ni la Iglesia, ni tampoco Dios es carpintero de cruces.

Las cruces se van encontrando por el camino de nuestras fidelidades al Evangelio.

Y no hay cruces a medida.

La única medida son las exigencias del Evangelio.

Todas las cruces son iguales.

Sólo cambian los hombros.

A Jesús no le tomaron antes las medidas de los hombros, ni tampoco hicieron los cálculos del peso.

¿Para qué? Si todas pesan igual.

A Jesús le dieron la primera que encontraron.

Estoy seguro que le dieron una de segunda mano.

Hasta es posible que aún estuviese oliendo al último crucificado en ella.

Es que no hay cruces especializadas. Tal vez, por eso mismo, son cruces que tienen algo de humano.

Las cruces no son clasistas.

Tal vez, las únicas especializadas son esas que llevamos colgadas al cuello.

Esas sí son cruces clasistas, porque mientras uno lleva una cruz de madera, puede que tú cuelgues a tu cuello una de oro.

No me gustan las cruces que colgamos.

Me parecen más cruces y más auténticas las cruces donde nos cuelgan a nosotros. Las cruces no son para colgarlas sino para colgarnos a nosotros en ellas.

Aquellas no duelen nada.

Estas, donde te cuelgan, esas sí son de pura ley.

Jesús no llevó su cruz colgada del cuello.

A El le colgaron de una Cruz.


Cuando leo los textos evangélicos, como el del Evangelio de hoy o de cómo salió Jesús camino del Calvario, una de las cosas que más me admira, es la sencillez de la descripción. Lo dicen como si tal cosa.

“Empezó a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día” Así de simple.


Yo no sé si la Cruz de Jesús era más pesada que otras, más pequeña que las otras. Y la verdad que nunca me interesó mucho ni la calidad de su madera, ni su peso y menos el tamaño. Porque, aunque las cruces no se hacen a medida, según las vas l1evando, tú te vas haciendo a la medida de ellas.

Tú mismo vas creciendo hasta dar la talla.


Y esto es lo que tantas veces olvidamos. Nos preocupamos mucho de la calidad de nuestras cruces. Porque, yo no encuentro a nadie que esté a gusto con la suya.

Pedro no estaba contento ni con la de Jesús.

Y hasta trató de convencerle que cambiase de modo de pensar.


¿Qué hago yo hoy con mis cruces?

¿Protesto de que a mi me haya tocado la más pesada de todas?

¿Quisiera cambiarla por otra?

¿Trato de aceptarla e identificarme con ella?

Quítame de mi cabeza la idea de que tú eres fabricante de cruces.

Señor: Tú escandalizaste a Pedro cuando le hablaste de la cruz.

Pedro no entendió nada. Y hasta te recriminó. No lo hizo por maldad.

Lo hizo porque te amaba.

Sencillamente que aún no entendía de cruces.

De redes, bastante, pero lo de cruces, no era su especialidad.


Igualito nosotros. Como él, nos escandalizamos de nuestras cruces.

Porque tampoco nosotros, a pesar de nuestras experiencias, sabemos mucho de ellas. Sabemos mucho más de placeres, de infidelidades al Evangelio que de cruces por el Evangelio.

Te pido, Señor, no nos trates como él. ¿No crees que fuiste muy duro?

Ábrenos los ojos y que podamos descubrir el verdadero valor de tu Cruz y de nuestras cruces.


Clemente Sobrado C. P.




Archivado en: Ciclo A, Tiempo ordinario Tagged: cruz, discipulo, seguimiento



El discípulo de Cristo habrá de tener un espíritu de benevolencia y caridad tal que pueda "vencer el mal con el bien". // Autor: P. Miguel Ángel Fuentes, I.V.E. | Fuente: TeologoResponde.org



Pregunta:



Estimado Padre: Cuando Jesús dice que si alguien nos golpea debemos poner la otra mejilla ¿Cómo debe entenderse esto? Si alguien agrede físicamente a otro, ¿no tiene éste derecho a defenderse? Gracias.

Respuesta:



Estimado:



1. Poner la otra mejilla



Ante todo, el sentido de "poner la otra mejilla" debe entenderse en el contexto del discurso de la Montaña en que Jesucristo reforma la "ley del talión" (cf. Mt 5,38-42)



Jesucristo toma por tema la ley del talión, que se hallaba formulada en la ley judía: "habéis oído -en las lecturas y explicaciones sinagogales- que se dijo (a los antiguos): ojo por ojo y diente por diente" (cf. Manuel de Tuya, Biblia comentada, BAC, Madrid 1964, pp. 119-122).






Lo que Cristo enseña, en una forma concreta, extremista y paradójica, es cuál ha de ser el espíritu generoso de caridad que han de tener sus discípulos en la práctica misma de la justicia, en lo que, por hipótesis, se puede reclamar en derecho.



Por eso frente al espíritu estrecho y exigente del individuo ante su prójimo, pone Cristo la anchura y generosidad de su caridad. ¿Cuál ha de ser, pues, la actitud del cristiano ante el hombre enemigo? "No resistirle", no por abulia, sino para "vencer el mal con el bien" (Rom 12, 21).



Pero la doctrina que Cristo enseña va a deducirse y precisarse con cuatro ejemplos tomados de la vida popular y cotidiana y expresados en forma de fuertes contrastes paradójicos, por lo que no se pueden tomar al pie de la letra. Estos casos son los siguientes:



a) Si alguno te abofetea en la mejilla derecha, muéstrale también la otra. La paradoja es clara, pero revela bien lo que lo que debe ser la disposición de ánimo en el discípulo de Cristo para saber perdonar.



b) Al que quiera litigar contigo para quitarte la túnica, déjale también el manto. Ante esto, se le promete por Cristo ceder también de buen grado su túnica. La crudeza a que llevaría esta realización hacer ver el valor paradójico de la misma. La enseñanza de Cristo es ésta: Si te quisiera quitar una de las dos prendas únicas o necesarias de tu vestido (de lo necesario o casi necesario a la vida), que no se regatee; que haya también una actitud, en el alma, de generosidad, de perdón, que se manifestaría incluso, como actitud, hasta estar dispuesto a darle también todo lo que se pueda.



c) Si alguno te requisa por una milla, vete con él dos. Esta sentencia de Cristo es propia de Mateo. La expresión y contenido de "requisar" es de origen persa. Y se expresa esto con el grafismo del caso concreto. Si se requisa por "una milla" (que es el espacio que los romanos señalaban con la "piedra milaria" = 18000 m.) habrá de responderse generosamente ofreciéndose para una prestación doble. La misma duplicidad en la fórmula hace ver que se trata de cifras convencionales. La idea es que la caridad ha de mostrarse con generosidad, enseñado por Cristo con un término técnico.



d) Da a quién te pida y no rechaces a quien te pide prestado (Lc. 6, 30). Teniéndose en cuenta el tono general de este contexto, en el que se acusan exigencias e insolencia por abuso (la bofetada, el despojo del manto, "la requisa"), probablemente este último ha de ser situado en el plano de lo exigente. Puede ser el caso de una petición de préstamo en condiciones de exigencia o insolencia.



El discípulo de Cristo habrá de tener un espíritu de benevolencia y caridad tal, que no niegue su ayuda -limosna o préstamo- a aquel que se lo pide, incluso rebasando los modos de la digna súplica para llevar a los de la exigencia injusta e insolente. El discípulo de Cristo deberá estar tan henchido del espíritu de caridad, que no deberá regatear nada por el prójimo como a sí mismo.



¿Cuál es la doctrina que se desprende de estos cuatro casos en concretos que utiliza para exponerla?



Igualmente en estos cuatro casos hay que distinguir la hipérbole gráfica y oriental de su formulación y el espíritu e intento verdadero de su enseñanza.



Y para esto mismo vale la enseñanza práctica de Jesucristo.



Así cuando el sanedrín lo procesa y cuando un soldado le da una bofetada, no le presenta la otra mejilla, sino que le dice: "Si he hablado mal, muéstrame en qué, y si bien, ¿por qué me abofeteas?" (Jn. 18,22.23).



La pedagogía de Cristo y de Pablo muestran bien a las claras que esta enseñanza no tiene un sentido material, Si en la hagiografía cristiana, (la vida de los santos), llegó el celo a alguno a practicar literalmente estos mandatos, fue ello efecto de un ardiente espíritu de caridad que se llegó a desbordar, incluso en el gesto.



2. La legítima defensa



La doctrina católica está expuesta en el Catecismo nn. 2263-2267:



"La legítima defensa de las personas y las sociedades no es una excepción a la prohibición de la muerte del inocente que constituye el homicidio voluntario. La acción de defenderse puede entrañar un doble efecto: el uno es la conservación de la propia vida; el otro, la muerte del agresor... solamente es querido el uno; el otro, no" (Santo Tomás de Aquino).



El amor a sí mismo constituye un principio fundamental de la moralidad. Es, por tanto, legítimo hacer respetar el propio derecho a la vida. El que defiende su vida no es culpable de homicidio, incluso cuando se ve obligado a asestar a su agresor un golpe mortal: "Si para defenderse se ejerce una violencia mayor que la necesaria, se trataría de una acción ilícita. Pero si se rechaza la violencia en forma mesurada, la acción sería lícita... y no es necesario para la salvación que se omita este acto de protección mesurada a fin de evitar matar al otro, pues es mayor la obligación que se tiene de velar por la propia vida que por la de otro" (Santo Tomás de Aquino).



La legítima defensa puede ser no solamente un derecho, sino un deber grave, para el que es responsable de la vida de otro, del bien común de la familia o de la sociedad.


El anuncio de la pasión muestra que el Señor acepta cumplir hasta el final el plan salvador de Dios; un designio que se orienta a la vida, a la resurrección, pero que incluye también el padecimiento y la cruz (cf Mt 16,21). La palabra de Dios encuentra en el mundo rechazo y, en ocasiones, se convierte para quien la proclama en motivo de burla, de oprobio, de desprecio (cf Is 20.7-9). Jesús, que es la Palabra hecha carne, ha de asumir este rechazo que se plasma en su muerte en la cruz.


La reacción de Pedro: “¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte” (Mt 16,22) expresa el desconcierto no solo del apóstol, sino de cada creyente cuando ha de confrontarse con el misterio de la cruz. ¿Por qué la cruz?, ¿por qué Dios permite el sufrimiento y la muerte del Inocente? En definitiva, ¿por qué los planes de Dios no son los nuestros ni sus caminos nuestros caminos?


A la luz de la Resurrección se comprende mejor que “si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto” (Jn 12,24). El amor de Dios, que no se deja vencer por el odio, por el pecado y por la muerte, sino que en cierto modo los asume para vencerlos, es un amor fecundo que da frutos de regeneración y de vida.



Jesús nos propone a cada uno de nosotros recorrer, detrás de Él, el itinerario que Él mismo abre: “El que quiera venirse conmigo que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga” (Mt 16,24). Posponer las propias expectativas humanas es necesario para ser discípulo de Cristo. Como explica Benedicto XVI: “La cruz forma parte de la subida hacia la altura de Jesucristo, de la subida hasta la altura de Dios mismo”.


Nada que sea importante se puede alcanzar sin renuncia; tampoco el camino hacia la vida verdadera y la realización de la propia humanidad. La fuente de la alegría es el amor, pero el amor, si es auténtico, resulta costoso: “En último término, la cruz es expresión de lo que el amor significa: solo se encuentra quien se pierde a sí mismo”, comenta también el papa.


La tentación para nosotros puede ser la de seguir solo un poco a Jesús, acompañándolo en alguna de las estaciones del Via Crucis; acaso durante un tramo, pero sin que ese recorrido nos comprometa más de la cuenta. No es esto lo que el Señor pide. Él nos llama a un seguirle totalmente y por completo, yendo hasta el fondo en la lucha contra el pecado y el mal.


San Pablo, en la Carta a los Romanos, nos exhorta a tributar a Dios un “culto razonable” que implica el asentimiento de la mente al Dios revelado en Cristo y que se concreta en la obediencia a su voluntad. Para un cristiano no hay separación entre la alabanza a Dios y la vida moral, sino que nuestras acciones mismas se convierten, por la gracia, en culto tributado al Padre.


De la identificación con Cristo en el camino de la cruz brota asimismo un criterio de discernimiento. Para nosotros no todo vale igual, sino que debemos buscar “lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto” (Rom 12,2).


Guillermo Juan Morado.




Los comentarios están cerrados para esta publicación.




Tenemos que replantearnos eso de las “peceras” en los templos parroquiales. Hubo un momento, quizá seguimos en él, en el que se veía como algo útil para papás con niños pequeños el habilitar en los templos unas zonas acristaladas e insonorizadas, pero con buena megafonía, desde las cuales los papás con niños pequeños pudieran participar de la santa misa sin miedo a molestar al resto de los fieles.


En la parroquia de un servidor hay familias que acostumbran a seguir la celebración desde la capilla del Santísimo, separada del templo principal por una cristalera y que en la práctica se ha convertido en esa pecera cómoda para los padres.


Vista la experiencia de este tiempo no me queda más remedio que concluir que es un completo fracaso, no tanto por el sistema, sino por la total falta de educación de los padres que han decidido que como a los niños no se les escucha pueden convertir la capilla o el lugar insonorizado en una sala de juegos donde los peques acuden con el patinete, las pinturas, los cochecitos, corren, saltan, se pelean, chillan y aquí no pasa nada.


El objetivo básico de esos lugares es otro. Es que los niños vayan acostumbrándose a la celebración y evitar si acaso las pequeñas molestias que pudieran ocasionar a los demás fieles. Pero si ese recinto no es más que una sala de juegos, mal andamos.


Hace unos días, en la parroquia de un servidor, misa dominical y unas familias con sus niños escuchando misa desde la capilla del Santísimo. Pues bien, no es que los niños se movieran o hicieran algo de ruido, es que los chiquillos decidieron subirse a los bancos, hacer carreras, tirar de los manteles y hasta aprovechar los confesionarios para jugar en ellos habida cuenta de que un servidor estaba solo y no había un sacerdote en ellos. Tanto, que tuvieron que entrar feligreses en la capilla llamando a la cordura. Inútil.


Mala cosa lo de las peceras visto lo visto. Mucho mejor que los niños acudan al templo normal, que los padres cuiden de ellos, los eduquen en lo que es la celebración y si hay emergencias que los saquen discretamente del templo.





“El Reino de los cielos es semejante a un grano de mostaza que tomó un hombre y sembró en su campo. Es ciertamente la más pequeña de las semillas, pero cuando crece es mayor que las hortalizas y se hace árbol, hasta el punto de que las aves del cielo vienen y anidan en sus ramas. El Reino de lo cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer y la metió en tres medidas de harina”. (Mt 13,31-35)


En el Calendario Universal la memoria de Santa Rosa de Lima se celebra el 23 de agosto. En el Perú y en toda Latinoamérica la celebramos en el día de hoy, 30 de agosto. Me parece interesante no dejar pasar esta figura de santidad que marca los comienzos de la Evangelización.


Qué pronto la semilla del Reino echó raíces en el nuevo Continente.

Y comenzó como un grano de mostaza.

Comenzó por una mujer sencilla que sabe de las labores de casa.

Pero que luego echó ramas que se han ido extendiendo por todo el mundo.

Ramas en las que han anidado muchos creyentes del Reino de Dios comenzaba en este nuevo mundo.


Resulta maravilloso cómo la semilla del Evangelio prendió tan pronto en este continente.

Porque junto a Rosa de Lima, está el negrito San Martincito, el del “perro, gato y pericote”, como símbolo de la unidad de la Iglesia en sus múltiples diferencias.

Y estaba San Juan Macías.

Y estaba San Francisco Solano proclamando el Evangelio con su violín por toda Latinoamérica.

Y estaba el Arzobispo Santo Torio, el gran misionero que murió con las sandalias puestas, no el palacio arzobispal sino misionando el norte del Perú y que confirmó a Santa Rosa.


Y algo que llama la atención y resulta de suma actualidad.

Santa Rosa no era religiosa. Pertenecía a la Tercera Orden dominicana, pero era un mujer que vivió en su casa e hizo de su hogar su propio convento y su propio desierto de oración y encuentro con Dios.


Enamorada de Jesús, encuentro en él el tesoro de su vida.

No comenzó por esas devociones populares.

Rosa descubrió las raíces de la fe.

Roda descubrió que el centro era Jesús.

Por eso aparece siempre con Jesús en sus brazos.


Su gran mensaje fue precisadamente ese:

La Iglesia como “Pueblo de Dios”.

La santidad como don de Dios a los seglares.

Es posible que la tradición la haya deformado poniéndole hábito religioso.

A mí me gustaría verla vestida como una mujercita de pueblo.

Me gustaría verla entre las ollas de su casa.

Me gustaría verla trabajando en el huerto de la familia.

Alguna vez dije que me gustaría verla vestida a la moda, y alguno se me escandalizó.

Es que tenemos la idea de que los Santos son una raza distinta.

Tenemos la idea de que los Santos tienen una cara diferente.

Y los santos:

Son también esos que andan a pie.

Son también esos que cocinan, lavan la ropa y cosen y remiendan los vestidos.

Son como el resto de la gente.

No es lo externo lo que los define, sino esa fuerza del fermento de Cristo en sus corazones.


Rosa fue una pequeña semilla de mostaza, que pronto creció y se extendió por el mundo.

Rosa fue esa medida de levadura capaz de cambiar el nuevo mundo.

Rosa fue esa medida de levadura que a lo largo de los siglos ha ido fermentando de santidad este nuevo Continente.

Yo desearía que rosa fuese:

Esa levadura capaz de crear vocaciones de santidad en el Pueblo de Dios.

Es levadura capaz de despertar la vocación a la santidad en los seglares.

En las madres de familia.

En los padres de familia.

En esos bautizados de corbata que hoy van a la oficina en coche.

En esos bautizados que hoy van a la playa en el verano.

En esos bautizados que hoy se van a tomar un café a media tarde.


Clemente Sobrado C. P.




Archivado en: Ciclo A, Santos, Tiempo ordinario Tagged: america, isabel flores de oliva, lima, santa rosa

Martirio de San Juan Bautista


“Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido a la cárcel, por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, con quien Herodes se había casado. Porque Juan decía a Herodes: “No te está permitido tener la mujer de tu hermano. Herodias le aborrecía y quería quitarle la vida, pero no podía, pues Herodes temía a Juan sabiendo que era hombre justo y santo y lo protegía; y al oírle, quedaba muy perplejo y le escuchaba con gusto”. (Mc 6,17-29)


Juan el Bautista tiene dos celebraciones litúrgicas:

Una, la de su Nacimiento.

Otra, la de su martirio o muerte.

Si el Nacimiento está lleno de misterio y de esperanza. “¿Qué será este niño?”

La muerte está llena de testimonio de la verdad.

Está llena de la valentía de decir la verdad a los “grandes”.

Está llena del coraje de testimoniar la verdad con su vida.


Está llena de contrastes:

Herodes le respetaba y le temía.

Herodes reconocía la justicia y la santidad de Juan.

Herodes se sentía perplejo con la figura de Juan.

Herodes hasta le escuchaba con gusto, aunque con miedo.


Por otra parte estaba Herodías:

Que no quería ni escucharle.

Que le odiaba por decirle la verdad.

Que no quería escuchar la verdad.

Que quería sacarlo de en medio matándolo.


Cuando se trata de escuchar la verdad que nos acusa, nuestro corazón se revuelve.

Preferimos nos engañen con la mentira, a que nos sinceren con la verdad.

La verdad duele, pero sana.

La mentira no duele, pero enferma.

La verdad duelo, pero nos devuelve la vida.

La mentira no duele, pero nos destruye interiormente.


Es tremendo que nuestra mentira:

Valga más que la vida de los demás.

Sea más importante que la vida de los demás.

Llene de odio nuestro corazón.

Sea capaz de privar de la libertad al que nos la dice.

Sea capaz de privar la de la vida al que nos la dice.

No nos duele la mentira de nuestra vida.

Tampoco nos duele quitarle la vida al otro.


Fácilmente condicionamos la verdad a nuestros intereses.

Fácilmente convertimos la verdad en mentira, para sentirnos libres.

Creemos fácilmente, aquello que nos conviene.

Creemos fácilmente, aquello que responde a nuestros intereses.

Creemos fácilmente, aquello que no nos exige cambio de vida.


Negamos a Dios, porque nos estorba en la vida.

Nos negamos a creer, porque creer nos hace incómoda la vida.

Por eso preferimos prescindir de El.

Así la vida nos resulta menos complicada.

Y podemos vivir a nuestro aire.

Cuando algo nos complica buscamos razones que nos justifiquen.

Cuando algo no nos conviene para nuestros intereses buscamos motivos que nos den la razón.

Nos separamos, porque no nos entendemos.

Dejamos la vocación porque esta vida no nos llena.

Dejamos la Misa porque nos aburre y el cura es un tostón.

Razones siempre sobran para justiciar nuestra mentira.

Lo que necesitamos son razones para abrirnos a la verdad.


No vendamos la verdad por algo tan barato como la mentira.

No matemos a quien puede cambiar nuestras vidas con la verdad.

Seamos agradecidos a quienes nos dicen la verdad.


Clemente Sobrado C. P.




Archivado en: Ciclo A, Santos, Tiempo ordinario Tagged: martirio, profeta, san juan bautista



Siguiendo el post de ayer. En esa visión del templo, el coro era el corazón y el ábside (con el altar mayor) era la cabeza. El altar reflejaba la idea de Sancta Sanctorum. Esto provenía de la idea del templo como progresión, como peregrinación hacia el punto sacro culminante.


En la imagen de ayer que representa a Canterbury, se ve cómo el altar del ábside estaba detrás de un muro. La catedral, cualquier catedral, de esta manera, pasaba a ser un espacio compartimentado. La idea de lo sagrado se realzaba de modo máximo, sacrificando el concepto de espacio simple o diáfano. Porque lo sagrado se realza a través del velo, a través del ocultamiento.


Ay, en qué desierto nos encontramos. Muchos han debido ser nuestros pecados para haber caído, hoy día, en manos de los arquitectos modernos.





Llamadas, mensajes, tweets, alertas... teléfonos y ordenadores han cambiado nuestro acceso a la realidad. ¿Cómo lograr que sean una ayuda para nuestra vida ordinaria al servicio de Dios y de los demás?

El silencio forma parte del proceso comunicativo, al abrir momentos de reflexión que permitirán asimilar lo que se percibe y dar una respuesta adecuada // Autor: J.C. Vásconez R. Valdés | Fuente: www.opusdei.org



Las nuevas tecnologías han aumentado el volumen de información que recibimos en cada instante, y quizás hoy ya no nos sorprenda que nos lleguen en tiempo real las noticias de sitios lejanos. Estar enterado y tener datos de lo que sucede es progresivamente más fácil. Surgen, quizá, nuevos retos, y en particular este: ¿cómo gestionar los recursos informáticos?



El aumento de la información disponible impone a cada uno de nosotros la necesidad de cultivar una actitud reflexiva. Es decir, la capacidad de discernir los datos que son valiosos de los que no lo son. A veces es complicado, pues «la velocidad con la que se suceden las informaciones supera nuestra capacidad de reflexión y de juicio, y no permite una expresión mesurada y correcta de uno mismo» (1). Si a lo anterior se suma que las tecnologías de comunicación nos ofrecen una gran cantidad de estímulos que reclaman nuestra atención (mensajes de texto, imágenes, música), es evidente el riesgo de acostumbrarse a responder a estos inmediatamente, sin tener en cuenta la actividad que estábamos realizando en ese momento.






El silencio forma parte del proceso comunicativo, al abrir momentos de reflexión que permitirán asimilar lo que se percibe y dar una respuesta adecuada al interlocutor: «Escuchamos y nos conocemos mejor a nosotros mismos; nace y se profundiza el pensamiento, comprendemos con mayor claridad lo que queremos decir o lo que esperamos del otro; elegimos cómo expresarnos»[2].



En la vida cristiana, el silencio juega un papel importantísimo, pues es condición para cultivar una interioridad que permite oír la voz del Espíritu Santo y secundar sus mociones. San Josemaría relacionaba al silencio, la fecundidad y la eficacia[3], y el Papa Francisco ha pedido oraciones «para que los hombres y mujeres de nuestro tiempo, a menudo abrumados por el bullicio, redescubran el valor del silencio y sepan escuchar a Dios y a los hermanos»[4]. ¿Cómo conseguir esta interioridad, en un ambiente marcado por las nuevas tecnologías?



La virtud de la templanza, una aliada



Señala san Josemaría una experiencia con la que es fácil identificarse: "Me bullen en la cabeza los asuntos en los momentos más inoportunos...", dices. Por eso te he recomendado que trates de lograr unos tiempos de silencio interior,... y la guarda de los sentidos externos e internos[5]. Para alcanzar un recogimiento que lleve a meter las potencias en la tarea que realizamos, y así poder santificarla, es preciso ejercitarse en la guarda de los sentidos. Y esto se aplica de modo especial al uso de los recursos informáticos, que ‒como todos los bienes materiales‒ se deben emplear con moderación.



La virtud de la templanza es una aliada para conservar la libertad interior al moverse por los ambientes digitales. Templanza es señorío[6], porque ordena nuestras inclinaciones hacia el bien en el uso de los instrumentos con los que contamos. Lleva a obrar de manera que se empleen rectamente las cosas, porque se les da su justo valor, de acuerdo con la dignidad de hijos de Dios.



Si queremos acertar en la elección de aparatos electrónicos, la contratación de servicios, o incluso al usar un recurso informático gratuito, resulta lógico que consideremos su atractivo o utilidad, pero también si aquello corresponde con un estilo templado de vivir: ¿Esto me llevará a aprovechar más el tiempo, o me procurará distracciones inoportunas? ¿las funcionalidades adicionales justifican una nueva compra, o es posible seguir utilizando el aparato que ya tengo?



El ideal de la santidad implica ir más allá de lo que es meramente lícito ‒si se puede…‒, para preguntarse: esto, ¿me acercará más a Dios? Da mucha luz aquella respuesta de san Pablo a los de Corinto:«Todo me es lícito». Pero no todo conviene. «Todo me es lícito». Pero no me dejaré dominar por nada[7]. Esta afirmación de autodominio del Apóstol cobra nueva actualidad, cuando consideramos algunos productos o servicios informáticos que, al procurar una recompensa inmediata o relativamente rápida, estimulan la repetición. Saber poner un límite a su uso evitará fenómenos como la ansiedad o, en casos extremos, una especie de dependencia. Nos puede servir en este campo aquel breve consejo: Acostúmbrate a decir que no[8], detrás del cual se encuentra una llamada a luchar con sentido positivo, como el mismo san Josemaría explicaba: Porque de esta victoria interna sale la paz para nuestro corazón, y la paz que llevamos a nuestros hogares –cada uno, al vuestro–, y la paz que llevamos a la sociedad y al mundo entero[9].



El uso de las nuevas tecnologías dependerá de las circunstancias y necesidades propias. Por eso, en este ámbito cada uno ‒ayudado por el consejo de los demás‒ debe encontrar su medida. Cabe siempre preguntarse si el uso es templado. Los mensajes, por ejemplo, pueden ser útiles para manifestar cercanía a un amigo, pero si fueran tan numerosos que acarrearan interrupciones continuas en el trabajo o el estudio, probablemente estaríamos cayendo en la banalidad y la pérdida de tiempo. En este caso, el autodominio nos ayudará a vencer la impaciencia y a dejar la respuesta para más tarde, de modo que podamos emplearnos en una actividad que exigía concentración, o simplemente prestar atención a una persona con la que estábamos conversando.



Ciertas actitudes ayudan a vivir la templanza en este ámbito. Por ejemplo, conectar el acceso a las redes a partir de una hora determinada, fijar un número de veces al día para mirar la cuenta de una red social o para comprobar el correo electrónico, desconectar los dispositivos por la noche, evitar su uso durante las comidas y en los momentos de mayor recogimiento, como son los días dedicados a un retiro espiritual. Internet se puede consultar en momentos y lugares apropiados, de modo que uno no se ponga en una situación de navegar por la web sin un objetivo concreto, con el riesgo de toparse con contenidos que contradicen un planteamiento cristiano de la vida, o al menos perder el tiempo con trivialidades.



El convencimiento de que nuestras aspiraciones más altas están más allá de las satisfacciones rápidas que nos podría dar un click, da sentido al esfuerzo por vivir la templanza. A través de esta virtud, se forja una personalidad sólida y la vida recobra entonces los matices que la destemplanza difumina; se está en condiciones de preocuparse de los demás, de compartir lo propio con todos, de dedicarse a tareas grandes[10].





El valor del estudio



El hábito del estudio, que ordena el afán de conocer hacia metas nobles, suele relacionarse a la templanza. Santo Tomás caracteriza la virtud de la studiositas como un «cierto entusiasmante interés por adquirir el conocimiento de las cosas»[11], que implica la superación de la comodidad y la pereza. Cuanto más intensamente la mente se aplique a algo gracias a haberlo conocido, tanto más se desarrolla regularmente su deseo de aprender y saber.



El afán de saber es enriquecedor cuando se pone al servicio de los demás, y contribuye a fomentar un recto amor al mundo, que nos impulsa a seguir la evolución de las realidades culturales y sociales en las que nos movemos y que queremos llevar a Dios. Pero esto es distinto del vivir abocado hacia fuera, dominado por una curiosidad que se manifestaría, por ejemplo, en el ansia de estar informados de todo o de no querer perderse nada. Esa actitud desordenada acabaría conduciendo a la superficialidad, a la dispersión intelectual, a la dificultad para cultivar el trato con Dios, a la pérdida del afán apostólico.



Las nuevas tecnologías, al ampliar las fuentes de información disponibles, son una ayuda valiosa en el estudio de asuntos tan variados como un proyecto académico de investigación, la elección de un sitio para las vacaciones familiares, etc. Sin embargo, también existen varias formas de desorden del apetito o deseo de conocimiento: una persona puede abandonar un determinado estudio que constituye para ella una obligación, y comenzar «otra investigación menos beneficiosa»[12]. Por ejemplo, cuando la atención se centra en la respuesta a un mensaje o a la última actualización, en lugar de concentrarse en el estudio o el trabajo.



La curiosidad desmedida, que santo Tomás caracterizaba como una «inquietud errante del espíritu»[13], puede conducir a la acidia: una tristeza del corazón, una pesadez del alma que no consigue responder a su vocación que exige poner atención y esfuerzo en el trato con el prójimo y con Dios. La acidia es compatible con una cierta agitación de la mente y el cuerpo, pero que solo refleja la inestabilidad interior. Por el otro lado, el hábito del estudio mantiene el vigor a la hora de trabajar y relacionarse con los demás, da eficacia al tiempo que empleamos e incluso ayuda a encontrar gusto a las actividades que exigen un esfuerzo mental.



Proteger los tiempos de silencio



La templanza allana el camino hacia la santidad, pues construye un orden interior que permite emplear la inteligencia y la voluntad en lo que se trae entre manos: ¿Quieres de verdad ser santo? –Cumple el pequeño deber de cada momento: haz lo que debes y está en lo que haces[14]. Para recibir la gracia divina, para crecer en santidad, el cristiano ha de meterse en la actividad que es su materia de santificación.



¿Las nuevas tecnologías favorecen la superficialidad? Dependerá, sin duda, del modo en que se utilicen. Sin embargo, hay que estar prevenidos contra la disipación: –Dejas que se abreven tus sentidos y potencias en cualquier charca. –Así andas tú luego: sin fijeza, esparcida la atención, dormida la voluntad y despierta la concupiscencia[15].



Evidentemente, cuando se cede a la disipación por un empleo desordenado del teléfono o de internet, la vida de oración encuentra obstáculos para su desarrollo. No obstante, el espíritu cristiano lleva a conservar la calma mientras uno se mueve con soltura en las diversas circunstancias de la vida moderna: Los hijos de Dios hemos de ser contemplativos: personas que, en medio del fragor de la muchedumbre, sabemos encontrar el silencio del alma en coloquio permanente con el Señor[16].



San Josemaría señalaba que el silencio es como el portero de la vida interior[17], y en esta línea animaba a los fieles que viven en medio del mundo a tener momentos de mayor recogimiento, compatibles con un trabajo intenso. Especial importancia daba a la preparación de la Santa Misa. En un ambiente permeado por las nuevas tecnologías, los cristianos saben encontrar tiempos para el trato con Dios, donde se recogen los sentidos, la imaginación, la inteligencia, la voluntad. Como el profeta Elías, descubrimos al Señor no en el ruido de los elementos y el ambiente, sino en un susurro de brisa suave[18].



El recogimiento que abre espacio al coloquio con Jesucristo exige dejar en un segundo plano otras actividades que reclaman nuestra atención. La oración pide desconectarse de lo que nos pueda distraer, y con frecuencia será oportuno que la desconexión sea física: desactivando las notificaciones de un dispositivo, cerrando los programas en ejecución o, eventualmente, apagándolo. Es el momento de dirigir la mirada al Señor, y dejar en sus manos el resto.



Por otro lado, el silencio lleva a ser atento con los demás y refuerza la fraternidad, para descubrir personas que necesitan ayuda, caridad y cariño[19]. En una época donde contamos con recursos tecnológicos que parecen empujarnos a llenar todo nuestro día de iniciativas, de actividades, de ruido, es bueno hacer silencio fuera y dentro de nosotros. En este sentido, al reflexionar sobre el papel de los medios de comunicación en la cultura actual, el Papa Francisco ha invitado a «recuperar un cierto sentido de lentitud y de calma. Esto requiere tiempo y capacidad de guardar silencio para escuchar. (…) Si tenemos el genuino deseo de escuchar a los otros, entonces aprenderemos a mirar el mundo con ojos distintos y a apreciar la experiencia humana tal y como se manifiesta en las distintas culturas y tradiciones»[20]. El esfuerzo por formar una actitud personal de escucha, y la promoción de espacios de silencio, nos abre a los demás, y de modo especial, a la acción de Dios en nuestras almas y en el mundo.







[1] Francisco, Mensaje para Jornada mundial de las comunicaciones sociales, 24-I-2014.


[2] Benedicto XVI, Mensaje para Jornada mundial de las comunicaciones sociales, 24-I-2012.


[3] Cfr. Surco, nn. 300 y 530.


[4] Francisco, Intención general para el apostolado de la oración para septiembre de 2013.


[5] Surco, n. 670.


[6] Amigos de Dios, n. 84.


[7] 1 Cor 6, 12.


[8] Camino, n. 5.


[9] San Josemaría, Apuntes tomados en una tertulia, 28-X-1972.


[10] Amigos de Dios, n. 84.



[11] Santo Tomás, S. Th.II-II, q. 166, a. 2 ad 3.


[12]Santo Tomás, S. Th.II-II, q. 167, a. 1 resp.


[13]Santo Tomas, De Malo, q. 11, a. 4.


[14]Camino, n. 815.


[15]Ibid., n. 375.


[16]Forja, n. 738.


[17]Camino, n. 281.


[18] Cfr. 1 Re 19, 11-13.


[19] Conversaciones, n. 96.


[20] Francisco, Mensaje para la XLVIII Jornada mundial de las comunicaciones sociales, 24 de enero de 2014.




El P. Carmelo Hernández sigue informándonos de todo lo que acontece en el encuentro mundial de responsables del Carmelo descalzo que está teniendo lugar en Corea: trabajos por grupos lingüístico-geográficos, informes sobre el quinto centenario, estadísticas, etc.



El título de este día no es sólo por variar y poner algo distinto, sino porque creo que ya estoy empezando a tomar conciencia del día en que vivo y el cuerpo empieza a adaptarse a este nuevo horario. Pero voy a reseñar cómo ha ido este tercer día del Definitorio Extraordinario. La liturgia en esta fiesta del martirio de S. Juan Bautista ha sido en inglés. Presidió la Eucaristía el P. Stephen Watson, Provincial de California-Arizona y todo fue preparado por ese coetus.



La sesión de hoy comienza con un trabajo de grupos. Organizados según criterios lingüísticos o geográficos. Reflexionaremos sobre el Informe del P. General que escuchamos ayer y valoraremos el trabajos del Gobierno general a lo largo de este tiempo.



La segunda parte de la mañana fue la plenaria. Cada secretario, en nombre de su grupo, fue contestando a esas preguntas: inglés, francés, Asia Oriental/Oceanía, América Latina, India, Europa central, Ibérico, África, Italia. Al final el P. General comenta algunos de los aspectos que se han presentado, también hay un breve tiempo de intercambio con los participantes.



El resto de la comunicación con las actividades de la tarde (allí amanece antes y anochece antes) se puede ver aquí.


Del Vatican Insider


Esa misa no se ha de hacer. Al menos en territorio de México. Ocurrió este miércoles 27 de agosto en la frontera sur del país. Era una celebración especial dedicada a los migrantes, pero fue impedida por las autoridades. Finalmente se realizó en Guatemala. Apenas 24 horas después el Vaticano reaccionó, con una carta de apoyo al autor de la iniciativa, el obispo de Tabasco Gerardo de Jesús Rojas López.


d2342894-fba8-4de9-8b16-f072d2d7d77b “Cercanía espiritual” y “total comunión de sentimientos e intenciones”. Con esas palabras el cardenal Antonio María Veglió, del Pontificio Consejo de la Pastoral para los Migrantes e Itinerantes, mostró el aval de la Santa Sede a la ceremonia impedida y al prelado mexicano que la organizó. Un gesto con pocos precedentes, porque no suele ocurrir que estas oficinas pontificias tomen postura sobre hechos concretos. Mucho menos a nombre de la sede apostólica.


Pero esta vez las cosas fueron distintas y el purpurado expresó su apoyo a “todas las personas que no están dispuestas a permanecer ciegas y mudas ante las tragedias que lamentablemente afectan a nuestro tiempo”.



En su misiva, redactada en español, confirmó que fue informado sobre el percance de este 27 de agosto en la frontera entre Tabasco y el Vicariato apostólico guatemalteco de El Petén, donde agentes del Servicio de Aduanas y del Instituto Nacional de Migración impidieron la celebración. También destacó que, gracias a “la providencia”, la misa -una iniciativa de carácter “profundamente pastoral”- se realizó finalmente en el territorio fronterizo de Guatemala.


“Deseo expresarle la cercanía espiritual de este Consejo, que es la voz de la Santa Sede para extender a todas las áreas del mundo afectadas por los flujos migratorios el llamamiento del Santo Padre Francisco a no resignarse a la globalización de la indiferencia”, indicó.


Añadió que la eucaristía pretendía recordar la masacre de 72 migrantes centro y sudamericanos, perpetrada en agosto de 2010 en San Fernando por el cártel narcotraficante de los Zetas. Precisó que no se puede olvidar que, entre 2009 y 2011, más de 20 mil migrantes han sido secuestrados en la diócesis de Tabasco, mientras muchos otros han caído en la red de los traficantes. Estableció que tampoco se puede ignorar que se están intensificando las operaciones para impedir que los migrantes suban en el tren de carga conocido como “La Bestia”, obligándoles de hecho a elegir rutas alternativas y de mayor riesgo para alcanzar los Estados Unidos.


El listado de características que acompañan hoy a las migraciones es impresionante: abusos de autoridad y de toda clase, violaciones de las personas y de sus derechos fundamentales, explotación, extorsión, hambre, atracos, robos, mutilaciones, dolor, muerte”, lamentó.


Advirtió que los éxodos, los cuales actualmente sacuden diversas zonas del mundo, son una denuncia abierta de la decadencia de las instituciones y, peor aún, de la pérdida del sentido auténtico de la humanidad, donde la inicua distribución de los recursos y el acaparamiento egoísta de los bienes se han convertido en objetivos prioritarios con respecto a la respuesta a las emergencias humanitarias”.


Ante este difícil escenario, sostuvo que la Iglesia “no se detiene y no se asusta” y por eso lanza un llamado las instituciones nacionales, a las internacionales y todos los creyentes para que se intensifiques las iniciativas de oración para encontrar los caminos justos que conduzcan a la convivencia pacífica de los pueblos.


Invitamos al diálogo y a la negociación para detener a los violentos y a los agresores; solicitamos la apertura de canales humanitarios para facilitar la ayuda a los refugiados y, en definitiva, recomendamos la adopción de normativas adecuadas, locales y supranacionales, que regulen los flujos migratorios en el respeto y en la promoción de la dignidad humana de los individuos y de los miembros de sus familias”, apuntó.






Johannesburg (Agencia Fides) - La cancelación de la transmisión en vivo de la misa de Navidad del Papa Francisco por la televisión pública de Sudáfrica “muestra una hostilidad inaceptable contra la Iglesia Católica por parte de un órgano del Estado, financiado con dinero público”. Lo afirma el editorial de “The Southern Cross”, el órgano de información de la Southern African Catholic Bishops (SACBC, que reúne a los Obispos de Sudáfrica, Botswana y Swazilandia) que critica la decisión de la SABC (South African Broadcasting Corporation) de eliminar de su programación la transmisión de la Misa de Navidad de la Basílica de San Pedro.



“Aunque no es el problema más urgente que la Iglesia en África debe abordar” se lee en el editorial, esta decisión indica un clima “de hostilidad hacia la Iglesia”. Se recuerda que la cancelación de la misa del Papa de la programación de la emisora “contradice su propia política de retransmisión, que trata de garantizar una representación justa y equitativa de las comunidades religiosas en Sudáfrica”.



Según “The Southern Cross” el episodio se debe colocar en el contexto de una “marginación progresiva” de la Iglesia Católica, cuya voz está ya excluida de la cadena de televisión de pago DStv, que se ha negado a incluir en su oferta el canal de televisión católico EWTN, “con el pretexto banal de que su gama de canales evangélicos cubren adecuadamente las necesidades de los cristianos”. En este caso, afirma el editorial, los católicos pueden expresar su protesta cancelando su suscripción a la emisora, algo que sin embargo no es posible con la televisión pública, donde la tarifa es obligatoria para todos los propietarios de un televisor. “En cambio, la SABC tiene la obligación de prestar un servicio a todos los ciudadanos de Sudáfrica, incluyendo el 7% de la población que pertenece a la fe católica”, afirma el editorial, que termina amenazando con boicotear los productos que se anuncian en la televisión estatal. (L.M.) (Agencia Fides 29/8/2014)










Manila (Agencia Fides) – La Iglesia Católica en Filipinas pondrá de su parte para contrarrestar las acciones brutales del ISIS, el Estado Islámico de Iraq y del Levante que está aterrorizando el norte de Iraq: lo ha prometido el arzobispo Sócrates Villegas, Presidente de la Conferencia Episcopal de Filipinas, asegurando la contribución de la iglesia local en el país y en el extranjero.



Según lo informado a la Agencia Fides, por un lado, la Iglesia en Filipinas se preocupa de ayudar, gracias a las campañas de donaciones y solidaridad, a los cristianos y otras personas desplazadas por la violencia de los militantes islámicos en Iraq y por otro lado quiere desalentar a la población filipina de religión musulmana (que en el sur del archipiélago cuenta con 6 millones de personas)para que no acepte las teorías del Califato y no nutra tentaciones de unirse a la violencia.



El Arzobispo ha recordado con desdén los “abuso, decapitaciones y la violencia de todo tipo, que muestran la completa perversión de la religión”. “Masacrar, matar y destruir en nombre de Dios es un terrible mensaje enviado al mundo. Con ellos se dice que la religión es un instrumento de muerte y que la fe puede generar tanta maldad”, ha explicado.



La Iglesia filipina está preocupada porque algunos de los grupos militantes islámicos extremistas filipinos como “Abu Sayyaf”, han expresado su apoyo al ISIS, mientras que otros grupos islámicos oficiales como el MILF (Moro Islamic Liberation Front), que ha firmado recientemente un acuerdo con la Gobierno de Manila, han renegado sus tesis y acciones.



Según algunos informes, los guerrilleros filipinos parecen haber llegado a Iraq y Siria para luchar junto a los terroristas. Las autoridades de Filipinas están considerando la posibilidad de establecer una base de datos especial para vigilar el movimiento de los filipinos en Oriente Medio. (PA) (Agencia Fides 29/8/2014)







SacerdotesCatolicos

{facebook#https://www.facebook.com/pg/sacerdotes.catolicos.evangelizando} {twitter#https://twitter.com/ofsmexico} {google-plus#https://plus.google.com/+SacerdotesCatolicos} {pinterest#} {youtube#https://www.youtube.com/channel/UCfnrkUkpqrCpGFluxeM6-LA} {instagram#}

Formulario de contacto

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *

Con tecnología de Blogger.
Javascript DesactivadoPor favor, active Javascript para ver todos los Widgets